Dieciocho meses después de asumir la presidencia, Donald Trump se enfrenta a un problema económico que ya afectó a su predecesor: la inflación persistente.

Dieciocho meses después de asumir la presidencia, Donald Trump se enfrenta a un problema económico que ya afectó a su predecesor: la inflación persistente. A pesar de sus promesas de controlar los precios, el coste de la vida sigue siendo la principal preocupación de los votantes, y su administración no ha logrado comunicar eficazmente las razones detrás de los altos precios de productos básicos como la gasolina o la comida.
La situación actual es muy similar a la que enfrentó Joe Biden durante su mandato. Sin embargo, los exasesores de Biden señalan que las políticas actuales, como los aranceles y el conflicto con Irán, están contribuyendo a aumentar los precios de la energía y, por ende, la factura semanal de los ciudadanos.
El mismo problema, distinto presidente
Brendan Duke, antiguo asesor del Consejo Económico Nacional de Trump, ironizó en una red social sobre la situación actual, comparándola con el fracaso del mensaje de la Bidenomics. Duke, que ya vivió el fracaso del mensaje de la Bidenomics sabía que ridiculizar el bolsillo ajeno es un lujo político que la Casa Blanca no puede permitirse.
Michael Negron, quien fuera asistente especial del presidente para política económica, explicó al Washington Examiner que la situación actual es muy similar a la que Biden arrastró hasta las elecciones de 2026. Sin embargo, Negron subraya una diferencia clave: Las políticas que ahora se persiguen son inflacionarias.
La percepción del votante
El vicepresidente JD Vance ofreció su propia lectura en una entrevista con Fox NewsLo que demuestra esto es que los últimos 40 años de política económica bipartidista han fracasado. Sin embargo, esta afirmación tropieza con el dato tozudo de las encuestas. Una mayoría de los votantes, según un sondeo de Harvard/Harris realizado en marzo de 2026, considera que la economía está peor que con Biden.
El votante no juzga cuarenta años de historia: juzga la billetera que lleva hoy en el bolsillo. Esta percepción es crucial para entender el desafío que enfrenta Trump. Andrew Bates, portavoz de Biden, recuerda que la inflación global atenazó a su jefe, mientras que Trump, al prometer que los precios bajarían desde el primer día en la Casa Blanca, se ha convertido en dueño único de sus propios problemas.
El impacto en la economía global
Para entender por qué la inflación se ha convertido en un problema político crónico, hay que remontarse al manual de Reagan en 1981. Aquel presidente republicano heredó una espiral de precios y aplicó una cirugía monetaria tan brutal que la popularidad se desplomó antes de tocar fondo y rebotar. La diferencia es que Trump no parece dispuesto a pagar el coste político de un ajuste similar: su coalición electoral, cimentada en trabajadores que sufren la carestía de la cesta de la compra, no toleraría más dolor a corto plazo.
Esa lógica tiene consecuencias directas para España. Una Reserva Federal que mantenga los tipos de interés altos para domeñar la inflación estadounidense encarece la financiación de la deuda soberana española y frena las exportaciones de sectores como el aceite de oliva, el vino o la automoción. Empresas como InditexIberdrola o Ferrovial con fuerte presencia en el mercado americano, ven cómo un dólar caro encoge sus márgenes en euros.
Mientras la Casa Blanca busca un relato que justifique el precio del burrito, las empresas españolas se enfrentan a un horizonte de tipos altos que puede durar hasta las elecciones de medio mandato de 2026 y más allá. La gran incógnita es si el votante americano comprará el argumento de la herencia bipartidista o, como sugiere Peter Loge, aplicará la lógica implacable del siguiente.

