×

Cómo el período especial transformó la economía y la sociedad cubana

una síntesis del período especial: pérdida de apoyos soviéticos, colapso del suministro energético, ingenio popular y transformaciones económicas que marcaron a Cuba

El llamado período especial fue una crisis profunda que afectó a Cuba tras la desaparición de la Unión Soviética. Cuando el respaldo económico y comercial del bloque socialista se esfumó, la isla sufrió una contracción económica sin precedentes: entre 1990 y 1993 el PIB se redujo un 36%, las importaciones cayeron cerca del 75% y el comercio exterior se desplomó en torno al 80%.

En este contexto, la ausencia de hidrocarburos, materias primas y piezas de recambio obligó a la sociedad y al Estado a adoptar soluciones improvisadas y profundas reformas para sobrevivir.

Las medidas y las respuestas populares que surgieron entonces no fueron meros parches: se combinó la búsqueda de divisas mediante el turismo y las remesas con la apertura limitada a la iniciativa privada y la reorientación de la producción agrícola hacia métodos menos dependientes de insumos fósiles.

Este texto reconstruye las causas, los efectos sociales y las transformaciones que dejó aquel episodio en la historia contemporánea cubana.

Orígenes y dimensión económica del colapso

El origen inmediato fue la desaparición de la Unión Soviética y el desmantelamiento del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que proveía a Cuba no solo petróleo sino también acero, fertilizantes y bienes industriales. Tras 1991 los suministros comprometidos dejaron de llegar y la nueva Rusia no asumió los acuerdos heredados. En consecuencia, la isla vio reducirse la importación de hidrocarburos a aproximadamente un 10% de lo habitual, lo que paralizó refinerías, fábricas y medios de transporte.

A esa pérdida se sumó el endurecimiento del embargo estadounidense a comienzos de la década de 1990, que aumentó las dificultades para encontrar mercados alternativos y remachó la asfixia económica. El resultado fue un colapso multisectorial: industria, construcción y agropecuaria registraron descensos drásticos, provocando desempleo y la supresión de miles de puestos de trabajo estatales.

Impacto en la vida cotidiana y adaptaciones populares

La escasez de combustibles transformó la movilidad y el día a día. Automóviles y autobuses quedaron inoperativos, por lo que surgieron soluciones creativas: la importación masiva de bicicletas desde China, la adaptación de grandes ómnibus en los llamados «camellos» y la utilización de carros tirados por caballos y bicitaxis. Estas respuestas ilustran el ingenio colectivo ante la falta de recursos.

En el campo, la imposibilidad de utilizar tractores y agroquímicos vendidos o fabricados a base de derivados del petróleo forzó un giro hacia la agricultura ecológica y la permacultura. Los campos de caña se reconvirtieron para producir frutas y hortalizas; la alimentación se volvió más vegetal y las dietas se adaptaron a lo disponible, con un aumento del consumo de soya y otros sustitutos proteicos.

Efectos sobre la nutrición y la salud

Las consecuencias sanitarias fueron notables: la ingesta calórica promedio cayó de 3.052 a 2.099 calorías diarias entre los datos comparados de 1989 y 1993. Este descenso implicó tensiones nutricionales y un aumento de la mortalidad en determinados grupos, como las personas mayores, cuya tasa de mortalidad creció alrededor de un 20% en el periodo señalado. Paradójicamente, la menor disponibilidad de grasas y azúcares también se asoció a descensos en enfermedades crónicas típicas de sociedades más ricas, como algunos tipos de cardiopatías y diabetes.

Respuestas estatales y transformaciones económicas

Ante la emergencia, el Gobierno aplicó cambios que afectaron el modelo económico: se flexibilizó la tenencia de divisas, se legalizaron remesas y se promovió el turismo como fuente de divisas. Programas como el conocido petróleo por azúcar dejaron de existir, y en su lugar la isla buscó atraer capital extranjero y visitantes para compensar la pérdida de suministros soviéticos. Se permitió la desestatización parcial de tierras y se habilitaron actividades por cuenta propia, dando lugar a una incipiente economía informal y de mercado dentro del sistema socialista.

Estas reformas mitigaron parcialmente la crisis: la recuperación económica comenzó gradualmente desde 1994 y, según registros, el PIB alcanzó niveles cercanos a los de 1990 recién en 2007. No obstante, el tejido social y la infraestructura agrícola e industrial sufrieron daños duraderos que condicionaron el desarrollo posterior.

Protestas y cambios sociales

La tensión acumulada terminó por desbordarse en episodios de protesta, como el conocido Maleconazo del 5 de agosto de 1994, cuando centenares de personas se manifestaron en La Habana reclamando libertades y expresando su frustración ante la falta de perspectivas. Ese clima impulsó oleadas migratorias, incluidas las llamadas crisis de los balseros, y puso en evidencia el desgaste del contrato social entre el Estado y la población.

En síntesis, el período especial no solo fue una calamidad económica: fue también un momento de aceleración de cambios estructurales, de experimentación social y de redefinición de prioridades productivas. Las medidas adoptadas y la resiliencia popular dejaron transformaciones duraderas en la agricultura, el trabajo y la vida cotidiana de la isla.


Contacto:
Ilaria Beretta

Ilaria Beretta coordinó un longform sobre las redes culturales de Trieste, realizado con entrevistas en el Teatro Romano, manteniendo una línea editorial de profundidad para las piezas. Jefa de sección de reportajes, conserva una serie de cartas de archivo vinculadas a Trieste como detalle personal.