Un análisis con DEXA en participantes de Predimed-Plus asocia la exposición residencial a aire contaminado con aumento de grasa total y reducción de masa magra

La investigación liderada por el Instituto de Investigación Sanitaria de Baleares (IdISBa) examina cómo la contaminación atmosférica puede modificar la composición corporal en personas mayores con sobrepeso u obesidad. El trabajo, publicado en Diabetes Care (2026), recopiló información de 1.454 participantes del ensayo Predimed-Plus, un estudio multicéntrico de prevención cardiovascular en España.
Los resultados aportan evidencias que vinculan la exposición crónica a contaminantes urbanos con incrementos en la masa grasa total y con pérdidas de masa magra, variables que son determinantes en el riesgo cardiometabólico.
Para evaluar la composición corporal se utilizaron mediciones mediante densitometría ósea, conocida como DEXA o absorciometría de rayos X de doble energía, que permitieron cuantificar tanto la grasa total como la distribución regional del tejido adiposo y la masa libre de grasa.
El equipo investigador relacionó estos datos con estimaciones residenciales de exposición a carbono negro, PM2.5 y NO2, tres marcadores típicos de la contaminación urbana. Los participantes procedían principalmente de Pamplona, León, Palma, Reus y Barcelona, siendo esta última la ciudad con mayores concentraciones de los tres contaminantes estudiados.
Resultados principales
Los análisis mostraron que quienes vivían en áreas con niveles más elevados de contaminación presentaron aumentos sostenidos de masa grasa total y pérdidas acumuladas de masa magra a lo largo del seguimiento, con efectos observables tanto al año como a los tres años. Estas variaciones en la composición corporal son relevantes porque la mayor adiposidad y la reducción de tejido magro se asocian con mayor probabilidad de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares. En términos prácticos, los hallazgos indican que la calidad del aire actúa como un factor ambiental capaz de influir en parámetros fisiológicos que hasta ahora se han relacionado principalmente con dieta y actividad física.
Impacto del carbono negro
Entre los contaminantes analizados, el carbono negro —un marcador del tráfico rodado— emergió como el de mayor efecto. Según la primera autora, la doctora Ariadna Curto, la exposición elevada se vinculó con una pérdida aproximada de un kilogramo de masa magra en un plazo de tres años. Este dato subraya la necesidad de contemplar la contaminación vehicular como un determinante ambiental que puede acelerar la pérdida de tejido muscular en población ya vulnerable por la edad y el exceso de peso.
Grasa visceral y edad
El estudio también exploró la grasa visceral, el tejido que se acumula en la cavidad abdominal y que tiene un papel crítico en el riesgo metabólico. Los efectos sobre la grasa visceral fueron más evidentes en participantes menores de 65 años, lo que sugiere que en adultos relativamente más jóvenes con capacidad de expansión adiposa la contaminación podría promover el depósito abdominal. La última autora, la doctora Dora Romaguera, interpreta este hallazgo como una señal de que la interacción entre edad, capacidad de crecimiento del tejido adiposo y exposición ambiental merece investigación adicional.
Metodología y colaboración científica
La fortaleza del estudio reside en el uso de mediciones precisas de composición corporal mediante DEXA y en el seguimiento longitudinal dentro del marco del ensayo Predimed-Plus. Además del liderazgo del IdISBa, participaron investigadores de los grupos CIBER relacionados con la fisiopatología de la obesidad y la nutrición (CIBEROBN), la diabetes y enfermedades metabólicas asociadas (CIBERDEM) y la epidemiología y salud pública (CIBERESP), junto a otros centros nacionales e internacionales. El enfoque multicéntrico, con participantes de varias ciudades españolas, permitió comparar exposiciones residenciales contrastadas por niveles contaminantes.
Implicaciones y pasos siguientes
Los autores reclaman más estudios longitudinales que profundicen en el papel específico de la grasa visceral y la pérdida de masa magra en poblaciones metabólicamente vulnerables. Desde una perspectiva de salud pública, estos resultados refuerzan la urgencia de implementar políticas que reduzcan la exposición a PM2.5, NO2 y carbono negro, especialmente en entornos urbanos donde el tráfico y la concentración de emisiones son elevados. Intervenciones en movilidad, regulación de emisiones y planificación urbana podrían formar parte de estrategias para proteger la salud metabólica de la población.
Conclusión
En conjunto, este trabajo sugiere que la calidad del aire es un determinante ambiental relevante para la composición corporal en adultos mayores con sobrepeso u obesidad. La asociación entre mayor grasa corporal, pérdida de masa magra y exposición a contaminantes urbanos aporta una nueva dimensión a la prevención cardiometabólica, indicando que mejorar el entorno puede ser tan importante como las intervenciones individuales en estilo de vida.
