La economía española muestra signos de desaceleración con un crecimiento del 2,3% en 2026, mientras la inflación alcanza el 3,6% por el impacto del petróleo.

La economía española se encuentra en una encrucijada en 2026, con un crecimiento moderado y una inflación en ascenso. El Banco de España ha mantenido su previsión de crecimiento del PIB en el 2,3% para este año, sin cambios respecto a las proyecciones de marzo.
Sin embargo, esta aparente estabilidad esconde una clara pérdida de impulso económico.
El contexto internacional se ha deteriorado, con una revisión a la baja del crecimiento en la Eurozonaque se situará en el 0,8% en 2026. Este escenario afecta directamente a las exportaciones españolasuno de los motores tradicionales del crecimiento.
Además, la demanda interna, especialmente el consumo privado y la inversiónha perdido dinamismo, anticipando una desaceleración progresiva.
El impacto del shock energético en la inflación
Uno de los cambios más relevantes en el informe del Banco de España es el ajuste en las previsiones de inflaciónque se ha revisado al alza hasta el 3,6% en 2026. Este aumento se debe principalmente al shock energéticovinculado a las tensiones geopolíticas y al encarecimiento del petróleo. El precio del crudo ha superado las expectativas iniciales, acercándose a escenarios más adversos y ejerciendo una presión adicional sobre empresas y hogares.
La inflación subyacenteque excluye los precios de la energía y los alimentos no procesados, también ha mostrado un aumento, alcanzando el 3,7% en mayo. Este dato indica que el encarecimiento no se limita a la energía, sino que se extiende a otros sectores, como los bienes industriales y los servicios.
Factores que frenan el crecimiento económico
El mantenimiento de las previsiones de crecimiento del PIB responde a una compensación de factores. Por un lado, el deterioro del contexto internacional reduce el ritmo de crecimiento. Por otro, elementos internos, como una mayor caída de las importacionesmejoran la aportación al crecimiento sin reflejar una mejora estructural de la competitividad.
El Banco Central Europeo ha endurecido su política monetaria con subidas de tipos, lo que tensiona las condiciones financieras. Este entorno encarece el créditoreduce la inversión y añade presión sobre el crecimiento futuro. Además, la demanda interna pierde fuerza por la debilidad del consumo y la inversión, limitando la capacidad de la economía para acelerar.
Mercado laboral y situación fiscal
El mercado laboral mantiene un crecimiento sólido, con un aumento previsto del 2,2% en 2026. Sin embargo, el ritmo se modera respecto a ejercicios anteriores, confirmando la desaceleración del ciclo económico. La tasa de paro bajará hasta el 10% en 2026, aunque la mejora es más lenta debido al aumento de la población activa.
En el plano fiscal, el déficit público se mantendrá en el 2,4% del PIB en 2026. Este estancamiento implica que el esfuerzo de consolidación pierde intensidad, reduciendo el margen de maniobra ante un entorno de mayor incertidumbre. La deuda pública descenderá hasta el 97,9% del PIB en 2027, aunque esta caída se explica por el crecimiento nominal y no por una reducción estructural del gasto.
El equilibrio actual entre crecimiento e inflación reduce la capacidad de reacción de la política económica. Con una inflación por encima del objetivo y un avance del PIB sin aceleración, las autoridades enfrentan un margen de actuación limitado tanto en el ámbito monetario como en el fiscal. Esto aumenta la dependencia de factores externos para sostener la actividad económica.
