Investigadores de todo el mundo están descubriendo cómo la dieta y el metabolismo pueden influir en el desarrollo y tratamiento del cáncer, abriendo nuevas posibilidades para la medicina personalizada.

La relación entre la dieta y el cáncer es un campo de estudio que ha ganado gran relevancia en los últimos años. Aunque no existe una dieta anticáncer milagrosa, los científicos están descubriendo cómo los nutrientes y el metabolismo pueden influir en el desarrollo y tratamiento de esta enfermedad.
En un reciente congreso organizado por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)más de 150 investigadores de Europa y Estados Unidos discutieron los últimos avances en este ámbito.
La obesidad y el cáncer: una conexión compleja
La obesidad se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar 13 tipos de cáncer y con una mayor posibilidad de metástasis. Sin embargo, la relación es compleja y no todas las personas con obesidad tienen un mayor riesgo. Hay personas con un alto índice de masa corporal que no presentan las patologías asociadas a la obesidadsegún explica Nabil Djouder, investigador del CNIO.
Entender los mecanismos moleculares que vinculan la obesidad y el cáncer es crucial. Los nutrientes no solo son parte de la historia; también es importante investigar el papel del sistema inmunitarioel tipo de nutrición y el ejercicio físico. Estas investigaciones podrían permitir usar la alimentación y los hábitos no solo para prevenir, sino también para ayudar a tratar el cáncer.
El metabolismo del cáncer: una conversación con el cuerpo
El metabolismo está alterado en un cuerpo con cáncer. Las células tumorales necesitan más energía porque proliferan más rápido, y reconfiguran su metabolismo para extraer nutrientes por rutas bioquímicas inusuales. Esto permite que sobrevivan incluso con pocos recursos. Investigar estas rutas metabólicas es como adentrarse en un bosque de más de 5.000 genes del genoma humano.
Alejo Efeyan, investigador del CNIO, destaca que las células de cáncer no están aisladas, interactúan activamente con el cuerpo. Esto ha cambiado el enfoque de la investigación, que ahora se centra en áreas como la dieta, el metabolismo y el ejercicio. Aprender a controlar cómo el tumor se comunica con el cuerpo podría extender la efectividad de la inmunoterapia y encontrar otras maneras de atacar a las células cancerosas.
La calidad de los nutrientes: no todas las grasas son iguales
Guadalupe Sabio, también investigadora del CNIO, subraya que la calidad es muy importante, no todas las grasas son iguales. El tejido adiposo no es solo un depósito de grasa; también es un órgano endocrino e inflamatorio que influye en las células tumorales y del sistema inmunitario. Saber esto podría ayudar a identificar biomarcadores de riesgo y estrategias preventivas en pacientes con obesidad.
Kivanç Birsoy, de la Universidad de Rockefeller, explica que su grupo analiza la dependencia del cáncer de aminoácidos específicos y lípidos. Han descubierto que, en ciertas condiciones, algunos antioxidantes pueden favorecer el cáncer. Por ejemplo, el glutatión ayuda a las células cancerosas a metastatizar, permitiéndoles sobrevivir en condiciones de poco oxígeno.
Aunque la investigación en este campo es prometedora, aún faltan entre 5 y 10 años para que la dieta pueda complementar el tratamiento del cáncer. Sin embargo, los avances en genómicaproteómica y metabolómicajunto con la computación y la inteligencia artificial, están permitiendo investigar como nunca antes la relación entre nutrición y cáncer.
Eileen White, del Rutgers Cancer Institute, habla de devolver el poder al pacientepermitiendo que las personas con cáncer participen en su tratamiento con hábitos recetados médicamente. Este enfoque personalizado podría revolucionar la oncología en los próximos años.
