Un enfrentamiento público entre el PNV y el PSE por una broma con IA y controversias sobre el euskera han convertido a la sesión de control en un momento clave para la estabilidad del Ejecutivo y la coalición vasca.

La crisis política que ha vuelto a poner en primer plano la relación entre el PNV y el PSE encontró su momento culminante en la sesión de control del Congreso. Tras un episodio en redes sociales —una imagen creada con inteligencia artificial que ridiculizaba a Aitor Esteban— los jeltzales reaccionaron con enfado, suspendieron una reunión prevista y llevaron la discrepancia a las instituciones.
Ese desencuentro, que mezcla imagen pública, negociación del estatuto de autonomía y exigencias sobre el uso del euskera en la función pública, obligó al presidente Pedro Sánchez a responder en la Cámara y a buscar contención política.
Origen y detonante del choque
El punto de partida fue una publicación del PSE que acompañó una frase con una composición generada por IA en la que se veía a Aitor Esteban en una actitud burlesca. Los nacionalistas consideraron la pieza «indecente» y, además de expresar su malestar públicamente, anularon un encuentro de seguimiento que iba a reunir a representantes del PNV, el PSE y un interlocutor del Ejecutivo central. La cancelación, la cadena de llamadas entre dirigentes y la indignación por el uso de una imagen falsa mostraron que el conflicto no era un incidente menor, sino un síntoma de tensiones más profundas sobre la negociación del estatuto y la política lingüística.
Ecos en el Congreso y la réplica de Sánchez
En la sesión de control, la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, aprovechó para criticar las formas del Gobierno y recordar compromisos que, a su juicio, no han sido cumplidos. Su intervención incluyó una advertencia explícita: «Usted sabrá cómo quiere llegar hasta la convocatoria electoral, si quiere compañía o no». El presidente respondió buscando bajar la tensión, reivindicando los acuerdos alcanzados y agradeciendo la actitud «constructiva» del PNV, al tiempo que dibujó un contraste con las «prioridades» que, según él, ofrecen PP y Vox en algunas comunidades. Ese intercambio mostró que, pese al choque, la voluntad de mantener la alianza parlamentaria existe, aunque con signos claros de desgaste.
Votaciones y gestos políticos
Los efectos prácticos del desencuentro ya se notaron en el trabajo legislativo: el decreto ley sobre la prórroga de alquileres quedó debilitado tras la abstención del PNV y la oposición conjunta de otros grupos, y la proposición para crear un consorcio de inversiones vinculada a Cataluña fue rechazada con los votos de formaciones conservadoras y independentistas. Esos resultados subrayan que la mayoría que sostiene al Ejecutivo es frágil y que cada gesto de frustración entre aliados puede traducirse en dificultades para aprobar iniciativas.
Trasfondo: euskera, estatuto y dinámicas territoriales
Más allá de la anécdota de la imagen digital, hay un conflicto de fondo sobre el dominio del euskera en la función pública y la reforma del estatuto de autonomía. El PNV y Bildu han propuesto endurecer los requisitos lingüísticos para acceder a plazas públicas, mientras que el PSE advierte sobre los riesgos de discrecionalidad y la posible exclusión de aspirantes. Ambas partes han mantenido conversaciones y, según fuentes consultadas, buscan soluciones técnicas y políticas; aun así, la falta de acuerdo ha servido de combustible a la crisis reciente.
Interlocución y señales desde Moncloa
En la gestión de la polémica han intervenido interlocutores del Gobierno central: se hicieron llamadas de alto nivel para apagar el incendio y la figura de Antonio Hernando actuó como puente entre las partes. Además, el ministerio responsable de materias digitales ha impulsado iniciativas para regular el uso de la IA en campañas políticas, una medida que aporta contexto a la discusión sobre la creación y difusión de imágenes manipuladas.
Escenarios y riesgos para la legislatura
Fuentes internas de los partidos implicados coinciden en que la crisis no amenaza, por ahora, la continuidad del Gobierno vasco ni la permanencia del PNV en la mayoría que respalda al Ejecutivo central. Sin embargo, el episodio deja claro que las alianzas son sensibles: la convivencia entre socios que compiten electoralmente y gobiernan juntos exige delicadeza en la comunicación y respeto mutuo. Si no se corrigen las formas y se retoma el diálogo para pactar asuntos pendientes —transferencias, leyes acordadas en investidura y medidas sociales—, la tensión podría traducirse en costes legislativos y políticos para todas las partes.
En definitiva, la disputa entre PNV y PSE es a la vez puntual y estructural: surgió por una imagen en redes, pero remite a decisiones sobre el estatuto, la lengua y la estrategia de gobierno. La respuesta del presidente y las conversaciones internas marcarán si el episodio queda en un susto o se convierte en una fractura que reordene alianzas en Euskadi y en Madrid.
