La búsqueda de vivir más y mejor ha generado una industria de tratamientos y suplementos. ¿Qué dice la ciencia realmente sobre la longevidad?

La longevidad ha dejado de ser simplemente un deseo para convertirse en un campo de estudio científico. Sin embargo, la promesa de retrasar el envejecimiento ha dado lugar a una industria llena de tratamientos y suplementos que no siempre cuentan con el respaldo de la ciencia.
¿Qué avances reales existen y cómo distinguir entre lo que funciona y lo que es solo marketing?
En los últimos años, el interés por la medicina antienvejecimiento ha crecido exponencialmente. Clínicas, suplementos y tests de edad biológica prometen actuar sobre los mecanismos del envejecimiento, pero ¿hasta qué punto estas promesas están respaldadas por la evidencia científica?
La importancia del estilo de vida
Ángel Durántez, pionero en medicina preventiva proactiva en España y director de la clínica Neleva, destaca que la primera señal de alerta ante cualquier tratamiento es la promesa de resultados magníficos. «Hoy por hoy no hay ninguna estrategia que revierta el envejecimiento; otra cosa es que module su velocidad», explica. Según Durántez, la acción más relevante para modular el envejecimiento es el estilo de vida«por delante de cualquier intervención médica».
El experto subraya la importancia de la actividad física la higiene de sueño una buena alimentación el control del estrés y evitar hábitos tóxicos. «Si alguien te dice que lo que hay que hacer es medir los relojes epigenéticos, te habla de exosomas o células madre, desconfía porque mal vamos. Nada de eso tiene la suficiente evidencia científica», advierte.
La medicina preventiva como clave
Durántez insiste en que una clínica seria debería ofrecer prevención no resultados. «No es tanto lo que vas a hacer, sino lo que vas a saber de ti, como por ejemplo, si tienes una osteopenia antes de tener una osteoporosis», asegura. El objetivo último sería la llamada compresión de la morbilidad teoría médica que busca retrasar la aparición de las enfermedades crónicas para que los problemas de salud y la discapacidad se concentren en un periodo muy corto
Salvador Macip, catedrático de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) opina que «no hay ninguna evidencia» de que podamos ralentizar de forma significativa el envejecimiento humano. «Lo hemos conseguido en animales, de maneras diferentes, pero aún no sabemos si funcionarán en humanos. Lo más probable es que alguna sea más o menos efectiva, pero nos faltan muchas pruebas», expone.
Macip advierte que cualquiera que se aplica a sí mismo técnicas y procedimientos no validados por la ciencia, creyendo que está frenando el envejecimiento, «es un ignorante o un irresponsable». «El límite tiene que estar ahí: solo el método científico bien aplicado nos puede decir si algo funciona o no», manifiesta.
Los tests de edad biológica y su valor clínico
Para Macip, los tests comerciales disponibles miden unos marcadores epigenéticos que se relacionan con la salud a nivel de población: «Es muy interesante, pero no tiene ningún valor clínico». «De ahí a quererlos usar para obtener una cifra [lo que sería la edad biológica] que se pueda aplicar a nivel personal hay un trecho porque es un concepto un poco difuso y muy difícil de medir [si es que realmente se puede medir]», sostiene.
Macip advierte de que la fiebre por medir constantemente biomarcadores y someter a personas sanas a intervenciones preventivas sin beneficio demostrado puede llevar a una medicalización innecesaria y a «perder tiempo y dinero» sin una utilidad clínica clara. A su juicio, algún día será posible utilizar biomarcadores para anticipar el riesgo de enfermedad asociado al envejecimiento de distintos órganos, pero todavía no hemos llegado a ese punto.
Andrea Maier, profesora en el Departamento de Medicina de la Universidad Nacional de Singapur introduce algunos matices. Coincide en que todavía no se ha demostrado de forma concluyente que ninguna intervención ralentice el envejecimiento de múltiples sistemas del organismo o prolongue la vida de personas sanas, pero considera que ya existen herramientas para actuar sobre algunos de los mecanismos y consecuencias asociados a ese proceso.
Maier defiende que la llamada edad biológica no debería reducirse a una sola cifra ni a un único test. La evaluación puede combinar factores de riesgo clínicos, pruebas funcionales, técnicas de imagen, genética y biomarcadores emergentes, pero siempre con una pregunta médica concreta detrás. «Más datos no garantizan automáticamente una mejor medicina», advierte.
En esa misma frontera entre lo que ya sabemos y lo que todavía está por demostrar se mueve David Sinclair, profesor de Genética de la Escuela de Medicina de Harvard. «Lo que todavía no tenemos es la prueba de que un fármaco o suplemento pueda ralentizar sustancialmente el envejecimiento de todo el organismo en personas sanas», reconoce.
Sinclair considera demasiado simplista concluir por ello que no se está avanzando. «Si el criterio es un ensayo aleatorizado que demuestre que las personas sanas viven más tiempo, tienen razón. Pero ese es un listón muy alto», señala. A su juicio, «ya existen pruebas sustanciales de que algunas intervenciones pueden influir en mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento y reducir el riesgo de enfermedad».

