El celular fragmenta la atención, agota la energía mental y, frente a evidencia internacional, escuelas de Argentina y México han impuesto prohibiciones para proteger el aprendizaje.

En la era digital, el teléfono móvil se ha convertido en una extensión de la mano, pero su presencia continua en el espacio laboral y educativo genera efectos colaterales que van más allá de la simple molestia. Expertos en neurociencia y educación advierten que la interrupción constante compromete la capacidad de concentración y deteriora la salud mental, mientras que autoridades públicas han respondido con normativas que buscan restablecer entornos más equilibrados.
Celular en el entorno laboral: costos invisibles
La psiquiatra Pilar de Castro, profesora en IESE, explica que cada notificación activa un pico de dopamina creando una sensación de recompensa inmediata similar a una adicción. Según sus investigaciones, el cerebro humano no está diseñado para mantener la atención sostenida durante ocho horas; el rendimiento máximo se mantiene entre 60 y 90 minutos, luego de lo cual es necesario un breve receso de cinco a diez minutos para equilibrar la noradrenalina y la dopamina.
Un estudio estadounidense comparó a empleados con acceso restringido al correo electrónico frente a aquellos con acceso ilimitado, reportando una caída del 40 % en la eficiencia de los segundos grupo, evidenciando cómo el uso del móvil durante los descansos fragmenta la recuperación cognitiva.
Escuelas sin móviles: cifras de Argentina y México
En Argentina, la Encuesta Kids Online 2025 muestra que el promedio de edad para recibir el primer dispositivo personal es de nueve años, y el 95 % de los adolescentes de 17 años ya posee un teléfono con internet. Ante esta realidad, la Ciudad de Buenos Aires aprobó en 2024 la Resolución 2075-GCABA-Medgc, reforzada en 2026 con un anexo que prohíbe el uso de móviles tanto a estudiantes como a docentes durante la jornada lectiva, incluido el recreo. Datos del Fepba/Tesba indican que el 54 % de los adolescentes de 15 años se distrae en clase por dispositivos, y ese mismo grupo registra puntajes más bajos en las pruebas PISA 2023.
En México, la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció a partir del 3 de noviembre de 2026 la prohibición total del celular en todas las instituciones de educación básica, públicas y privadas. La norma abarca tanto el horario de clases como los recesos, permitiendo su uso solo en casos de emergencia, actividades pedagógicas autorizadas o situaciones médicas justificadas. Los expertos afirman que la medida, al eliminar notificaciones y redes sociales, favorece la atención sostenida y reduce riesgos de ciberacoso, ansiedad y aislamiento digital.
Perspectivas éticas y guía práctica
La reciente encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, aunque centrada en la inteligencia artificial, dedica varios pasajes a la relación entre jóvenes y dispositivos digitales, subrayando que “toda tecnología educa a quien la utiliza”. El texto advierte que la exposición precoz sin supervisión puede dañar el sueño, la regulación emocional y las relaciones interpersonales, y llama a una alianza entre política, educación y familias para crear una verdadera higiene de la atención. Siguiendo estas recomendaciones, la psiquiatra de Castro sugiere que los descansos se empleen en actividades físicas, conversaciones cara a cara o lecturas, evitando cualquier estímulo digital que agote la energía cerebral.
Adoptar estas prácticas permite que tanto empleados como estudiantes reconozcan la diferencia entre una recompensa real y la gratificación instantánea que ofrece el móvil. Al establecer pausas estructuradas, reducir la exposición innecesaria y fomentar entornos libres de pantallas, se potencia la productividad, el bienestar mental y la calidad de la interacción humana, creando una cultura donde la tecnología complementa, pero no dominate, nuestras actividades cotidianas.

