Un itinerario por La Rioja que enlaza el paisaje literario de Andrés Pascual con el poderío vitivinícola de Haro y paradas patrimoniales imprescindibles

La Rioja invita a recorrer sus paisajes como si fueran páginas de una novela. En este recorrido proponemos cinco paradas que mezclan patrimonio, enoturismo y los escenarios reales que inspiran el thriller A merced de un dios salvaje, de Andrés Pascual.
A la vez, pondremos en contexto la reputación de Haro, señalada por una inteligencia artificial como el pueblo español más relevante para el vino.
La propuesta reúne visitas a castillos, monasterios y bodegas centenarias: una ruta pensada tanto para lectores como para amantes del vino que buscan entender cómo el paisaje, la tradición y la técnica se entrelazan en la viticultura riojana.
De Logroño a San Vicente de la Sonsierra: inicio del itinerario literario
La travesía suele arrancar en Logroño, puerta de entrada ideal a la comunidad. Desde allí conviene dirigirse a San Vicente de la Sonsierra, pueblo que ocupa un lugar central en la novela de Andrés Pascual y que ofrece una imagen clásica de la Rioja Alta: su castillo-fortaleza y la iglesia de Santa María la Mayor dominan el cerro y miran el valle del Ebro. Estos elementos arquitectónicos funcionan aquí como escenarios que mezclan historia y ficción.
Santa María de la Piscina: leyenda y arqueología entre viñas
A pocos kilómetros se encuentra el enclave de Santa María de la Piscina, una necrópolis de origen medieval con tumbas antropomórficas excavadas en la roca y una ermita románica. Ese aislamiento entre cepas y monte bajo conserva una atmósfera sobria que alimenta el componente enigmático de la novela. Aquí, el turista conecta con elementos simbólicos que evocan relatos de cruzados y tradiciones antiguas.
Haro y el Barrio de la Estación: epicentro vinícola y paso obligado
Haro destaca como un punto esencial para entender la viticultura riojana. Su Barrio de la Estación reúne una concentración excepcional de bodegas centenarias: un entramado en el que conviven tradición y modernidad. No se trata solo de escaparate turístico; allí se producen grandes vinos con continuidad en la calidad.
La IA y el reconocimiento de Haro
Recientemente, una inteligencia artificial evaluó parámetros como densidad de bodegas, trayectoria histórica y consistencia de añadas, y seleccionó a Haro como el pueblo español más importante para el vino. Esa valoración, fría en apariencia, coincide con la percepción del sector: suelos calcáreos, clima particular y un conocimiento heredado explican la regularidad de sus tintos.
El visitante encontrará en Haro un ecosistema real de producción: enólogos, toneleros y catadores que trabajan todo el año. Además, el municipio alberga citas festivas, restaurantes y alojamientos que combinan hospitalidad y cultura del vino, lo que convierte la experiencia en algo más que una simple cata.
Museos, monasterios y bodegas: cerrar la ruta con patrimonio e historia
Entre las paradas recomendadas no puede faltar el Museo Vivanco, reconocido por su colección y enfoque pedagógico sobre la cultura del vino desde la Antigüedad hasta la actualidad. La visita complementa la estancia al explicar técnicas, variedades y tradiciones en torno a la uva y su transformación en vino.
Otra parada de peso es el Monasterio de Santa María la Real de Nájera, panteón de reyes y testigo de la historia del antiguo reino de Nájera-Pamplona. En la novela de Pascual este lugar adquiere importancia como escenario de alta tensión narrativa; en la vida real, ofrece a los viajeros la posibilidad de conectar arquitectura, historia y paisaje vitícola con una copa de Rioja en la mano.
La bodega como narradora
Visitar una bodega centenaria en Haro o en la Rioja es comprender que cada etiqueta encierra una historia familiar, un suelo y decisiones técnicas. El enoturismo permite experimentar aquello que en la novela aparece como atmósfera: la paciencia de la crianza, la integración de la madera y la precisión de una añada.
Para quienes buscan una experiencia completa, combinar las rutas literarias con catas comentadas y recorridos guiados por calados y tonelerías ofrece una visión integral del territorio: paisaje, cultura y técnica al servicio del vino.
Consejos para planificar la visita
Organizar esta ruta exige tiempo y cierto orden: reservar visitas a bodegas con antelación, comprobar horarios del Museo Vivanco y prever desplazamientos entre localidades. Caminar por los viñedos al atardecer, detenerse en los miradores de San Vicente y terminar en Haro con una cata guiada garantiza una experiencia que combina emoción literaria y disfrute enológico.
