Manuel Galiano, destacado escultor sevillano, ha dejado una huella imborrable en la Semana Santa de Sevilla con sus impresionantes obras maestras. Su talento artístico y su dedicación a la escultura han transformado la representación de la Semana Santa, convirtiéndose en un referente cultural y espiritual en la tradición andaluza.

En los felices años 20, Sevilla vivió una notable expansión hacia el sur. Este crecimiento fue impulsado por la preparación de la Exposición Iberoamericana y el auge del regionalismo. En este contexto, surgieron nuevas hermandades que se unieron a la tradición del Martes Santo, como La Candelaria, Los Estudiantes y San Esteban.
Un destacado escultor de esta época fue Manuel Galiano, reconocido por su contribución a la imaginería religiosa de la ciudad.
La trayectoria de Galiano, aunque escasamente documentada, se desarrolla principalmente en la primera mitad del siglo XX, abarcando desde los años 20 hasta mediados de los 40.
Realizó numerosas obras, no solo para Sevilla, sino también para localidades como Mairena del Alcor y Sahagún, en León. Además de ser escultor, Galiano destacó como restaurador, dorador y pintor, trabajando en imágenes icónicas como la Virgen del Prado y el Señor del Silencio.
Las hermandades y las obras de Manuel Galiano
Una de sus creaciones más destacadas fue la dolorosa de la hermandad de San Nicolás, realizada en 1924. Esta imagen reemplazó a una talla anterior, donada por una feligresa y destruida al inicio de la Guerra Civil. Posteriormente, en 1967, la imagen fue sometida a una profunda remodelación por Antonio Dubé de Luque. En 1928, la Virgen de los Desamparados fue llevada por primera vez a la iglesia de San Esteban, donde la cofradía comenzó a rendirle culto.
La creación de la Virgen de los Desamparados
La Virgen, inicialmente conocida como Nuestra Señora de la Asunción, recibió su nombre actual gracias al cardenal Ilundain, quien deseaba honrar la memoria de los acogidos en el hospital donde fue bendecida. Esta ceremonia tuvo lugar el 8 de mayo de 1927 en el templo que hoy alberga el Parlamento de Andalucía. En 2002, se celebró el 75 aniversario de su creación en ese mismo lugar. La primera salida procesional de la Virgen de los Desamparados ocurrió en 1929, bajo un palio adquirido a Montserrat.
Conexiones con otras cofradías
A través de su vínculo con Licinio Mediavilla, un pionero de la cofradía de San Esteban, Galiano dejó su huella en Sahagún, donde realizó la Virgen de las Amarguras y el Cristo con la Cruz a Cuestas entre 1930 y 1940. La Virgen, elaborada en terracota, fue encargada para ser donada a la cofradía de la Vera Cruz. Mediavilla fue fundamental en la organización del traslado de la imagen tras la Guerra Civil, aunque la historia del Nazareno es menos clara, ya que se desconoce si fue una donación de Mediavilla o un encargo de la hermandad.
Últimas obras y legado
Uno de los últimos trabajos documentados de Galiano es el Cristo del Santo Entierro para la hermandad de la Soledad de Mairena del Alcor, completado en 1943 y situado en la capilla del Cristo de la Cárcel. Aunque su obra puede no ser ampliamente conocida, el impacto de Manuel Galiano en la imaginería religiosa de Sevilla es innegable, marcando un antes y un después en la representación de la Semana Santa en la ciudad.
La labor de Galiano sigue viva en la memoria colectiva de los sevillanos y en las expresiones artísticas que se rinden durante la Semana Santa, un periodo en el que la ciudad se viste de fe y tradición.
