España acoge el MV Hondius y activa protocolos de bioseguridad ante un brote por la cepa Andes: síntomas, vías de transmisión y medidas adoptadas

La detección de un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha desencadenado una operación sanitaria internacional encabezada por la Organización Mundial de la Salud. El barco zarpó con 147 pasajeros de 23 nacionalidades, entre ellas 14 españoles, y llegó a ser señalado por la OMS tras confirmarse que la cepa Andes respiratoria estaba presente en al menos tres casos confirmados por laboratorio.
Ante la petición formal del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, España ofreció acogida y el comité de crisis, reunido el 6 de mayo, designó el puerto de Granadilla de Abona en Tenerife como lugar de atraque seguro en un plazo de tres días, con un protocolo de riesgo cero para la población local.
El operativo logístico contempla la evacuación y el aislamiento diferenciado: los pasajeros españoles serán trasladados por vía aérea militar hasta la Base de Torrejón y derivados al Hospital Militar Gómez Ulla para cuarentena supervisada, mientras que el resto de los viajeros será repatriado mediante el Mecanismo Europeo de Protección Civil. Aunque las autoridades insisten en que el riesgo para la comunidad local es bajo, la elevada agresividad atribuida a la cepa Andes ha impuesto medidas de bioseguridad estrictas y cooperación internacional para evitar cualquier cadena de transmisión.
Qué es el hantavirus y cómo se transmite
El término hantavirus agrupa a una familia de virus zoonóticos (género Orthohantavirus, familia Hantaviridae, orden Bunyavirales) que causan dos síndromes principales: la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR) y el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), también conocido como síndrome pulmonar por hantavirus (SPH). Estos patógenos circulan de forma natural en ciertas especies de roedores, que actúan como reservorios sin mostrar enfermedad. La transmisión al humano suele producirse cuando se inhalan aerosoles contaminados por heces, orina o saliva de roedores; otras vías menos frecuentes incluyen mordeduras o contacto directo con superficies contaminadas seguido de auto-inoculación en mucosas.
Riesgos ambientales y prevención
Las infecciones no suelen originarse en áreas urbanas densas, sino en espacios rurales o cerrados que han permanecido sin ventilación durante tiempo, como almacenes, desvanes o cabañas. Limpiar o barrer sin protección en esos ambientes puede levantar polvo con partículas virales. En términos preventivos, las guías oficiales recomiendan ventilación, desinfección y protección respiratoria al manipular sitios donde puedan habitar roedores; la detección temprana de fiebre o síntomas inespecíficos es clave para limitar contagios, especialmente cuando la cepa implicada tiene capacidad de transmisión entre personas.
Qué diferencia a la cepa Andes
La cepa Andes se distingue por su capacidad, excepcional dentro de los hantavirus, de transmitirse persona a persona en situaciones de contacto estrecho y prolongado. Investigaciones apuntan a una replicación intensa en las glándulas salivales que facilita la salida del virus en gotículas al hablar o toser. Aunque este modo de transmisión es relativamente ineficiente y exige convivencia muy íntima, se documentaron episodios en Argentina y Chile en 1996 y 2018. La aparición del brote en un crucero ha activado alertas en el ECDC para valorar si el confinamiento y la cercanía en el barco favorecieron la propagación.
Implicaciones epidemiológicas
La posibilidad de transmisión humana obliga a protocolos más estrictos de vigilancia: cualquier pasajero con fiebre debe aislarse inmediatamente, dado que la etapa inicial, aunque parezca gripe, suele ser la más contagiosa. Por otro lado, la incidencia global estimada por la OMS varía entre 10.000 y 100.000 infecciones anuales, con mayor registro en Asia y el norte de Europa, pero con cepas americanas como la Andes y la Sin Nombre que provocan cuadros mucho más graves.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
La enfermedad arranca con signos inespecíficos: fiebre alta, escalofríos, fatiga intensa y dolores musculares, a menudo acompañados de náuseas o diarrea. Esta fase inicial, que suele durar entre tres y cinco días, puede evolucionar rápidamente hacia el síndrome cardiopulmonar (SCPH), caracterizado por edema pulmonar, insuficiencia respiratoria, hipotensión y fallo cardiogénico. La letalidad en esta fase puede alcanzar hasta el 50% sin soporte avanzado. No existe una vacuna ni un antiviral específico aprobado; la atención es de soporte en UCI, y estudios con ribavirina no han mostrado resultados concluyentes para los casos pulmonales.
El diagnóstico se realiza mediante RT-PCR y serología (anticuerpos IgM e IgG), pruebas que requieren laboratorios con nivel de bioseguridad alto. El periodo de incubación es muy variable: lo habitual oscila entre una y ocho semanas, con un rango frecuente de 3 a 45 días, motivo por el cual las autoridades aplican cuarentenas supervisadas a los viajeros potencialmente expuestos.
Itinerario del MV Hondius y balance de casos
El crucero partió desde Ushuaia el 1 de abril de 2026 y realizó escalas en las islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur (5-6 de abril), Tristán de Acuña (13-14 de abril), Santa Elena (22-24 de abril) y Ascensión (27 de abril). Llegó a aguas de Cabo Verde el 3 de mayo, quedando fondeado hasta su traslado a Tenerife. El primer cuadro compatible surgió el 6 de abril, con empeoramiento y fallecimiento el 11 de abril; su cuerpo fue desembarcado el 24 de abril en Santa Elena. Una segunda persona, contacto estrecho, fue evacuada y falleció el 26 de abril en Sudáfrica; ambos casos resultaron positivos por PCR confirmada el 4 de mayo. Un tercer fallecimiento a bordo se produjo el 2 de mayo. Además, hay otros afectados evacuados y confirmados en distintos países, incluido un paciente británico cuyo cuadro se inició el 24 de abril y que fue diagnosticado positivo el 2 de mayo.
