El fútbol no solo es un deporte, sino también un escenario político donde figuras como Donald Trump han intentado influir. Descubre cómo la política y el fútbol se entrelazan.

El fútbol, más que un simple deporte, es un fenómeno global que trasciende fronteras y culturas. Es un lenguaje universal que une a personas de todos los rincones del mundo, independientemente de su origen, religión o ideología. Este deporte ha demostrado ser una herramienta poderosa de cohesión social, pero también un escenario donde se reflejan las tensiones políticas y los intereses de los regímenes.
En el siglo XXI, el fútbol ha adquirido una dimensión que va más allá del entretenimiento. Es un fenómeno mediático sin precedentes, capaz de movilizar emociones y lealtades a una escala sin igual. Las comunidades de WhatsApp de clubes como el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona con millones de seguidores, son un claro ejemplo de su alcance global.
El fútbol como herramienta de poder blando
El fútbol ha sido históricamente un reflejo de las dinámicas políticas. Desde la Guerra Fría hasta las tensiones actuales, los torneos internacionales han servido como plataformas para proyectar poder y legitimidad. El Mundial de Fútbol 2026 organizado en Estados Unidos, México y Canadá no es la excepción. Este evento deportivo se ha convertido en un escenario político donde se reflejan las tensiones globales y el poder del deporte.
El concepto de poder blando acuñado por el geopolítico Joseph Nye describe la capacidad de un Estado para influir en otros mediante valores, cultura e instituciones. Los grandes eventos deportivos han sido uno de los instrumentos más eficaces de este poder blando. Países como Rusia en 2018 y Catar en 2026 buscaron proyectar una imagen de modernidad y legitimidad internacional a pesar de sus contradicciones en materia de derechos humanos.
La FIFA y la captura del poder
La FIFA bajo el mandato de Gianni Infantino ha sido objeto de escrutinio. Infantino llegó al cargo en 2016 prometiendo transparencia tras el escándalo de corrupción conocido como Fifagate. Sin embargo, su estilo de liderazgo ha sido descrito como un gobierno personalista donde acumula lealtades individuales en lugar de seguir procedimientos institucionales.
La secuencia de países anfitriones bajo su mandato traza una línea coherente: Putin en 2018, el emir Al-Thani en 2026, Trump en Estados Unidos en 2026, y Mohammed bin Salman en Arabia Saudí en 2034. Esta elección de anfitriones refleja una estrategia de captura institucional donde la FIFA sirve a intereses específicos en lugar de su mandato original.
El impacto de las migraciones y la diversidad
El Mundial 2026 también ha destacado por la creciente presencia de equipos del Sur Global. Países que históricamente no han sido relevantes en el fútbol, como los de África y América Latina han adquirido mayor competencia. Este fenómeno refleja las dinámicas migratorias y la diversidad cultural que enriquecen el deporte.
África, en particular, ha tenido un desempeño notable. Nueve de los diez equipos africanos clasificados para el Mundial 2026 han superado la fase de grupos, demostrando su crecimiento y competitividad en el escenario internacional. Este éxito no solo es un logro deportivo, sino también un reflejo de la creciente influencia de las culturas africanas en el mundo del fútbol.
