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Cómo moverse ahora para proteger la memoria en el futuro, según Louisa Nicola

Louisa Nicola defiende que el ejercicio es clave para aumentar la reserva cognitiva y reducir el riesgo de Alzheimer; empezar a moverse y combinar fuerza y aeróbicos son pasos esenciales

La neurofisióloga y neurocirujana Louisa Nicola ha puesto el foco en la relación entre la actividad física y la conservación de la función cerebral a largo plazo. En distintas intervenciones públicas ha subrayado que el ejercicio actúa como un potente estímulo para el cerebro, capaz de aumentar la reserva cognitiva y reducir la probabilidad de desarrollar patologías neurodegenerativas.

Esta visión sitúa al movimiento cotidiano no solo como una cuestión de forma física sino como una estrategia preventiva contra el deterioro cognitivo.

Para Nicola, el estilo de vida es determinante en la evolución de la salud cerebral: muchos de los factores que hoy se asocian al Alzheimer tienen origen en hábitos prolongados en el tiempo.

Desde esta perspectiva, el concepto de reserva cognitiva funciona como una cuenta donde vamos acumulando capacidad de resistencia frente a estrés, enfermedad o eventos adversos. El mensaje central es claro: invertir en actividad física es invertir en la resiliencia de la mente.

¿Qué es la reserva cognitiva y por qué importa?

La reserva cognitiva se puede entender como la capacidad del cerebro para tolerar daños o desafíos sin mostrar síntomas evidentes de disfunción. En términos sencillos, es la energía acumulada que permite afrontar episodios de estrés, infecciones, privación de sueño o intervenciones médicas con menor impacto funcional. Nicola compara este concepto con indicadores de condición física: así como el VO2 máx mide la eficiencia respiratoria ante el esfuerzo, la reserva cognitiva mide la habilidad del cerebro para responder cuando se le exige más.

Formas de nutrir la reserva cognitiva

Existen múltiples vías para incrementar esa capacidad de defensa. Actividades cognitivas como leer, escribir a mano o aprender idiomas contribuyen claramente, pero la novedad que enfatiza la experta es que el ejercicio es uno de los estímulos más potentes. Tanto el trabajo de fuerza como el ejercicio aeróbico generan cambios estructurales y funcionales en el cerebro que se traducen en una mayor capacidad de adaptación ante el paso del tiempo y las agresiones biológicas.

El impacto del sedentarismo y propuestas prácticas

Louisa Nicola describió el sedentarismo como una condición que incrementa el riesgo de enfermedades y acelera la pérdida de capacidades. Ante la rutina moderna —largas horas frente a pantallas, ocio estático— propone intervenciones sencillas y repetibles: por ejemplo, realizar pequeñas series de ejercicio a lo largo del día. Estudios citados por la especialista sugieren que interrumpir la inactividad con acciones breves y intensas puede mejorar marcadores metabólicos y cerebrales de forma comparable a sesiones continuas más largas.

Ejemplo de cambio de hábito

Un gesto práctico recomendado es introducir breves ciclos de movimiento durante la jornada laboral: series de ejercicios pliométricos, ejercicios de fuerza con el propio peso o pausas activas frecuentes. Nicola indica que combinar entrenamiento de fuerza con ejercicio aeróbico proporciona beneficios complementarios: la fuerza ayuda a mantener masa muscular y autonomía, mientras que el aeróbico favorece la circulación y la plasticidad cerebral. Lo esencial, según la experta, es comenzar y mantener la continuidad.

Conclusión: empezar hoy para proteger mañana

La lección que deja la intervención de Louisa Nicola es llevadera pero contundente: la prevención de la enfermedad cognitiva pasa por hábitos sostenidos y por priorizar el movimiento en la vida diaria. No se trata solo de entrenar esporádicamente, sino de incorporar rutinas que aumenten la reserva cognitiva y limiten los efectos del sedentarismo.

Adoptar pequeñas acciones —desde caminar más hasta integrar sesiones cortas de fuerza— puede marcar la diferencia a largo plazo. La recomendación científica es clara: empezar a moverse es el primer paso para reforzar la mente y reducir riesgos asociados a enfermedades neurodegenerativas. Una apuesta por el cuerpo es, a la vez, una apuesta por la memoria y la capacidad de adaptación.


Contacto:
Chiara Ferrari

Ha gestionado estrategias de sostenibilidad para multinacionales con facturaciones de nueve cifras. Sabe distinguir el greenwashing real de las empresas que realmente lo intentan - porque ha visto ambos desde dentro. Los números importan más que los eslóganes.