Johan Norberg plantea que el mundo experimenta un declive del orden liberal y ofrece claves sobre las razones económicas, políticas y tecnológicas detrás de esa tendencia

El historiador sueco Johan Norberg, autor de Progreso (2017) y del ensayo Momentos cumbres de la humanidad, sostiene que las grandes potencias suelen desmoronarse desde dentro cuando abandonan la apertura comercial y el crecimiento. Desde esa perspectiva, Norberg interpreta los acontecimientos contemporáneos —incluidas las tensiones internacionales recientes— como signos de un posible declive del orden liberal, aunque no necesariamente de su final definitivo.
El autor combina un diagnóstico socioeconómico con referencias históricas: recuerda casos antiguos para subrayar que la arrogancia, la militarización de la política y el abandono de las instituciones multilaterales suelen precipitar la pérdida de influencia. A la vez, mantiene un tono de optimismo preocupado, recordando avances humanos como la reducción de la mortalidad infantil y la salida de la pobreza extrema a escala global.
De la globalización a la fricción: causas del retroceso
Norberg identifica varias causas que explican por qué los beneficios de la globalización parecen erosionarse. En primer lugar, la gran crisis financiera de 2008 y la posterior crisis del euro socavaron la confianza en el antiguo establishment, alimentando el populismo y la política tribal. En segundo lugar, periodos prolongados de bajo crecimiento y estancamiento real han generado frustración social que facilita la adopción de políticas proteccionistas y de control económico.
Proteccionismo y confianza
El aumento del proteccionismo y las guerras comerciales, particularmente protagonizadas por Estados Unidos en los últimos años, muestran según Norberg cómo el poder puede imponerse sobre la razón económica. Esa dinámica debilita las redes de cooperación que sostienen el comercio internacional y reduce la confianza en monedas y mercados, lo que a su vez incentiva la búsqueda de alternativas fuera del dominio norteamericano.
Alianzas, moneda y competencia tecnológica
Para Norberg, la mayor ventaja estratégica de Estados Unidos ha sido su red de alianzas globales, comparable a la antigua Liga de Delos en la Grecia clásica —una imagen que usa para explicar cómo la hegemonía se puede corromper cuando un poder dominante usa la alianza para fines propios. La erosión de esa confianza, junto a la militarización de tecnologías y la instrumentalización del sistema financiero, provoca que socios históricos busquen alternativas diplomáticas y comerciales.
El dólar y la diversificación
El papel del dólar como moneda de reserva es otra vulnerabilidad: la moneda depende de la confianza en el emisor. La depreciación gradual del dólar y la mejor performance de mercados fuera de EEUU, medida en dólares, sugieren para Norberg un proceso de diversificación financiera que podría erosionar la preeminencia monetaria estadounidense si continúa la falta de fiabilidad.
Actores emergentes y la respuesta europea
Entre los beneficiarios potenciales de este reajuste global figura China, que podría convertirse en un aliado alternativo para países descontentos con la política exterior norteamericana. No obstante, Norberg advierte que el modelo chino, con su creciente centralización y control sobre universidades y empresas, limita la innovación a largo plazo y tiene costes propios.
¿Puede la Unión Europea liderar un orden alternativo?
Norberg ve en la UE una oportunidad práctica: la Unión suele avanzar en momentos de crisis y ha mostrado capacidad para sacrificar particularismos en favor de objetivos comunes. Acciones como acuerdos comerciales y cierta desregulación reciente ilustran que Europa puede articular una red de democracias y naciones mercantiles que sostenga instituciones multilaterales, siempre que resuelva su propia debilidad en defensa y coordinación estratégica.
Reflexión final
El diagnóstico de Norberg combina advertencias y razones para la esperanza: aunque el orden liberal enfrenta tensiones significativas —desde el proteccionismo hasta la pérdida de alianzas y desafíos monetarios—, existe espacio para que actores como la UE y otras democracias mercantiles reconstruyan un sistema basado en el libre intercambio, el Estado de derecho y la cooperación. Norberg recuerda cifras que ilustran el progreso humano reciente —por ejemplo, unas 130.000 personas que salieron de la pobreza extrema cada día y la reducción a la mitad de la mortalidad infantil en años recientes— para sostener que el presente no anula las oportunidades de futuro, siempre que se protejan las condiciones que permiten la innovación y la estabilidad.
