Jaime Mayor Oreja expone en su libro un relato crítico sobre ETA, la alianza que denuncia entre determinados partidos y la alternativa que propone basada en una mayoría natural

Jaime Mayor Oreja, figura conocida por su trayectoria como exministro del Interior y eurodiputado, recupera en su último libro una mirada crítica sobre episodios que marcaron la política española reciente. En este texto, Una verdad incómoda, el autor repasa la evolución del conflicto vasco, las consecuencias del 11-M y lo que entiende como una estrategia política actual para hacer frente a lo que describe como un frente popular.
Desde su experiencia personal —creció profesionalmente en el País Vasco y dedicó buena parte de su vida política a combatir el terrorismo—, Mayor Oreja subraya la diferencia entre la violencia física y un temor social más profundo. Su texto mezcla memoria, diagnóstico y propuestas, y plantea un debate sobre las alianzas políticas y la recuperación de ciertos fundamentos culturales que, según él, están en crisis.
La dimensión política de ETA y el miedo social
Para Mayor Oreja, ETA no fue solo una organización dedicada al asesinato sino un proyecto político y cultural que se consolidó décadas atrás. Afirma que la organización se alimentó de una crisis de conciencia colectiva y que su influencia trascendió la violencia física para instalar un miedo reverencial que condicionó comportamientos y decisiones. Esta distinción le sirve para justificar por qué, a su juicio, la derrota de la violencia no implica la desaparición de sus efectos políticos.
De la violencia al proyecto
El autor vincula la consolidación de ese proyecto a procesos sociales más amplios, no solo a la cronología de atentados. Sostiene que hubo pactos y complicidades políticas —menciona acuerdos y treguas que considera resultado de pactos con objetivos políticos ajenos a la convivencia— y que esa dinámica puede explicar la presencia actual de fuerzas políticas con raíces o afinidades con aquel proyecto. En su análisis, la memoria del pasado y la interpretación de hechos como las treguas o acuerdos regionales son centrales para entender el presente.
El recuerdo del 11-M, la reacción social y los mensajes políticos
Mayor Oreja revive las consecuencias políticas del 11-M y de aquellas movilizaciones sociales que, en su relato, transformaron el resultado electoral de 2004. Señala que ciertos lemas y gestos —como el conocido ‘No a la guerra’ de 2003— han sido recuperados por líderes contemporáneos y, en su opinión, utilizados con fines estratégicos. Para él, reproducir narrativas del pasado con intencionalidad política equivale a subestimar la capacidad crítica de la ciudadanía.
Lectura de campañas y estrategias
El exministro interpreta que la repetición de símbolos y consignas responde a una estrategia electoral que busca movilizar a sectores determinados del electorado. A partir de esa hipótesis, defiende la necesidad de articular una respuesta desde una mayoría natural que, en su visión, sería la suma del PP y Vox para contrarrestar el avance de coaliciones y acuerdos que él agrupa bajo la etiqueta de frente popular.
Alianzas, reversión de leyes y el proyecto de país
Mayor Oreja advierte que, ante la posibilidad de una alternancia en el Gobierno, su objetivo no sería solo sustituir a un ejecutivo sino emprender una transformación normativa y cultural. Cita ejemplos de leyes que, según su visión, deberían revisarse o suprimirse, y defiende una política que recupere lo que considera principios tradicionales: la defensa de la familia, la consideración del aborto desde otra óptica y la revisión de legislaciones como la de memoria histórica o la de identidad de género. Para él, esas medidas forman parte de un proyecto de reversión que busca restaurar fundamentos que percibe como erosionados.
Relaciones entre partidos y el futuro electoral
En su diagnóstico, el mapa político pasará por decisiones claras sobre con quién pactar y con quién no. Señala al PNV, Junts y ERC como actores que, en su criterio, quedan dentro o en la periferia de ese frente popular y considera imposible pactar con ellos si se quiere evitar lo que denomina la actualización del proceso en comunidades como el País Vasco, Navarra y Cataluña. Asimismo, afirma que la llamada mayoría natural tiene recorrido si se traduce en un proyecto con bases políticas y culturales sólidas.
Memoria personal y testimonio político
El libro se presenta también como un ejercicio de testimonio personal: Mayor Oreja defiende que no pretende ajustar cuentas sino ofrecer una narrativa que explique sus convicciones. Refiere su experiencia con compañeros asesinados por ETA y, pese al dolor, declara que su respuesta personal no es el odio sino la compasión por quienes cayeron en esa dinámica. Ese matiz moral atraviesa su apelación final: la política debe reconstruir convicciones para evitar que relatos tramposos o acomodamientos con proyectos adversos terminen marcando el futuro del país.
Una advertencia y una propuesta
Sea cual sea la respuesta social y electoral, su testimonio busca influir en el debate sobre memoria, seguridad y el modelo de convivencia que España debe preservar.
