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Quién asume el impacto de los aranceles de Estados Unidos y cómo cambia el escenario económico

El Banco Central Europeo concluye que empresas y consumidores estadounidenses absorben la mayor parte del coste de los aranceles, en un contexto geopolitico marcado por la guerra en Irán

Quién asume el impacto de los aranceles de Estados Unidos y cómo cambia el escenario económico

La discusión sobre los aranceles impuestos por estados unidos ha pasado de ser una cuestión de política comercial a un tema económico y geopolítico central. Un artículo elaborado para el boletín del Banco Central Europeo (BCE) analiza con detalle quién está pagando realmente la subida de tasas: la conclusión principal es que el grueso del sobrecoste recae en actores dentro de Estados Unidos.

Este diagnóstico convive con otras fuerzas externas, entre ellas la guerra en Irán, que reordena prioridades por su impacto en los precios energéticos y la estabilidad de cadenas de suministro.

Al mismo tiempo, decisiones judiciales y nuevas medidas ejecutivas han complicado el panorama: el Tribunal Supremo puso en entredicho la legalidad de varias medidas arancelarias, pero la Casa Blanca ha buscado vías alternativas para mantener barreras.

Este entramado obliga a entender los efectos económicos más allá del mero incremento porcentual de una tasa: hablamos de repercusión de costes, cambios en la estructura del comercio y efectos fiscales que afectan al déficit y al servicio de la deuda.

Quién soporta la carga: hallazgos del BCE

El estudio del BCE calcula que aproximadamente el 95% del incremento arancelario ha sido asumido por empresas y consumidores estadounidenses, mientras que las firmas extranjeras apenas soportan una fracción marginal. En términos prácticos, un alza nominal de aranceles del 10% se transforma, para el mercado interno de Estados Unidos, en un impacto neto cercano al 9,5%. El análisis distingue entre la absorción por parte de las empresas exportadoras —que conservan un 5% de la pérdida en márgenes— y la transferencia progresiva del coste hacia los precios finales.

Hay, además, variaciones sectoriales: no todos los bienes reaccionan igual, y la procedencia geográfica no parece determinar el grado de pérdida. Por ejemplo, las exportaciones desde la UE a Estados Unidos registraron una caída moderada, mientras que países como España sufrieron retrocesos más pronunciados. La combinación de estas dinámicas explica por qué muchas empresas tratan de mantener márgenes y, a la vez, trasladar parte del coste al consumidor final.

Impacto en consumidores, empresas y comercio global

Repercusión en precios y patrones de compra

El BCE estima que los consumidores asumen cerca de un tercio del sobrecoste inicialmente, pero con el tiempo las empresas locales tienden a traspasar una porción mayor del ajuste hacia compradores finales, hasta que podrían soportar la mitad del impacto. Además, el estudio apunta a una elevada elasticidad entre aranceles y demanda: para exportaciones ya establecidas, un aumento del 10% reduce las compras en torno al 4,3%, pero para productos nuevos la caída es mucho más abrupta, cercana al 37%.

Un hallazgo aparente a primera vista contradictorio es que el comercio global siguió creciendo pese a las barreras: consultoras como McKinsey señalaron que el intercambio internacional alcanzó niveles récord recientemente, impulsado por cambios en la composición de importaciones de Estados Unidos, que demandó bienes de mayor calidad para sus inversiones en IA, y por una mayor actividad entre terceros países.

Efectos sobre el tipo de cambio y la energía

La política arancelaria también ha tenido repercusiones indirectas en el dólar, que se apreció y se depreció en fases, influyendo en la factura energética de Europa por el precio del petróleo referenciado en la divisa estadounidense. La guerra en Irán añade un componente de riesgo: la amenaza a suministros energéticos puede alimentar una segunda ronda de presiones inflacionarias y obligar a los bancos centrales a reconsiderar decisiones de política monetaria.

Presupuestos, reformas legales y perspectiva de continuidad

Organismos de calificación como Scope Ratings estiman que los aranceles han generado ingresos adicionales al fisco equivalentes a alrededor del 0,7% del PIB, cifras que no bastan para revertir un déficit público alto y una trayectoria de deuda creciente. Aun así, la percepción general es que el coste ha sido pagado en gran parte por residentes de Estados Unidos —empresas y consumidores— y no por proveedores extranjeros.

En el plano jurídico y político, la respuesta de la Casa Blanca ha sido adaptar sus instrumentos para sostener la agenda arancelaria a pesar de las limitaciones impuestas por el Tribunal Supremo. Analistas como Eiko Sievert consideran probable que se sigan buscando fundamentos alternativos y herramientas regulatorias para mantener o renovar gravámenes, especialmente sobre productos sensibles como fármacos, acero o aluminio.

Escenario y retos para la política económica

El equilibrio futuro dependerá de tres vectores: la capacidad de las empresas para trasladar costes sin perder competitividad, la evolución de la guerra en Irán y su impacto sobre la energía, y la respuesta de las autoridades fiscales y monetarias ante riesgos de segunda ronda inflacionaria. Expertos como Jon Butcher subrayan la resiliencia de la economía estadounidense, aunque advierten que los efectos han sido más lentos y dispersos de lo previsto. Para los hogares y las compañías, la lección es clara: los aranceles no son un impuesto neutral; terminan reformulando precios, márgenes y prioridades estratégicas.


Contacto:
Alessia Conti

Editora de lifestyle, 10 anos en revistas femeninas y entretenimiento.