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Brote de ébola Bundibugyo en Ituri y Uganda: por qué preocupa a la OMS

La cepa Bundibugyo, sin tratamiento ni vacuna aprobada, ha provocado un rápido aumento de casos en Ituri y casos importados en Uganda, y la OMS intensifica la respuesta

Brote de ébola Bundibugyo en Ituri y Uganda: por qué preocupa a la OMS

La situación sanitaria en el noreste de la República Democrática del Congo y en zonas fronterizas con Uganda ha encendido las alarmas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde Bunia, la representante Anne Ancia ha descrito la emergencia como profundamente preocupante, por la velocidad de los contagios y porque el brote se atribuye al virus Bundibugyo, una variante del Ébola para la que aún no existe una vacuna ni un tratamiento aprobado.

El Gobierno de la RDC declaró oficialmente el brote el 15 de mayo y, según datos del Ministerio de Salud actualizados a 19 de mayo, se registraron más de 500 casos sospechosos, alrededor de 130 muertes sospechosas y 30 casos confirmados por laboratorio.

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras (MSF) alertaron con anterioridad sobre un aumento de muertes por una posible fiebre hemorrágica viral en la zona sanitaria de Mongwalu; allí se documentaron 55 fallecimientos desde principios de abril. MSF ha reportado además notificaciones en Bunia y Rwampara y, en conjunto con las autoridades, indicó cifras preliminares de unos 246 casos sospechosos y más de 80 muertes en tres zonas sanitarias en etapas iniciales del brote. Por su parte, las autoridades de Uganda confirmaron casos importados relacionados con el foco congoleño.

Qué distingue a la cepa Bundibugyo

El virus Bundibugyo es una especie del grupo de los ortoebolavirus cuya particularidad en este contexto es la ausencia de contramedidas aprobadas: no hay una vacuna ni terapias autorizadas específicas para esta cepa, a diferencia de la más conocida cepa Zaire. La tasa de letalidad estimada para Bundibugyo se sitúa entre el 25% y el 40%, aunque esas cifras pueden variar según la detección precoz y la calidad de la atención sanitaria. Es importante recordar que el concepto de tasa de letalidad refleja el porcentaje de muertes entre los casos confirmados o sospechosos y depende de la capacidad de vigilancia y del acceso a cuidados de soporte.

Respuesta coordinada: qué están haciendo la OMS y las ONG

Acciones de la OMS

La OMS ha movilizado expertos al terreno y enviado cerca de 12 toneladas de material médico y equipos de protección desde Kinshasa y Nairobi para reforzar la capacidad de respuesta. Un grupo asesor técnico de la organización se reunió para evaluar candidatos a vacunas y tratamientos experimentales que podrían priorizarse contra Bundibugyo. La agencia subraya que, aunque no haya fármacos aprobados, la atención médica temprana y los cuidados de soporte pueden reducir la mortalidad en pacientes infectados.

Intervención de ONG y autoridades locales

Las organizaciones humanitarias, encabezadas por MSF y en colaboración con grupos como ALIMA, están ampliando la respuesta médica: evaluación de necesidades, establecimiento de centros de tratamiento y refuerzo de la capacidad asistencial en áreas afectadas. En la clínica de MSF en Salama, Bunia, se han aislado casos sospechosos mientras se despliegan equipos médicos, logísticos y de apoyo con experiencia en fiebre hemorrágica. Estas intervenciones incluyen protocolos estrictos de protección para proteger al personal sanitario y garantizar continuidad en la atención.

Factores que complican el control y recomendaciones

El control del brote se ve obstaculizado por la inseguridad, los desplazamientos de población y las dificultades logísticas propias de zonas remotas y densamente pobladas como Ituri y partes de Kivu Norte, donde se han confirmado casos en ciudades como Butembo y Goma. Además, se han documentado informes de muertes inexplicables y, según algunas fuentes, fallecimientos de trabajadores sanitarios, lo que intensifica la preocupación sobre las medidas de prevención de infecciones en centros de salud. Para contener la transmisión es crucial fortalecer la vigilancia, la trazabilidad de contactos, los cuidados de soporte y las prácticas seguras de entierro.

Qué pueden hacer las comunidades

La participación comunitaria es determinante: la población local debe ser informada sobre los riesgos y las medidas de protección, porque solo con cooperación se logra aislar cadenas de transmisión. Las autoridades y las organizaciones insisten en medidas básicas como evitar el contacto directo con fluidos corporales, reportar rápidamente síntomas compatibles y garantizar que las unidades de atención cuenten con equipos de protección adecuados. Al mismo tiempo, la situación sirve como recordatorio de la necesidad de invertir en sistemas de salud en contextos frágiles para anticipar y mitigar brotes futuros.

En este escenario, la vigilancia internacional continúa y la evaluación de vacunas y tratamientos experimentales sigue en marcha para determinar opciones viables frente a Bundibugyo. Mientras tanto, la combinación de detección precoz, cuidados de soporte y una respuesta coordinada entre la OMS, las autoridades congoleñas, Uganda y las ONG será esencial para limitar el alcance del brote.


Contacto:
Paula Castillo

Paula Castillo, valenciana de 58 años, de aire estudioso, encontró un legajo olvidado en el Archivo del Reino de Valencia que inspiró una serie sobre memoria local. Aboga por enlazar pasado y presente para explicar la actualidad; combina investigación en archivo con conferencias en universidades valencianas.