
Comenzamos un nuevo año académico en la Comunidad Valenciana con cambios significativos: un distrito unificado, la elección del idioma principal, puntajes numéricos y más. PP y Vox han honrado sus promesas, poniendo fin a las controvertidas políticas educativas de Botànic.
Lamentablemente, lo que persiste es el costo que la vuelta al colegio tiene para las familias. Los padres enfrentan con rostros resignados este gasto, mientras que nuestros políticos comienzan su año político tal como lo hacen siempre, desalentando a las personas.
Lo que más me preocupa de la política no es la discordia, las falsedades, la propaganda o la demagogia, sino la prevaleciente sensación de que nuestros representantes no logran resolver los problemas; mientras las familias y los jóvenes hacen lo mejor que pueden para salir adelante (incluso gastando en vacaciones más de lo que pueden permitirse), los líderes políticos viven en su propio mundo paralelo. ¿Desean ejemplos? Miren, en la misma semana en que los niños se preparan para la escuela, un presidente del gobierno habla sobre Lamborghinis, refiriéndose a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ayuso, siempre en guardia, insta a los líderes regionales del PP a no dejarse «sobornar» por Sánchez con respecto a la financiación. En nuestro entorno local, Carlos Fernández Bielsa, el vicesecretario general del PSPV, tuvo un enfrentamiento en redes sociales con el diputado de Vox, Carlos Flores Juberías, sobre el cambio de nombre de algunas calles en Mislata. Para no quedarse atrás, la Ministra y Secretaria General del PSPV, Diana Morant, criticó a Carlos Mazón, a quien llamó el «Milei de Alicante» y un «aspirante a influencer», por sus opiniones sobre el «cupo catalán».
Morant afirmó categóricamente que está «guiada a distancia por Génova». Exacto, la candidata respaldada por Sánchez, Morant, acusa a alguien de estar controlado desde Madrid. ¿No es esto desmotivante? Que tengan un feliz regreso a clases.
