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La verdad sobre el pan: más allá del gluten

La calidad del pan que consumimos tiene un impacto significativo en nuestra salud digestiva, más allá del gluten.

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¿Alguna vez te has preguntado por qué el pan, un alimento tan básico y querido en muchas culturas, ha sido objeto de debate en los últimos años? La discusión sobre su impacto en la salud, especialmente en lo que respecta al gluten, ha crecido de tal manera que muchos se preguntan si deben eliminarlo de su dieta.

Sin embargo, en medio de esta confusión, es vital entender que no solo el gluten es el culpable de nuestras molestias digestivas; la calidad del pan y los métodos de su elaboración juegan un papel fundamental.

La industrialización del pan y sus consecuencias

La manera en que producimos pan ha cambiado drásticamente con la industrialización. Los antiguos métodos de fermentación prolongada han sido reemplazados por procesos más rápidos que utilizan harinas refinadas y levaduras químicas. ¿El resultado? Un cambio en el sabor, la textura y, sobre todo, en la digestibilidad del pan. Muchos de nosotros hemos comenzado a sentir molestias intestinales, y es fácil culpar al gluten, dejando de lado otros factores críticos.

Curiosamente, el trigo moderno no contiene más gluten que el que se cultivaba en el pasado. Sin embargo, ha cambiado su composición, aumentando la presencia de gliadinas —que están relacionadas con la enfermedad celíaca— y elevando los niveles de fructanos, esos carbohidratos que pueden causar fermentación en nuestro intestino. La doctora María Muñoz, especialista en aparato digestivo, nos recuerda que el verdadero problema no está en el gluten, sino en el tipo de pan que elegimos consumir.

Fermentación y digestibilidad: la clave del buen pan

Ahora bien, ¿cómo podemos mejorar nuestra tolerancia al pan? La respuesta podría estar en el proceso de elaboración. Los métodos de fermentación prolongada, que pueden durar entre 12 y 24 horas, permiten que las levaduras y bacterias presentes en la masa degraden parte del gluten y reduzcan los fructanos. Esto no solo mejora la digestibilidad, sino que también aumenta la biodisponibilidad de sus nutrientes. ¡Es un win-win!

Una de las soluciones más efectivas para quienes experimentan molestias al consumir pan es el uso de masa madre, un fermento natural que no solo proporciona un sabor único, sino que también mejora la conservación del pan y facilita su digestión. Gracias a las bacterias ácido lácticas presentes en la masa madre, se descomponen compuestos difíciles de digerir. ¿No es impresionante cómo técnicas ancestrales pueden ser tan relevantes hoy en día?

Ciencia y salud: lo que dicen las investigaciones

Las investigaciones recientes respaldan estas afirmaciones. Un estudio de la Universidad de Finlandia Oriental ha demostrado que los microbios presentes en la masa madre generan compuestos que benefician tanto nuestro metabolismo como la salud cardiovascular. En particular, el centeno integral, famoso por su alto contenido de fibra y compuestos bioactivos, ha mostrado efectos positivos en el control de los niveles de azúcar en sangre y en la reducción del riesgo de enfermedades cardíacas.

Estos hallazgos sugieren que el tipo de pan que elegimos puede tener un impacto significativo en nuestra salud general. Así que, si estás buscando mejorar tu bienestar digestivo, cambiar a panes elaborados con métodos de fermentación prolongada y con ingredientes de calidad podría ser una estrategia efectiva. ¿Quién se atreve a probarlo?

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