Los electricistas denuncian que las reformas priorizan lo visible sobre lo esencial, dejando instalaciones eléctricas obsoletas que ponen en riesgo los hogares

En el corazón de cualquier vivienda late un sistema invisible pero vital: la instalación eléctrica. Sin embargo, esta invisibilidad hace que muchos propietarios la descuiden, priorizando elementos más visibles como muebles o suelos. Esta preocupante tendencia ha sido denunciada por profesionales del sector, que alertan sobre los riesgos de dejar atrás décadas de tecnología eléctrica obsoleta.
Rodri, electricista de la empresa SomosCables junto a su padre Víctor, con más de 50 años de experiencia, han compartido su perspectiva sobre este fenómeno. En un vídeo colaborativo con Schneider Electric España explican cómo los clientes suelen centrarse en el precio final sin valorar la calidad de los materiales o la importancia de una instalación eléctrica segura.
El error oculto en las reformas modernas
Uno de los mayores problemas, según los expertos, es que las reformas suelen enfocarse en lo estético. «Entras a una casa y reforman todo: suelos, cocina, muebles… pero no invierten en cambiar la instalación eléctrica», señala Rodri. Esta práctica deja cables antiguos y componentes deteriorados que, con el tiempo, pueden causar averías o incluso incendios.
Un ejemplo extremo de esta negligencia lo relata el padre de Rodri: «Trabajé en una casa con grifos de oro y baños de mármol negro, pero la instalación eléctrica era de los años 80. El arquitecto quería poner interruptores de 50 céntimos. Me negué y, efectivamente, la casa se incendió tres días después de que se mudaran».
La falta de relevo generacional y la competencia desleal
La situación se agrava con la escasez de profesionales en el sector. Ricardo Abellán, electricista de 38 años, afirma que la demanda supera ampliamente la oferta: «Tengo una lista de espera de varias semanas y a veces debo rechazar trabajos». Esta falta de mano de obra cualificada se debe, en parte, a la falta de relevo generacional y a la competencia desleal de profesionales no regulados.
«En electricidad hay más piratas que en ningún otro oficio», denuncia Ricardo. Estos profesionales sin regularizar «tiran los precios», haciendo imposible competir a quienes trabajan dentro de la legalidad. «Un instalador autorizado con todos sus equipos en regla va a ser más caro que alguien que no lo es», explica.
La importancia de la regulación y la formación
Rodri propone una solución: «El sector debería regularizarse más, con una acreditación personal reconocible, como el antiguo carné de instalador«. De esta manera, los propietarios podrían verificar que quien interviene en su instalación está cualificado. «Tú vas a tocar un cuadro eléctrico: enséñame tu carné», plantea.
Además, destaca la necesidad de atraer a jóvenes al sector. «Estudiar electricidad puede abrirte muchísimas puertas», afirma Juan Castro, otro electricista. «No os va a faltar el trabajo, de verdad. Si os formáis bien, vais a tener oportunidades».
El valor de lo invisible
Carlos, electricista en Valencia, explica que el coste de un servicio puede variar entre 50 y 60 euros la primera hora, incluyendo desplazamiento. «En urgencias, hay gente que cobra precios exagerados», comenta. Sin embargo, subraya que el precio debe reflejar no solo el tiempo de trabajo, sino también herramientas, vehículo, seguros, formación, impuestos y garantía.
La demanda de profesionales en el sector es alta, con un 6% más de vacantes en 2026 respecto al año anterior, según un informe de Infojobs y Esade. Sin embargo, la edad media de los trabajadores supera los 45 años, lo que evidencia la necesidad de atraer a nuevas generaciones.
«A la gente no le importa gastarse 4.000 euros en un sofá, pero sí que le importa gastarse 4.000 euros en una instalación porque no se ve», concluye Rodri. Y esa invisibilidad puede ser peligrosa.
