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Brecha regulatoria entre la Unión Europea y Estados Unidos en la banca

La retirada de colchones regulatorios avanza a ritmos distintos en la Unión Europea y Estados Unidos, creando ventajas competitivas, tensiones entre directivos y nuevos focos de riesgo fuera del perímetro regulador

Brecha regulatoria entre la Unión Europea y Estados Unidos en la banca

En los últimos años la agenda regulatoria que nació tras la Gran Recesión se ha transformado en un terreno de confrontación entre dos enfoques. Por un lado, la Unión Europea explora fórmulas para mejorar la competitividad bancaria sin tocar, por ahora, los niveles exigidos de capital.

Por otro, estados unidos ha apostado por aliviar restricciones para que el sistema financiero impulse el crédito.

Este contraste no es trivial: según la consultora Alvarez&Marsal, la Administración estadounidense habría liberado exigencias de capital por 2,6 billones de dólares en el último año, mientras que en Europa la normativa mantiene la dirección opuesta, con incrementos de colchones equivalentes a 200.000 millones de dólares.

Estas cifras explican por qué algunos banqueros europeos piden alivios y por qué los supervisores comunitarios actúan con cautela.

Dos velocidades regulatorias

La estrategia de Estados Unidos responde a un objetivo claro: impulsar la competitividad y la rentabilidad del sector para que aumente la concesión de préstamos. Según Fernando de la Mora, director de Alvarez&Marsal en España, los bancos americanos han aprovechado el exceso de capital para trasladarlo a la actividad crediticia y reducir sus metas de solvencia. En paralelo, la Unión Europea trabaja en una simplificación regulatoria que, de momento, evita tocar el núcleo más sensible: los requerimientos de capital.

El enfoque de Estados Unidos

En la práctica, la relajación en Estados Unidos pretende que la banca use colchones para financiar la economía. Ese proceso implica modificar objetivos internos de solvencia y priorizar la generación de crédito frente a la acumulación de recursos inactivos. Para los bancos estadounidenses, la fórmula ha significado mayor margen de maniobra y, en muchos casos, un aumento de la rentabilidad. Sin embargo, este impulso conlleva también un mayor riesgo sistémico si las condiciones macroeconómicas se deterioran.

La respuesta europea

Bruselas y el BCE han lanzado procesos consultivos con la intención de encontrar fórmulas que hagan al sector más competitivo sin recurrir a la palabra prohibida para muchos reguladores: desregulación. Una consulta comunitaria con 97 preguntas ha servido para recoger propuestas, entre ellas la presentada por la AFME, que agrupa a entidades como Santander, BBVA, CaixaBank y al operador BME. Su propuesta identifica solapamientos entre siete tipos de colchones de capital que, si se armonizan, podrían liberar hasta 280.000 millones de euros para la banca.

Presiones desde la dirección de los bancos

Las voces de la alta dirección han subido el tono en favor de alivios regulatorios. La presidenta de la Asociación Española de Banca, Alejandra Kindelán, ha defendido que no se trata de reabrir Basilea III, sino de simplificar la regulación y evitar solapamientos que afectan la eficiencia supervisora. Instituciones como la CECA se han alineado con ese planteamiento, y ejecutivos como Gonzalo Gortázar, Ana Botín y Carlos Torres denuncian el impacto de un sistema hiperregulado en la competitividad frente a sus homólogos estadounidenses.

Propuestas y límites

La batería de propuestas que llegan a Bruselas incluye desde ajustes técnicos para evitar duplicidades hasta cambios que afectarían la forma de calcular los requisitos. Los bancos apelan a la eliminación de distorsiones para liberar recursos que se traduzcan en más crédito a empresas y hogares. No obstante, los supervisores comunitarios mantienen el foco en la estabilidad y recuerdan que una liberalización excesiva puede incrementar la exposición ante ciclos adversos.

Riesgos fuera del perímetro regulador

La discusión sobre exigencias a la banca tradicional convive con otra preocupación: el crecimiento del crédito privado no regulado y la llamada banca en la sombra. Este conjunto de vehículos y fondos opera con menos vigilancia y podría acumular tensiones que se transmitan al sistema. Además, la banca estadounidense ha demostrado su vulnerabilidad: hace tres años se vivió una crisis de retirada de depósitos en Silicon Valley Bank, recordatorio de que incluso sistemas aparentemente sólidos pueden sufrir episodios agudos.

¿Dónde está la burbuja?

Para muchos analistas, la principal fragilidad no está tanto en los bancos regulados sino en el circuito paralelo del crédito privado. Ahí, la ausencia de requisitos de capital y de una supervisión comparada puede facilitar la formación de burbujas. El reto regulatorio, por tanto, es doble: encontrar fórmulas que mejoren la competitividad de la banca europea sin abrir brechas que trasladen riesgos a áreas menos controladas.

Conclusión

El mapa actual muestra dos velocidades: una renuncia parcial a exigencias en Estados Unidos frente a una búsqueda prudente de simplificación en la Unión Europea. El debate seguirá siendo central en las agendas de banqueros y reguladores, con la tensión clásica entre promover el crecimiento mediante crédito y preservar la estabilidad financiera frente a riesgos emergentes en zonas menos reguladas.


Contacto:
Valentina Marchetti

Editora de belleza, 15 anos en cosmetica. Formacion en quimica cosmetica.