Trump confirmó una visita futura a Venezuela sin fecha concreta, levantó restricciones al petróleo y estrecha la cooperación con el ejecutivo de Delcy Rodríguez en una jugada con implicaciones geopolíticas y comerciales.

El presidente Donald Trump declaró que tiene previsto viajar a Venezuela, aunque evitó concretar el calendario o la agenda de esa visita. Las manifestaciones se produjeron en el trayecto hacia la base militar de Fort Bragg, en Carolina del Norte, donde saludó a militares que participaron en la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero.
En paralelo, la Administración autorizó movimientos en el mercado petrolero que abren la puerta a la reanudación de actividades por parte de grandes compañías energéticas.
La declaración presidencial coincide con decisiones administrativas y diplomáticas: la Casa Blanca eliminó restricciones sobre el comercio de crudo venezolano y emitió permisos que permiten a multinacionales retomar operaciones.
Además, la visita del secretario de Energía, Chris Wright, a Caracas recientemente formó parte del engranaje que facilita esa reapertura.
Un reconocimiento político y una estrategia energética
Preguntado sobre si Washington ya reconoce al ejecutivo encabezado por Delcy Rodríguez, Trump respondió que “ya lo hemos hecho” y que existe una colaboración estrecha entre ambos gobiernos, sobre todo en materia de energía. El mandatario calificó la relación bilateral como muy buena y anticipó el retorno de empresas petroleras estadounidenses para extraer y comercializar crudo, con beneficios que, según él, llegarían a gran parte de la población venezolana.
Permisos y actores internacionales
El levantamiento de sanciones incluyó la emisión de una licencia general por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que facilita operaciones de exploración, producción y comercio a firmas como Repsol, Chevron, BP, Eni y Shell. Esta medida supone el mayor relajamiento del régimen impuesto desde y despeja incertidumbres legales que habían frenado la reactivación del sector.
Implicaciones geopolíticas: la doctrina y el pulso con China
El acercamiento a Caracas forma parte de una visión más amplia definida por la Casa Blanca como el corolario de Trump a la doctrina Monroe, a la que se refieren coloquialmente como doctrina Donroe. El objetivo explícito de esa estrategia es reducir la influencia de China en América Latina, región que Pekín ha consolidado como socio comercial clave para varios países.
En ese marco, la Administración organizó una cumbre con líderes latinoamericanos afines para el 7 de marzo en Florida, con la meta de contrarrestar el avance chino. Al mismo tiempo, Trump tiene programado visitar Pekín en abril para entrevistarse con el presidente Xi Jinping, un gesto que ilustra la combinación de competencia y negociación que define su política exterior.
Acciones diplomáticas y militares
La política hemisférica incluye contactos regulares con gobernantes de la región y respaldo explícito a figuras de afinidad ideológica. En el terreno militar, el jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine, encabezó una reunión con altos mandos de 34 países, donde el secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió la meta de alcanzar “una paz permanente en este hemisferio”, según comunicados oficiales.
Consecuencias económicas y control financiero
La reapertura del flujo petrolero ya ha generado impacto financiero: autoridades estadounidenses informaron que las ventas de crudo asociadas a la nueva etapa habrían producido ingresos significativos y estimaciones de ingresos adicionales en los próximos meses. Washington indicó que supervisará estos flujos hasta que se consolide lo que denomina un gobierno representativo en Venezuela.
Además de desbloquear la presencia de operadores internacionales, la medida permite abordar adeudos históricos entre la empresa estatal venezolana y compañías extranjeras, que en ocasiones se han saldado con entregas de crudo ante la escasez de liquidez del Estado.
En conjunto, la visita anunciada sin fecha y las decisiones administrativas conforman una maniobra con efectos múltiples: restablece relaciones diplomáticas formales, abre oportunidades comerciales para el sector energético y refuerza la estrategia estadounidense para limitar la influencia de actores externos en la región. Mientras tanto, la ambigüedad sobre el calendario mantiene la atención internacional y doméstica en un escenario en rápida transformación.
