El PP evita presentar una moción de censura pese a la presión de Vox tras la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero; las cuentas parlamentarias y las reservas de los socios la hacen inviable por ahora

La idea de que el Partido Popular registre una moción de censura contra el presidente Pedro Sánchez permanece, de momento, en un terreno poco probable. A nivel numérico, el bloque de la derecha cuenta con 171 diputados —entre ellos los 33 de Vox y el voto del representante de UPN, Alberto Catalán—, por lo que faltan cinco escaños para alcanzar la mayoría absoluta requerida.
Esa circunstancia condiciona cualquier iniciativa parlamentaria, y la actitud de los posibles aliados es determinante para que el trámite llegue siquiera a abrirse.
En paralelo, la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por su presunta implicación en el caso Plus Ultra ha reavivado los ánimos en la derecha y las demandas de actuación inmediata.
Sin embargo, los distintos actores políticos interpretan ese escenario de manera distinta: mientras Vox exige movimientos rápidos y ejemplares, el PP opta por la prudencia y el desgaste político a largo plazo, y el PSOE reclama calma y recuerda la presunción de inocencia.
Los números y la viabilidad parlamentaria
La batalla arranca en lo aritmético. Para prosperar, una moción de censura necesita más que la unión de PP y Vox: hacen falta al menos cinco apoyos adicionales a los 171 con los que cuentan hoy. Esos votos podrían venir, en teoría, de formaciones como PNV o Junts, pero ambas fuerzas han mostrado reticencias públicas. El portavoz jeltzale en el Parlamento vasco, Joseba Díez Antxustegi, dejó claro que la crítica a Sánchez no equivale a respaldar una moción; los de PNV reclaman hechos concretos antes que gestos parlamentarios.
Qué dicen los socios
Junts mantiene una ambigüedad que parece ligada a condiciones previas como la amnistía para su liderazgo, mientras que Coalición Canaria ha optado por pedir un adelanto electoral. Sin un movimiento explícito de esos socios, la dirección nacional del PP no quiere embarcarse en una iniciativa destinada al fracaso. Fuentes populares subrayan que registrar una moción sin garantías solo crearía frustración en el electorado del centro-derecha y pondría en riesgo capital político sin efecto práctico.
La presión de Vox y el choque táctico con el PP
En el espacio de la derecha se aprecian dos estrategias contrapuestas. Vox, liderado por Santiago Abascal, insiste en que la convicción moral debe superar la consideración de los votos disponibles; para ellos, presentar la moción serviría para retratar al Gobierno y exhibir ante la ciudadanía lo que califican como una trama de corrupción. El partido recuerda las mociones simbólicas de 2026 y 2026 como precedentes de esta política de escenificación.
Diferencias tácticas
El PP, por su parte, argumenta que una moción condenada al fracaso solo alimentaría frustración y consolidaría la narrativa de víctima que podría beneficiar al PSOE. Voces del partido, como la portavoz Ester Muñoz y el barón Alfonso Rueda, abogan por esperar el desgaste que provoquen los procesos judiciales alrededor de Zapatero y Begoña Gómez para traducir esa erosión en ventaja electoral. Esa táctica provoca incomodidad en Vox, que acusa a Génova de falta de valentía y de frenar cambios en comunidades autónomas clave.
La respuesta del PSOE y los posibles desenlaces
En Ferraz, la reacción ha sido de contención: el núcleo dirigente apela a la presunción de inocencia y pide dejar que la justicia actúe. Las fuentes socialistas consultadas sostienen que no hay hoy riesgo de implosión interna pese a las críticas que circulan en capas socialistas y entre aliados. Además, señalan que las acusaciones y la politización del caso pueden formar parte de una estrategia para desactivar electoralmente a Zapatero, algo que los socialistas rechazan y combaten con transparencia.
Escenario electoral y sentencia política
En cuanto al horizonte electoral, el PP calcula que Sánchez intentará agotar los plazos legales y mantenerse en el cargo hasta la convocatoria forzada por el calendario, lo que, según esa lectura, situaría la cita electoral en el verano de 2027 salvo quiebre claro de apoyo parlamentario. Vox, en cambio, confía en que las sucesivas revelaciones y la imputación de Zapatero erosionarán a la coalición de Gobierno y acaben provocando fisuras en el PSOE y en sus socios. La dinámica real dependerá de la evolución judicial, del comportamiento de formaciones como PNV y Junts, y de la capacidad de cada bloque para convertir el desgaste en votos.
En conclusión, pese a la intensidad del debate público y a la insistencia de Vox, las cuentas y la cautela marcan por ahora el ritmo político: la moción de censura se mantiene como una posibilidad lejana hasta que cambien las matemáticas o se produzcan movimientos significativos entre los socios del Gobierno.

