El parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara sufre un devastador incendio que ha quemado más de 32.000 hectáreas, afectando a 34 municipios y evacuando a más de 500 personas.

El parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara se encuentra en un estado de desolación tras seis días de un incendio que ha arrasado más de 32.000 hectáreas. Este espacio natural, uno de los más bellos y desconocidos de España, ha visto cómo las llamas devoran su vegetación debido a su proximidad con Madrid, que lo convierte en un lugar de paso.
Los habitantes de los 34 municipios afectados, la mayoría aldeas, enfrentan la incertidumbre de lo que encontrarán al regresar. Más de 1.200 personas han sido evacuadas, muchas de ellas alojadas en el polideportivo de Humanes o en casas de familiares en Madrid.
Esta tierra, que perdió a gran parte de su población debido a la emigración en busca de oportunidades laborales, ve ahora cómo el fuego amenaza sus raíces.
La angustia de los evacuados
En el polideportivo de Humanes, un grupo de vecinos, con una media de 70 años, comentan las últimas noticias con miedo y esperanza. Antonio, uno de ellos, insiste en que «las casas están bien, solo se han quemado un par de naves industriales». Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Encarna, una vecina que visita el polideportivo, expresa su preocupación por los más mayores: «Cuando los viejos regresen a sus casas se van a morir, porque esas casas habrán dejado de ser suyas».
La desolación es palpable. «Todo negro, fuera y dentro. Ceniza, humo, un olor que no se quitará en meses, y desolación», describe Encarna. Las palabras de los evacuados reflejan no solo el miedo por sus hogares, sino también la ira hacia los responsables del incendio.
Investigación y responsabilidades
Las primeras investigaciones apuntan al alcalde de Robledillo y su cosechadora como posibles responsables del incendio. Los vecinos están divididos: algunos creen que fue un accidente mientras que otros desconfían debido al cambio de versión del alcalde, conocido por su oposición a las medidas de la Junta ante el riesgo de incendios. «Esperemos que haya cumplido esas normas que rechazaba, porque se enfrenta a delitos muy gordos», dice Antonio.
Una mujer, sentada junto a Antonio, no puede reprimir su enfado contra quienes niegan el cambio climático y sus consecuencias. «Pues ya no tenemos bosque, ni campos de cereales ni pasto para los animales. Su negación, mata», afirma. Las críticas hacia los responsables del incendio son un reflejo de la frustración y la rabia de una comunidad que ve cómo su entorno natural es destruido.
Esfuerzos de emergencia y solidaridad
Los evacuados expresan su gratitud hacia los miembros de la Cruz Roja, Protección Civil, la Guardia Civil, los bomberos, la UME, los alcaldes, y las autoridades como Page y Pedro Sánchez. «Sentimos que no estamos solos hoy. Esperemos que cuando el fuego se apague, sigan ahí», dicen. La solidaridad y el esfuerzo de los equipos de emergencia son fundamentales en estos momentos de crisis.
El incendio, que comenzó el pasado jueves, ha obligado a evacuar a más de 500 personas, incluyendo 47 niños de un campamento infantil. El fuego sigue sin ser controlado, y las condiciones meteorológicas complican las labores de extinción. La Guardia Civil investiga el origen del incendio, que pudo comenzar durante labores agrícolas con una cosechadora.
La situación es crítica, y la comunidad espera con ansias el momento en que el fuego sea controlado para poder regresar a sus hogares y comenzar la reconstrucción de lo que ha sido perdido.
