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El PP deslegitima a la concejala de Móstoles que denunció acoso sexual y laboral

El Partido Popular ha decidido atacar a la concejala de Móstoles que denunció acoso, generando un fuerte debate sobre la violencia machista en la política.

En los últimos días, elPartido Popular(PP) ha adoptado una postura agresiva contra la concejala de Móstoles, quien ha denunciado públicamente haber sufridoacoso sexualylaboralpor parte del alcalde, Manuel Bautista. Esta situación ha desatado un torbellino de reacciones en el ámbito político, donde el partido ha optado por deslegitimar a la denunciante en lugar de abordar las acusaciones de manera seria y responsable.

Estrategia de desprestigio

Desde el momento en que se hicieron públicas las denuncias, el PP ha lanzado una serie de ataques en las redes sociales y en conferencias de prensa. La estrategia parece centrarse enminimizarla credibilidad de la concejala, cuestionando no solo su desempeño laboral, sino también su carácter personal y político.

Alfonso Serrano, número dos de la presidenta Isabel Díaz Ayuso, ha sido uno de los portavoces más activos en esta campaña de desprestigio.

Argumentos en su contra

Durante las ruedas de prensa, Serrano ha hecho referencia a la supuesta ineficacia de la concejala en su trabajo, argumentando que incluso el PSOE había pedido su cese. Este enfoque busca crear un vínculo entre el desempeño laboral y las acusaciones de acoso, insinuando que la denuncia es una forma de venganza política más que una reacción legítima a situaciones de acoso.

El silencio y la falta de apoyo del PP

A pesar de las graves acusaciones, no ha habido apoyo visible para la concejala dentro de su partido. Según documentos a los que ha tenido accesoEl País, la concejala intentó obtener ayuda del PP en múltiples ocasiones, pero fue desaconsejada de hacer pública su denuncia. Ana Millán, vicesecretaria de Organización del PP de Madrid, le sugirió que no llevara el caso a los tribunales, argumentando que eso podría perjudicarla.

Comparaciones con casos anteriores

Este escándalo ha evocado en muchos la historia de Nevenka Fernández, otra concejala que denunció acoso sexual hace más de dos décadas. El patrón de deslegitimación y minimización de las denuncias parece repetirse, indicando una problemática más profunda dentro de la política española en relación a laviolencia de género. La falta de respaldo por parte de las instituciones y la presión social ejercida sobre las víctimas continúan siendo obstáculos significativos.

Consecuencias políticas

La situación ha llevado a la oposición a exigir la dimisión del alcalde, así como de aquellos que han menospreciado las denuncias. En este contexto, el PSOE ha hecho un llamado a la responsabilidad del PP, subrayando que se necesita un cambio en cómo se abordan estos casos dentro de la política. La respuesta del PP, en lugar de ser una defensa de la inocencia del alcalde, ha sido más bien un ataque a la denunciante, lo que ha generado una ola de indignación.

Las declaraciones de líderes del PP, como Alberto Núñez Feijóo, han añadido leña al fuego, ya que cuestionan la veracidad de las denuncias sin haber realizado una investigación adecuada. Esto pone en tela de juicio no solo la integridad del partido, sino también lapresunción de inocenciaen un contexto donde la víctima parece ser la que queda desprotegida.

Este caso no es solo un incidente aislado; refleja un patrón de comportamiento que perpetúa laviolencia machistaen el ámbito político. La falta de acción y la actitud de desprecio hacia las víctimas son un llamado de atención para todas las instituciones. Es fundamental que se tomen medidas efectivas para proteger a quienes se atreven a hablar y que se trabaje hacia un entorno donde la dignidad y el respeto prevalezcan.

El camino hacia la justicia y la equidad en el ámbito político requiere no solo de un cambio en las actitudes, sino también de un compromiso real para erradicar laviolencia de géneroy apoyar a las víctimas en su búsqueda de justicia.


Contacto:
John Carter

Dodici anni come inviato in zone di conflitto per le maggiori testate internazionali, tra Iraq e Afghanistan. Ha imparato che i fatti vengono prima delle opinioni e che ogni storia ha almeno due versioni. Oggi applica lo stesso rigore alla cronaca quotidiana: verifica, contestualizza, racconta. Niente sensazionalismi, solo ciò che è verificato.