El fútbol ha sido un escenario político desde sus inicios. Desde Mussolini hasta Trump, los líderes han utilizado el deporte para sus propios fines.

El fútbol, más que un simple deporte, ha sido a lo largo de la historia un escenario político donde los líderes han buscado proyectar su poder e influencia. Desde los tiempos de Benito Mussolini hasta las recientes intervenciones de Donald Trump la política y el fútbol han estado estrechamente entrelazados.
Recientemente, Trump ha llamado la atención por su intervención en el Mundial 2026 solicitando a la FIFA que revocara la expulsión del futbolista estadounidense Folarin Balogun. Este caso no es aislado, sino parte de una larga tradición de injerencia política en el fútbol.
El Mundial de 1934: la sombra de Mussolini
El Mundial de 1934 en Italia fue un claro ejemplo de cómo la política puede manipular el deporte. Mussolini el entonces líder italiano, tuvo una fuerte influencia en la selección de los árbitros, favoreciendo a la selección italiana. Los árbitros belgas Louis Baert y René Mercet quienes dirigieron los partidos contra España, fueron posteriormente expulsados de por vida por la federación belga.
La presión política no terminó ahí. Se sabe que Mussolini cenó con el árbitro sueco Ivan Eklind antes de la final, donde los italianos ganaron por 2-1 a Checoslovaquia. La famosa frase de Mussolini, «Victoria o muerte», resonó en los vestuarios antes del partido, marcando un hito en la historia del fútbol.
El Mundial de 1938: las presiones de Hitler y Mussolini
Cuatro años más tarde, en el Mundial de 1938 en Francia, la política volvió a hacer acto de presencia. Adolf Hitler ordenó que los jugadores austríacos se unieran a la selección alemana, debido a la anexión de Austria al territorio germano. Además, los jugadores alemanes debían hacer el saludo nazi en cada partido.
Italia, bajo el mando de Mussolini, repitió como campeona. Los jugadores italianos cambiaron sus camisas azules por camisas negras, simbolizando la lucha de las milicias fascistas. Mussolini mantuvo su mensaje de «Victoria o muerte» a través de telegramas antes de cada partido, y Italia venció a Hungría por 4-2 en la final.
El Mundial de 1978: el escándalo argentino
El Mundial de 1978 en Argentina se jugó bajo la dictadura militar de Jorge Rafael Videla. El partido entre Argentina y Perú, donde Argentina ganó por 6-0, generó un escándalo mundial. Se sospechó que la dictadura argentina había sobornado a los peruanos para asegurar su clasificación a la final.
Aunque no hay pruebas concluyentes de soborno, el partido fue controvertido. Argentina jugó sus partidos en horario de cierre, lo que les permitió conocer los resultados de los demás partidos antes de jugar. La FIFA cambió las reglas para futuros mundiales, exigiendo que los partidos que definían clasificaciones se jugaran simultáneamente.
El Mundial de 1982: la intervención de un jeque
En el Mundial de 1982 en España, un jeque kuwaití intervino en un partido entre Francia y Kuwait. El jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah hermano del emir y presidente de la Federación de Fútbol de Kuwait, entró al campo de juego para protestar por un gol válido marcado por Francia.
El jeque amenazó con retirar a su equipo del Mundial y obligó al árbitro soviético Miroslav Stupar a anular el gol. Aunque el resultado final fue de 4-1 a favor de Francia, el incidente quedó grabado en la historia del fútbol como un ejemplo de injerencia política.
Estos casos demuestran que el fútbol, más que un simple deporte, ha sido y sigue siendo un escenario político donde los líderes buscan proyectar su poder e influencia. Desde Mussolini hasta Trump, la política ha dejado su huella en el Mundial, recordándonos que el deporte y la política a menudo van de la mano.
