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Operación militar conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán con objetivo de cambio de régimen

Un ataque conjunto de Israel y Estados Unidos ha alcanzado objetivos en Irán, incluyendo a altos cargos, y ha provocado una reacción regional que altera comunicaciones y espacios aéreos

Ocho meses después de la última confrontación directa, Israel y estados unidos han iniciado una operación militar conjunta contra objetivos en Irán que, según los comunicados oficiales, tiene como propósito final debilitar y eventualmente derrocar al actual régimen. La primera oleada de bombardeos se dirigió a figuras de alto rango, entre ellas el líder supremo, Ali Jamenéi, y el presidente, Masoud Pezeshkian, según corresponsales militares.

En paralelo, las autoridades iraníes han quedado, temporalmente, sin acceso telefónico e internet en amplias zonas, mientras que la respuesta de Teherán ha alcanzado territorios de Israel y bases estadounidenses en la región.

Objetivos y declaraciones oficiales

Los líderes que ordenaron y legitimaron la operación —el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump— describieron la campaña como masiva y orientada a eliminar lo que definieron como una amenaza existencial.

Ambos mandatarios insistieron en que el desenlace esperado es un cambio de régimen en Irán, e instaron al pueblo iraní a aprovechar la oportunidad para tomar el poder una vez que concluyan las hostilidades. Trump fue más allá al prometer la destrucción de capacidades militares clave de Irán, incluido su programa naval, nuclear y de misiles, y advirtió a las fuerzas armadas iraníes sobre las consecuencias si no depusieran las armas.

Impacto inmediato y respuesta regional

Tras los ataques iniciales, se escucharon explosiones en la capital iraní y emergieron columnas de humo en puntos de Teherán que, según testigos, afectaron áreas cercanas a residencias oficiales. Irán respondió con una combinación de misiles y drones que alcanzaron objetivos en Israel y en países vecinos; se reportaron detonaciones en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Estados como Irak e Israel decretaron el cierre de su espacio aéreo y la activación de medidas de emergencia, mientras que en ciudades como Haifa y Tel Aviv la población buscó refugio ante la posibilidad de nuevos impactos.

Consecuencias para la población civil

Las sanciones a la comunicación y los cortes de internet complicaron la circulación de información y la coordinación de evacuaciones, incrementando la sensación de incertidumbre entre civiles. En Teherán, la vida cotidiana se interrumpió: atascos, filas en gasolineras y refugios llenos; en Israel, las sirenas antiaéreas fueron constantes y las autoridades recomendaron permanecer cerca de lugares protegidos. Las primeras notas oficiales informaron de heridos e impactos puntuales, aunque la magnitud real de los daños aún se mantiene bajo reserva por razones de seguridad.

Contexto histórico y motivos tras la ofensiva

Este episodio encaja en una década marcada por enfrentamientos indirectos y actos encubiertos entre Irán e Israel: ciberataques, asesinatos selectivos y ataques a instalaciones. En menos de dos años, este choque representa el cuarto enfrentamiento directo entre ambos países, pero es distinto por su carácter coordinado desde el inicio con Washington y por su objetivo explícito de desmantelar el régimen de los ayatolás. Desde la perspectiva israelí, la eliminación del liderazgo iraní consolidaría su supremacía regional y debilitaría a los aliados de Teherán, como Hezbolá.

Preparativos y capacidades militares

Meses antes del ataque, ambas fuerzas pusieron en alerta a sus arsenales y movimientos estratégicos incluyeron la llegada de aviones furtivos y reabastecedores a la región. Israel reforzó defensas con sistemas como Arrow 3 y multiplicó la producción de interceptores, mientras que Washington desplegó activos aéreos avanzados. Los analistas señalan que la campaña fue planificada con antelación a pesar de rondas negociadoras entre Teherán y Washington, y que su objetivo político también tiene un componente interno: fortalecer la posición de Netanyahu ante un electorado cuya confianza política es fluctuante.

Riesgos y escenarios abiertos

La operación plantea riesgos de escalada regional y lleva implícita la posibilidad de una campaña prolongada. Algunos expertos advierten que, aunque el objetivo declarado es la debilitación del régimen iraní, una confrontación extendida podría provocar caos y sufrimiento especialmente entre civiles y afectar infraestructuras críticas en países vecinos. El costado político incluye apremiar a aliados y gestionar la reacción internacional, mientras que la dinámica militar requerirá vigilancia constante por la evolución de represalias y la implicación de milicias respaldadas por Irán.


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Marco TechExpert

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