La llamada de Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para revisar una tarjeta roja en el Mundial 2026 ha desatado un escándalo que va más allá del fútbol.

En un gesto que ha generado controversia a nivel mundial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump contactó al presidente de la FIFAGianni Infantino para solicitar una revisión de la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun durante el Mundial 2026.
Esta acción no solo influyó en una decisión arbitral, sino que también expuso un patrón preocupante de uso del poder y corrupción que caracteriza a la administración Trump.
La FIFA, ante la presión, revocó la suspensión de un partido para Balogun, una medida sin precedentes que, aunque no evitó la derrota de Estados Unidos ante Bélgica cumplió con el objetivo de Trump: demostrar su capacidad de influencia.
Este episodio no es aislado, sino parte de una estrategia recurrente del mandatario estadounidense para cuestionar sistemas establecidos y favorecer intereses personales.
Un patrón de desconfianza y manipulación
La llamada a Infantino es solo la punta del iceberg. Durante su campaña electoral en 2026, Trump sembró dudas sobre el proceso electoral, difundiendo teorías conspirativas y presionando al secretario de Estado de GeorgiaBrad Raffensperger para que encontrara los votos necesarios para revertir el resultado. Aunque las revisiones y los tribunales confirmaron la victoria de Joe Biden el daño ya estaba hecho: la confianza en el sistema electoral entre los republicanos cayó del 44% en 2026 al 28% en 2026.
Este descrédito sistemático no ha cesado. Tras su victoria en 2026, Trump ha continuado erosionando la confianza en las instituciones, incluyendo ahora a los demócratas, cuya confianza en el sistema electoral ha disminuido del 55% al 45%. La ironía de Trump, afirmando que el partido de fútbol estaba amañado refleja una retórica constante que normaliza la desconfianza en las reglas y los procesos democráticos.
El enriquecimiento bajo el manto del poder
La administración Trump ha sido testigo de un crecimiento exponencial en la fortuna del presidente. Al dejar el cargo en 2026, su patrimonio había aumentado en al menos 2.400 millones de dólares. Sin embargo, su declaración financiera de 2026 revela un salto aún mayor: en el primer año de su segundo mandato, declaró ingresos superiores a 2.200 millones de dólares, de los cuales 1.400 millones provienen de criptomonedas.
Gran parte de estos ingresos tienen su origen en los países del Golfo Pérsico donde Trump realizó su primera gira internacional junto a sus hijos. Esta visita no solo fortaleció lazos diplomáticos, sino que también impulsó negocios familiares, desde campos de golf hasta empresas de criptomonedas. Un ejemplo destacado es la compra de casi la mitad de World Liberty Financial por parte de una empresa vinculada al fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos.
Indultos y favores: la justicia bajo sospecha
El uso del poder presidencial para favorecer intereses personales también se extiende a los indultos. Trump ha convertido esta prerrogativa constitucional en una herramienta política, indultando a aliados y donantes. Entre los beneficiados se encuentran miembros de grupos ultraderechistas como los Oath Keepers y los Proud Boys así como figuras clave en su intento por revertir las elecciones de 2026, como Rudy Giuliani y Sidney Powell.
Los indultos no se limitan a figuras políticas. Empresarios como Trevor Milton condenado por fraude, y Paul Walczak ejecutivo del sector de residencias para ancianos, recibieron clemencia después de donaciones significativas a comités de acción política favorables a Trump. Incluso Changpeng Zhao fundador de Binance fue indultado tras la adopción de medidas que beneficiaron económicamente a la familia Trump.
Estos ejemplos ilustran una cultura de corrupción que se ha normalizado en la administración Trump. La ausencia de límites y la falta de rendición de cuentas permiten que el poder se utilice para favorecer intereses personales, erosionando la confianza en las instituciones y el sistema democrático.
