La IARC mantiene una lista de agentes clasificados por su potencial cancerígeno, con 135 en el Grupo 1. Su directora, Elisabete Weiderpass, explica los desafíos de comunicar estos hallazgos

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) mantiene una lista exhaustiva de agentes clasificados según su potencial para causar cáncer en humanos. Esta lista, que se puede consultar en su página web, incluye actualmente 135 agentes en el Grupo 1 (carcinógenos para humanos), 97 en el Grupo 2A (probablemente carcinógenos), 324 en el Grupo 2B (posiblemente carcinógenos) y 499 en el Grupo 3 (no clasificables como carcinógenos).
Esta clasificación, que lleva funcionando cerca de 55 años se basa en una evaluación exhaustiva de la literatura científica disponible sobre sustancias químicas, exposiciones físicas, ocupacionales y de otro tipo. La directora de la IARC, Elisabete Weiderpass explica que el objetivo es determinar su potencial efecto cancerígeno en humanos, animales de laboratorio y modelos celulares.
La ciencia detrás de la clasificación
La clasificación de la IARC no mide directamente el riesgo concreto para cada persona sino que valora la cantidad y la calidad de la evidencia científica existente. Weiderpass destaca que transmitir esa información muchas veces es difícil porque se requiere entender que solo se puede saber si hay o no un efecto carcinógeno si hay suficientes estudios. Cuando los estudios son escasos o de baja calidad, no puede extraerse una conclusión firme.
Uno de los mayores desafíos en la comunicación de estas clasificaciones es la diferencia entre los conceptos anglosajones de hazard y risk. El primero se refiere al peligro intrínseco de una sustancia es decir, a su capacidad de aumentar el riesgo de cáncer. El segundo se refiere al riesgo real asociado a una exposición determinada cuánto aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer si una persona está expuesta a una cantidad concreta de esa sustancia.
Ejemplos y desafíos prácticos
Un ejemplo claro de esta clasificación es la contaminación atmosférica que la IARC clasifica en el grupo 1. Esto significa que los estudios en ratones, modelos celulares y humanos indican que, si hay una exposición, hay un mayor riesgo de cáncer. Sin embargo, la interpretación práctica cambia al hablar de los niveles de exposición que cada sociedad o cada administración considera aceptables.
Weiderpass señala que no es lo mismo el umbral que puedan asumir Madrid, Pekín, Nueva Delhi o Sudáfrica. Por ello, trasladar correctamente esta información al público no es sencillo. Una cosa es afirmar que un agente es carcinógeno y otra muy distinta determinar qué nivel de exposición está dispuesto a aceptar cada país o cada sociedad.
El impacto global de la clasificación
La clasificación de la IARC tiene un impacto global significativo, ya que proporciona una base científica para la toma de decisiones en materia de salud pública. Sin embargo, la aplicación práctica de estas clasificaciones varía ampliamente entre diferentes regiones y países. Factores como la capacidad económica, la infraestructura sanitaria y las prioridades políticas pueden influir en cómo se gestionan los riesgos asociados a los agentes cancerígenos.
Sin embargo, la complejidad de esta tarea requiere una comunicación clara y efectiva para que el público y los responsables políticos puedan tomar decisiones informadas.
