Bravo Murillo, una de las calles más transitadas de Madrid, refleja una profunda división económica y social entre sus dos márgenes.

Recorrer la calle Bravo Murillo en Madrid es adentrarse en un estudio de contrastes. Desde la Glorieta de Quevedo hasta Plaza Castillalos cuatro kilómetros de esta arteria revelan una ciudad dividida. No solo en términos urbanísticos, sino también en rentas, servicios y calidad de vida.
Según datos del INElas rentas medias en el lado este de Bravo Murillo pueden alcanzar los 40.000 eurosmientras que en el oeste no superan los 20.000 euros. Esta disparidad económica se refleja en el paisaje urbano, donde la arquitectura, los servicios y hasta la presencia de naturaleza varían significativamente de un lado a otro.
Un Distrito con Dos Caras
El distrito de Tetuánque Bravo Murillo atraviesa, alberga a 158.000 personasde las cuales más del 20% son de nacionalidad extranjera, principalmente de República Dominicana y Filipinas. Esta diversidad cultural se mezcla con una realidad socioeconómica compleja, donde la densidad de población es una de las más altas de Madrid.
En el lado oeste de Bravo Murillo, las viviendas de máximo tres alturas y las estrechas aceras contrastan con la presencia de 18 establecimientos de apuestas en un paseo de 15 minutos. Solo cuatro de estos locales se encuentran en el margen este. Este fenómeno no es casual, según un estudio realizado por Indagacoordinado por Sociológica Tres y supervisado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud FADque señala que las personas con menor renta y nivel de estudio son las que más acuden a estos locales.
Naturaleza y Servicios: Dos Realidades
La diferencia en la distribución de zonas verdes es otro indicador de la desigualdad. Mientras el margen este cuenta con pequeños jardines como los Jardines de Perón y el Parque de San Germánel oeste tiene reductos como los Jardines de Carlos París y el Parque Barónde menor extensión y calidad.
La limpieza viaria también refleja esta brecha. Un informe presentado por Más Madrid en 2026 reveló que el 40% del territorio más humilde de Tetuán recibe barridos en días alternos y cuenta con un presupuesto cuatro veces menor que el del este. Según el informe, el lado este recibió una inversión de 14,2 millones de eurosmientras el oeste sobrevivía con mucho menos.
Fuentes del Ayuntamiento de Madrid argumentan que estas desigualdades no son tales y que el informe de Más Madrid peca de sesgado. Afirman que el contrato de limpieza viaria incluye prestaciones complementarias que compensan posibles deficiencias y cuyo servicio se diseña y asigna por lotes. Además, insisten en que Tetuán es el cuarto distrito con mayor porcentaje de calles en niveles 1 y 2 de limpieza.
Una Herencia Urbanística
La división de Bravo Murillo no es fruto del azar, sino de una herencia urbanística. El arquitecto Pedro Bidagoren su Plan General de Ordenación de Madrid iniciado en 1941diseñó Bravo Murillo como una frontera que separaba dos mundos: al este, el eje de la Castellana, proyectado como una vitrina de orden y representatividad para las élites; al oeste, el antiguo arrabal de Tetuán de las Victorias, concebido como un eje popular y de servicios destinado a absorber el crecimiento obrero.
Esta distinción urbanística ha condenado al lado oeste a una densidad abrumadora y a un papel secundario frente al ‘brillo’ institucional de su vecino. El periodista y músico Moncho Alpuente llamó a Bravo Murillo la ‘Gran Vía de los Pobres’, una denominación que, aunque parcialmente cierta, no refleja la complejidad de una calle que sigue siendo una frontera social en el Madrid del siglo XXI.
Los cambios sociales y la gentrificación están ejerciendo su influencia en ambas zonas, con un aumento del precio de la vivienda que no casa con las rentas del margen más modesto. ¿Será una homologación hacia arriba, derivada de la expulsión de los poderes adquisitivos más bajos, lo que haga caer en desuso el término ‘Gran Vía de los Pobres’? El tiempo dirá.
