Un diagnóstico sobre la pérdida de productividad en Catalunya, la proliferación de empleos de baja calidad y la urgencia de una reconversión coordinada para preservar la cohesión social

El debate sobre la salud económica de Catalunya ha vuelto al primer plano con la publicación de un estudio colectivo que pone sobre la mesa señales preocupantes. El informe describe cómo el actual modelo económico está ligado a una caída sostenida de la productividad y a la proliferación de puestos de trabajo con escaso valor añadido.
Si bien los indicadores macro pueden enmascarar problemas a corto plazo, el documento advierte que, a medio plazo, la situación supone un riesgo para la cohesión social y la estabilidad política.
Más allá de la estadística fría, el diagnóstico subraya un problema humano: una parte significativa de la actividad económica se sostiene sobre ocupaciones de baja calidad y, en ocasiones, sobre procesos productivos que no generan mejoras reales en los salarios ni en la formación profesional.
Esta dinámica no solo afecta al bienestar material, sino que alimenta tensiones sociales que pueden ser aprovechadas por discursos excluyentes.
Diagnóstico: productividad estancada y empleo desigual
El primer bloque del análisis centra la atención en la pérdida de relevancia económica que sufren ciertas regiones y sectores. La productividad, entendida como producción por hora trabajada o por trabajador, ha dejado de crecer como en décadas anteriores y, en algunos segmentos, retrocede. Esto se traduce en menos capacidad competitiva frente a otras áreas europeas y en una erosión de los salarios reales.
Empleo de baja calidad
Un rasgo distintivo es la expansión de empleos con escaso valor añadido: trabajos temporales, jornadas parciales no deseadas y ocupaciones con pocas oportunidades de progresión profesional. El resultado es una precariedad laboral que se arraiga en ciertos sectores y que, a su vez, reduce el incentivo para invertir en formación y en innovación. El informe alerta de que este patrón es insostenible si se piensa en sostenibilidad fiscal y en la capacidad para sostener servicios públicos.
Causas y efectos sociales
Según el estudio, la economía ha venido impulsando actividades de bajo coste por distintas razones: ventajas competitivas puntuales, políticas fiscales específicas o la atracción de mano de obra migrante para cubrir empleos con baja remuneración. Estas decisiones han creado un tejido productivo que, aunque genere empleo en el corto plazo, no permite una mejora estructural del tejido empresarial.
Inmigración y tensiones
La llegada de personas en busca de oportunidades puede ser una fuente de dinamismo si va acompañada de integración social y laboral. Sin embargo, cuando la oferta de trabajo se concentra en ocupaciones precarias, el riesgo es que una parte de esa población quede relegada a la marginalidad. Esa situación puede ser instrumentalizada por fuerzas políticas de corte extremista, que alimentan discursos de exclusión y ruptura, aumentando la polarización social.
Opciones de política: reconversión con costes y beneficios
El informe no se limita a diagnosticar: propone una alternativa basada en una reconversión parcial del tejido productivo. Reconducir sectores con baja productividad hacia actividades de mayor valor añadido exige medidas públicas decididas: inversión en formación, incentivos fiscales orientados a la innovación, apoyo a la industrialización avanzada y políticas activas de empleo que prioricen la calidad sobre la cantidad.
Es importante reconocer que cualquier proceso de transformación conlleva costes de ajuste. Empresas y puestos de trabajo que operan en un modelo obsoleto pueden desaparecer o reducir su tamaño. No obstante, la experiencia histórica muestra que estas transiciones resultan rentables a medio plazo cuando se acompañan de políticas públicas coherentes y de estrategias empresariales orientadas a la sostenibilidad.
Determinación pública y gobernanza
La receta propuesta exige determinación desde los poderes públicos para coordinar medidas y soportar el coste inicial. Actuar ahora, cuando el impacto puede ser más manejable, evita que los problemas se agraven y que los efectos sobre la convivencia se vuelvan irreversibles. La gobernanza debería articular instrumentos de apoyo para trabajadores desplazados, esquemas de reindustrialización y marcos regulatorios que promuevan la mejora de la calidad laboral.
Conclusión: elegir entre reacción y estancamiento
El informe plantea un dilema claro: afrontar una reconversión parcial del tejido productivo ahora, con los sacrificios temporales que conlleva, o dejar que la combinación de baja productividad y precariedad laboral mine la estabilidad social a medio plazo. La decisión no es técnica exclusivamente; es política y social. Requiere consenso, liderazgo y una visión estratégica que priorice la sostenibilidad económica y la cohesión ciudadana sobre beneficios inmediatos mal distribuidos.
Si se actúa con criterio, es posible transformar la estructura productiva, mejorar la calidad del empleo y reducir las semillas de polarización. Si no se actúa, el riesgo es que la fragilidad económica se traduzca en fracturas sociales difíciles de reparar.
