China y varios petroleros asiáticos obtuvieron permiso iraní para cruzar el estrecho de Ormuz tras gestiones diplomáticas durante la visita de Donald Trump a Pekín

En la jornada del 14/05/2026 se produjo un movimiento relevante en el Golfo: Irán autorizó el tránsito de una veintena y hasta treinta embarcaciones, en su mayoría de pabellón chino, por el estrecho de Ormuz, justo cuando Donald Trump y Xi Jinping mantenían encuentros en Pekín.
Esa reapertura parcial responde, según varias fuentes, a solicitudes directas del Ministerio de Asuntos Exteriores de China y de su embajada en Teherán, y se produjo después de semanas de restricciones impuestas por las tensiones militares en la región. El estrecho, por el que circula cerca del 20 % del petróleo y el gas natural mundial, sigue siendo una pieza central en la geopolítica energética.
La Casa Blanca ha señalado que ambos líderes convinieron en que el Estrecho de Ormuz debe permanecer abierto al libre tránsito y han reafirmado la postura de que Irán no debe adquirir capacidades nucleares. Al mismo tiempo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró que China hará «lo que pueda» para influir sobre Teherán, una apreciación que sitúa a Pekín como la palanca diplomática más eficaz en este momento. La reapertura parcial destaca la importancia de la interlocución directa entre estados con intereses económicos y de seguridad contrapuestos en la zona.
Reapertura parcial y condiciones del paso
Según agencias iraníes próximas a la Guardia Revolucionaria, la autorización comenzó a aplicarse desde la tarde del miércoles y se tradujo en el paso de hasta 30 embarcaciones entre la noche del miércoles y la tarde del jueves. Organismos de inteligencia marítima como Windward detectaron movimientos concretos: al menos siete salidas y cuatro entradas en los corredores marcados por Teherán. Estos buques utilizaron un corredor designado por la Guardia Revolucionaria, ubicado al norte de la ruta internacional previa a la guerra y más cercano a aguas iraníes que a las omaníes, lo que reduce la distancia pero incrementa la exposición a patrullas iraníes.
Buques identificados y rutas
Entre los barcos que tomaron rumbo hacia Asia figura el superpetrolero Yuan Hua Hu, de la naviera pública COSCO, que cargó unos dos millones de barriles en Basora a inicios de marzo y navegó hacia el puerto de Zhoushan. Otras naves, como el portavehículos Xiang Jian Kou, han transmitido en el sistema AIS mensajes explícitos como «Buque y tripulación china» para intentar disuadir abordajes. Asimismo, se registró el tránsito del superpetrolero Eneos Endeavor con destino a Japón, un indicio de que la reapertura también beneficia a mercados asiáticos distintos de China.
Tácticas de ocultación y seguridad
La opacidad es una constante: muchos buques apagan o manipulan el AIS (sistema de identificación automática) para no revelar su posición real, una práctica que dificulta verificar el número exacto de embarcaciones que cruzaron. Las navieras mantienen una prudencia extrema tras los incidentes ocurridos desde el inicio del conflicto: el tráfico, que antes se movía en cifras de más de cien buques diarios, se ha reducido drásticamente. La combinación de corredores alternativos, emisiones de identificación y escoltas privados o estatales define hoy la navegación por la zona.
Implicaciones geopolíticas
La decisión de permitir el paso a buques asiáticos tiene lectura diplomática y económica. Para Irán es una forma de controlar la narrativa: mantiene la potestad sobre quién circula y cuándo, alegando que se trata de tráfico de países «no adversarios» y buscando neutralizar intentos de presión exterior. Para China, el acceso a hidrocarburos y la seguridad de sus rutas marinas son prioridades estratégicas que justifican la intervención diplomática. Para Estados Unidos, la coordinación con Pekín en el marco de la cumbre entre Trump y Xi representa una oportunidad para gestionar riesgos, aunque también evidencia las limitaciones de la presión unilateral.
Incidentes recientes y riesgos
La relativa apertura no ha eliminado la violencia. El Centro de Operaciones Marítimas Comerciales del Reino Unido (UKMTO) reportó el secuestro del buque hondureño Hui Chuan cerca de Fujairah, desviado hacia aguas iraníes, y ataques con drones o asaltos repercutieron en otros barcos, como el Haj Ali —con tripulación india— que sufrió una explosión y posterior incendio frente a la costa omaní. Desde el estallido del conflicto se contabilizan cerca de 40 buques atacados y al menos 11 marineros muertos, cifras que recuerdan que la navegación en la región sigue siendo peligrosa a pesar de las autorizaciones puntuales.
En este escenario, la gestión del estrecho se ha convertido en una herramienta de presión y negociación: bloquear o abrir el paso puede afectar precios, suministros y alianzas. La reapertura del tránsito para buques chinos y asiáticos es una jugada que mezcla cálculo económico y demostración de control territorial por parte de Irán, mientras que la implicación de China y las coincidencias con la cumbre de Trump y Xi muestran cómo la diplomacia y la seguridad marítima se entrelazan en un momento crítico para los mercados y la estabilidad regional.

