Un repaso claro sobre cómo la estructura territorial española arrastra desequilibrios: de la financiación a la movilidad, pasando por el papel de Madrid y la amenaza de recentralización.

La organización territorial de España vuelve a situarse en el centro del debate público. Tras episodios recientes —como las graves inundaciones en la Comunidad Valenciana y los incendios en Castilla y León, además de los problemas crónicos del Rodalies en Cataluña— se ponen en tela de juicio la eficacia del reparto competencial entre el Estado y las comunidades autónomas.
Estas crisis han reabierto preguntas sobre si el modelo autonómico alcanzó su objetivo o si quedó, como sugiere el geógrafo Joan Romero, «inacabado».
El libro Las periferias mudas, del periodista Salvador Enguix, aporta un marco de lectura útil para entender estas tensiones.
Enguix reivindica que muchas de las disfunciones administrativas y de gestión pública tienen raíces estructurales: decisiones legislativas, cambios en la doctrina judicial y un impulso centralizador tras el 23-F que dejaron la descentralización a medio camino.
Financiación y cargas no previstas
Una pieza clave del conflicto es la financiación autonómica. El sistema pactado en 2009 está, según diversas voces, desactualizado y genera desigualdades entre comunidades. Algunas regiones —la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Baleares— aparecen entre las peor financiadas, pese a reclamar revisiones que mejoren su situación. Las iniciativas estatales, aunque a veces bienintencionadas, han impuesto obligaciones cuyo coste recae en las arcas autonómicas; la ley de dependencia es el ejemplo más citado de una carga imprevista que tensionó a gobiernos regionales.
Bloqueos políticos
El conflicto no es solo técnico: la ausencia de un pacto estable entre PSOE y PP complica soluciones. La negociación sobre la financiación choca con intereses nacionales y estrategias partidarias. Desde la dirección del PP se han impuesto instrucciones estrictas para no entrar en ciertas discusiones, lo que deja al Gobierno central en una posición de debilidad a la hora de recabar apoyos territoriales.
La centralidad de Madrid: efectos y consecuencias
Otro fenómeno relevante es la concentración de recursos en la capital. Madrid actúa como un potente imán económico y administrativo: sedes de la Administración, grandes empresas, medios, lobbies y fortunas se agrupan en la capital, reforzando su liderazgo económico. A esto se suma la política fiscal de la Comunidad de Madrid, que ha empleado medidas de dumping fiscal para atraer inversión y población, exacerbando así las diferencias con otras regiones.
Infraestructuras y conectividad
El diseño radial del transporte favorece la conexión con Madrid, mientras que otras arterias interregionales, como el prometido corredor del eje mediterráneo que debería unir Andalucía, Comunidad Valenciana y Cataluña, siguen pendientes o retrasadas. El resultado es una red que facilita el flujo hacia la capital pero deja intercomunicaciones clave insuficientes.
Instituciones y clima político
El papel del Senado y de foros como la Conferencia de Presidentes también refleja el deterioro del diálogo territorial. El Senado, concebido como cámara territorial, funciona hoy más como un contrapeso partidista al Congreso; su uso político ha desviado su papel originalmente pensado para articular la España regional. La Conferencia de Presidentes, por su parte, acumula reuniones pero genera poca resolución concreta debido a la confrontación entre los grandes partidos.
Además, el avance de fuerzas políticas como Vox altera el mapa: su propuesta de suprimir las autonomías y recentralizar competencias esenciales (sanidad, educación, justicia) plantea una amenaza directa al statu quo territorial. Aunque dicha opción no cuenta con consenso amplio, su crecimiento obliga a tener en cuenta escenarios donde la estructura autonómica sea objeto de reformas profundas o incluso reversión.
Qué comunidades sobreviven mejor y por qué
No todas las regiones han sufrido de la misma manera. El País Vasco y Navarra disfrutan de una posición financiera privilegiada gracias a su régimen fiscal (el cupo), lo que les da margen de maniobra. Cataluña, a pesar de los años perdidos por el proceso independentista y la centralización, mantiene una base económica potente. Otras, sin embargo, han visto erosionada su capacidad de crecimiento y prestación de servicios.
El diagnóstico que recoge Enguix es claro: sin acuerdos sólidos, sin mecanismos de financiación equitativos y sin una política de infraestructuras que conecte eficientemente las periferias entre sí, España sigue presentando fracturas territoriales. Las periferias, como recuerda el autor, necesitan voz propia para no convertirse en «silencios» que solo alimenten mayor desigualdad.
La posibilidad de reformas profundas existe, y con ella la urgencia de articular un diálogo que ponga por delante la cohesión territorial y la eficacia administrativa.
