La freidora de aire ha revolucionado las cocinas españolas, pero su uso no es tan mágico como parece. Descubre cómo aprovecharla al máximo.

En los últimos años, la freidora de aire se ha convertido en un imprescindible en muchos hogares españoles. Su capacidad para cocinar con menos aceite y, por ende, menos calorías, la ha elevado a la categoría de electrodoméstico milagroso. Sin embargo, el médico Manuel Viso advierte que no todo es tan sencillo como parece.
«No es magia negra, la clave está en lo que metes dentro», afirma Viso. Este aparato destaca por permitir cocinar con menos grasa, lo que se traduce en platos con menor carga calórica. Además, según el especialista, «al cocinar sin tanto aceite se reducen las calorías y se consigue una menor formación de acrilamidas«.
Estas sustancias, generadas cuando alimentos ricos en almidón se someten a altas temperaturas, han sido objeto de alertas por parte de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) debido a sus efectos adversos.
El uso correcto de la freidora de aire
Viso insiste en un matiz fundamental: dorar sí, pero quemar no. La línea entre lo apetecible y lo dañino depende en gran medida de cómo se utilice el electrodoméstico. Mantener la temperatura controlada es uno de los primeros pasos para que el uso de la air fryer no suponga un riesgo.
El entusiasmo por este invento ha generado un espejismo: pensar que, solo por cambiar la sartén por la freidora, todo lo que cocinamos se convierte en saludable. Viso lo desmiente de forma contundente. «Si metes croquetas, sanjacobos o nuggets ultraprocesados, la freidora de aire no convierte la basura en brócoli». Con esta frase resume un error muy extendido: el problema no está tanto en el electrodoméstico como en los ingredientes elegidos.
Consejos prácticos para un uso saludable
El médico ofrece algunos trucos prácticos para minimizar riesgos y aprovechar al máximo las ventajas del aparato. En primer lugar, no superar los 170 grados y evitar que la comida llegue a quemarse. En segundo lugar, aplicar un consejo muy básico pero eficaz: remojar las patatas durante veinte minutos en agua antes de cocinarlas. Este gesto puede reducir hasta un 30% la formación de acrilamidas.
Por último, Viso insiste en lo obvio, aunque no siempre se cumple: priorizar alimentos frescos frente a los procesados. Con estas pautas, la freidora de aire puede convertirse en una buena aliada para quienes buscan comer más ligero sin renunciar a la textura crujiente de algunos platos. Pero no deja de ser, como dice Viso, «una herramienta más en la cocina».
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