×

Cómo medir y mejorar la productividad en las empresas de Catalunya

Un repaso práctico a la definición de productividad, las fórmulas más usadas en economía y las fuentes de datos empresas para calcular el valor añadido a fin de mejorar el nivel de vida en Catalunya

Cómo medir y mejorar la productividad en las empresas de Catalunya

En los últimos años la palabra productividad ha cobrado protagonismo en debates sobre la economía de Catalunya. Más allá de los titulares, conviene detenerse en los conceptos técnicos que sustentan ese término y en la forma en que se aplica dentro de la empresa.

Entender estas herramientas permite diseñar mejores políticas y decisiones internas que, en conjunto, elevan el nivel de vida.

Este texto propone una explicación clara y práctica sobre cómo se mide la productividad, qué variantes existen y qué relevancia tienen los distintos componentes del valor añadido para empresas y agregados sectoriales.

También sugiere formas sencillas de obtener las cifras a partir de la información contable habitual.

Qué es la productividad y por qué importa

De forma general, la productividad expresa la relación entre lo que se obtiene y los recursos empleados para conseguirlo. En términos empresariales, esa relación sirve para comparar resultados en el tiempo o entre compañías: una mayor productividad suele significar que se produce más con los mismos recursos o que se emplean menos recursos para una misma producción.

Variantes de medida

Existen múltiples maneras de calcularla según lo que pongamos en el numerador y en el denominador. Por ejemplo, el numerador puede ser unidades físicas producidas o el valor de la producción; el denominador puede ser trabajo (número de empleados o horas trabajadas), capital o una combinación de ambos. En economía se utiliza frecuentemente la productividad aparente del factor trabajo, que relaciona el Valor Añadido Bruto con el trabajo medido por personas equivalentes a tiempo completo o por horas trabajadas.

Cómo se calcula la productividad en la empresa

En una empresa concreta hay dos vías habituales para medir la productividad. La primera consiste en dividir un indicador de producción, como el valor añadido, por una medida de trabajo (empleados o horas). La segunda forma es reconstruir el valor añadido a partir de la contabilidad: diferencias entre producción y compras externas o bien sumando ciertos agregados contables.

Fuentes prácticas de datos

Una ruta fiable parte de la información contable: gastos de personal (incluidas las cargas sociales), amortizaciones y resultados antes de intereses e impuestos. La suma de esos tres elementos aproxima el valor añadido que luego se divide por la medida de trabajo elegida. Publicaciones sectoriales y anuarios empresariales compilan estos cálculos para centenares de pymes, lo que facilita comparaciones internas y externas.

Composición del valor añadido y su impacto en la productividad

Al analizar la estructura del valor añadido se ve qué peso tienen el trabajo, el capital y el excedente empresarial. En los agregados de industria manufacturera y servicios es habitual que el componente salarial absorba la mayoría del valor: porcentajes habituales muestran una parte importante destinada a personal, otra a amortizaciones y el resto al excedente bruto de explotación.

Conocer esa distribución permite a cada empresa situarse frente a la media sectorial y detectar palancas de mejora: por ejemplo, si el peso de las amortizaciones es bajo puede indicar una menor inversión en tecnología, mientras que un excedente reducido puede señalar problemas de margen.

Interpretación y utilidad

La ratio de productividad no atribuye todo el mérito al trabajo, porque parte del valor procede del capital (maquinaria, tecnología, infraestructura). Aun así, su simplicidad y la disponibilidad de datos hacen de la productividad aparente del factor trabajo una medida práctica y muy extendida en análisis económicos y comparaciones de rendimiento empresarial.

Conclusiones prácticas para empresas y responsables

Para las empresas, medir la productividad supone revisar periódicamente el valor añadido y las formas de medir el trabajo. Disponer de ratios comparables permite identificar oportunidades de inversión, automatización o reorganización. A nivel regional, mejorar la productividad agregada es condición necesaria para elevar el nivel de vida y la competitividad del tejido productivo.

En definitiva, entender la terminología, las metodologías y la composición del valor añadido brinda una base sólida para diseñar políticas internas y públicas que impulsen un crecimiento más eficiente y sostenible.


Contacto: