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Por qué el apego seguro da libertad para explorar según Javier Quintero

Javier Quintero analiza cómo un apego seguro permite al niño explorar el mundo y por qué la sobreprotección puede ser contraproducente

Por qué el apego seguro da libertad para explorar según Javier Quintero

Publicado el 07/05/2026. En una conversación en ‘La Tarde’ de COPE, el psiquiatra Javier Quintero, jefe de servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infantil Leonor de Madrid, puso el foco en la primacía del vínculo entre madre e hijo como piedra angular del desarrollo emocional.

Estas ideas parten de la tradición teórica del apego, que concibe ese vínculo inicial como una necesidad biológica para la supervivencia y la regulación emocional.

El experto remarcó que entender el vínculo no equivale solo a reconocer el afecto, sino a identificar la función de seguridad que cumple la figura cuidadora.

A partir de esta premisa, Quintero ofrece una lectura práctica: cuando el niño percibe un apego seguro, gana confianza para explorar su entorno porque sabe que existe un lugar al que volver si algo falla.

Qué es el apego y por qué importa

En términos sencillos, apego se define como la relación emocional estable y preferente que el bebé establece con sus cuidadores principales. Esa relación actúa como un marco de referencia para futuras interacciones sociales: la seguridad aprendida en los primeros meses forma la plantilla con la que la persona interpretará la confianza, la distancia y el apoyo en etapas posteriores. Quintero subraya que ese molde temprano tiene un efecto de primera impresión en la biología afectiva del niño, orientando su capacidad para gestionar el estrés y buscar ayuda cuando es necesario.

La madre como ancla y los límites de la protección

El psiquiatra defiende que, en los primeros meses, la madre suele desempeñar el papel central en la construcción del vínculo. Esa figura es el refugio al que el niño recurre en situaciones de malestar; sin embargo, esa función no debe confundirse con una presencia que impida la autonomía. Según Quintero, cuando la respuesta de la madre facilita la exploración segura, se consolida un apego seguro. Por el contrario, una intervención excesiva —la denominada sobreprotección— puede limitar la capacidad del menor para enfrentarse a frustraciones y resolver problemas por sí mismo.

Sobreprotección: riesgo oculto

La sobreprotección se presenta como un intento de evitar todas las amenazas externas, pero su efecto suele ser la dependencia y la inseguridad. Quintero aclara que proteger no es anular la posibilidad de caerse o equivocarse; al contrario, permitir pequeñas frustraciones enseña al niño a regular emociones y a confiar en sus propios recursos. Por tanto, educar desde la seguridad implica equilibrar apoyo y margen para la prueba y error.

Evolución del vínculo y posibilidad de reparación

El proceso del vínculo no es estático: inicia con una dependencia intensa durante el primer año y gradualmente permite mayor autonomía en la etapa preescolar, cuando el niño empieza a explorar y a reconocer al otro. En la infancia y, muy especialmente, en la adolescencia, el grupo de iguales gana peso, pero la familia debe seguir ofreciendo un sitio seguro al que volver. Quintero insiste en que, aunque construir un apego seguro desde el nacimiento es lo ideal, los lazos inseguros se pueden trabajar y reparar con intervención dirigida a padres y cuidadores.

Herramientas prácticas para padres

Entre las estrategias útiles para favorecer un vínculo saludable, Quintero propone respuestas sensibles y coherentes a las señales del bebé, permitir exploración supervisada y evitar reacciones desproporcionadas ante el error. Trabajar con los progenitores, ofrecer modelos de contención emocional y fomentar la comunicación abierta son prácticas que facilitan la reconstrucción de un apego más seguro, aunque este proceso requiere tiempo y constancia.

Duelo y transformación del vínculo

En los casos en que la madre falta por pérdida, el lazo no desaparece; se transforma en duelo que necesita elaboración. Quintero subraya que con el tiempo los hijos pueden, a su vez, devolver parte de la seguridad recibida en forma de recuerdo, homenaje o vínculo emocional renovado. Reconocer y acompañar ese duelo es parte del cuidado emocional que ayuda a integrar la pérdida dentro de una historia afectiva más amplia.

En resumen, la entrevista de Javier Quintero recuerda que el apego es mucho más que cariño: es la base sobre la que se construye la confianza para explorar el mundo. Proteger no significa evitar desafíos; significa ofrecer una red de seguridad que permita al niño aprender, caer y levantarse con apoyo.


Contacto:
Sofia Rossi

Ocho años en el laboratorio entre tubos de ensayo y microscopios en centros de investigación farmacéutica de excelencia. Luego entendió que el verdadero desafío era otro: hacer llegar la ciencia a quien la necesita. Durante la pandemia tradujo papers científicos en artículos que tu abuela podía entender - sin perder un gramo de precisión.