La doctora Isabel Portillo, secretaria de la Sociedad Española de Epidemiología, aboga por repensar el modelo de vivienda habitual para abordar problemas de salud pública.

En un mundo donde la soledad no deseada y la precariedad habitacional se han convertido en problemas de salud pública la doctora Isabel Portillo, secretaria de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) ha hecho un llamado a repensar el modelo tradicional de vivienda.
Este debate se enmarca en la XLIV Reunión Anual de la SEE y el XXI Congreso de la Asociación Portuguesa de Epidemiología (APE) que se celebran en Pamplona del 23 al 26 de junio.
Portillo destaca que la vivienda no solo debe garantizar un techo, sino también promover el bienestar social y la salud mental.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que casi una de cada seis personas en el mundo se siente sola, y que entre 2014 y 2019, la soledad se asoció a más de 871.000 muertes anuales, cerca de 100 cada hora.
La soledad no deseada: un problema intergeneracional
La soledad no deseada ha dejado de ser un problema individual para convertirse en un reto intergeneracional. Según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada alrededor del 20% de la población española sufre este problema, cifra que se eleva al 25,5% entre los jóvenes de 16 a 29 años. Este grupo también enfrenta mayores dificultades para acceder a una vivienda, situando a uno de cada tres jóvenes en riesgo de pobreza.
La precariedad habitacional no solo afecta la estabilidad económica, sino también el bienestar general. La incertidumbre residencial, el sobreesfuerzo financiero y la dificultad para forjar vínculos comunitarios pueden intensificar el estrés, el aislamiento y la vulnerabilidad en todos los ámbitos de la salud.
El cohousing: una alternativa sostenible
Ante estos desafíos, el modelo de vivienda colaborativa o cohousing surge como una alternativa sostenible. Originado en Dinamarca en los años 70, este modelo combina espacios privados con áreas comunes, fomentando la vida comunitaria, la integración con el entorno y el apoyo mutuo. En España existen más de 100 iniciativas de vivienda colaborativa, con alrededor de 40 ya habitadas.
Estos proyectos promueven el uso compartido de recursos como cocinas, lavanderías, transporte, bicicletas, huertos, mantenimiento y servicios de cuidado. Esta modalidad no solo es económica, sino también ambientalmente sostenible.
Desafíos y oportunidades
Aunque el cohousing ofrece numerosas ventajas, su expansión enfrenta varios obstáculos. Entre las principales barreras se encuentran la creación y consolidación de grupos cooperativos, la rigidez normativa para reconocer modelos que combinan apartamentos individuales y espacios colectivos, y las dificultades para acceder a suelo o financiación.
La SEE concluye que este debate amplía la mirada sobre los determinantes de la salud y permite evaluar cómo los entornos residenciales influyen en la conexión social, el cuidado mutuo, la autonomía y la vida comunitaria. La vivienda colaborativa no se limita a compartir espacios; propone reorganizar los cuidados, los apoyos y los recursos, ofreciendo una solución integral a los desafíos sociales y de salud actuales.
