Miquel Navarro, artista nacido en Mislata, falleció a los 81 años; su obra, reconocida internacionalmente, permanecerá reunida en la fundación que ocupa su taller.

El escultor Miquel Navarro falleció el 01/11/2026 en su domicilio de Mislata, acompañado por su pareja, Rafa Marí, y su familia. Tenía 81 años y llevaba tiempo con problemas de salud, aunque su actividad creativa y su empeño por convertir su taller en un espacio público lo mantuvieron en primera línea hasta los últimos meses.
El Ayuntamiento de Mislata decretó tres días de luto oficial y la casa-taller del barrio de la Morería acogerá la capilla ardiente.
La trayectoria de Navarro está marcada por la permanencia en su lugar de origen y por una proyección internacional que no le alejó de sus raíces.
Desde sus inicios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos hasta sus grandes instalaciones y obras públicas, su producción articuló una reflexión sobre la ciudad, la memoria y los materiales industriales.
De Mislata al mundo: formación y primeras decisiones
Nacido en 1945 en Mislata y con lazos familiares en Siete Aguas, Navarro comenzó su formación artística en Valencia. En los años sesenta trabajó como pintor y dibujante, y experimentó con relieves de goma y plástico y con la cerámica, disciplina que exploró junto a artistas locales. Fue en 1972 cuando tomó la decisión definitiva de dedicarse sobre todo a la escultura, expuso por primera vez en solitario y empezó a construir el imaginario que le haría internacionalmente reconocible.
Las ciutats y la representación de la ciudad
En 1973 presentó la primera de sus famosas ciutats, instalaciones compuestas por centenares de piezas que evocan urbanismo, fábricas, chimeneas y estructuras en miniatura. Estas composiciones, realizadas con materiales como la cerámica, la terracota y el metal, no son maquetas convencionales: son mundos que combinan la memoria de la huerta y la industria valenciana con referencias a arquitecturas antiguas y a visiones de ciudades futuras. Observadas desde arriba, sus ciutats funcionan como paisajes que plantean cuestiones sobre el poder, el crecimiento, la soledad y el orden.
La visibilidad internacional se materializó a partir de los años ochenta. Navarro participó en exposiciones y ferias que le llevaron a instituciones como el Guggenheim de Nueva York y, más tarde, sus piezas formarían parte de colecciones del Centro Pompidou, el Museo Reina Sofía, el MACBA, el Guggenheim Bilbao y el IVAM, entre otros.
Obra pública, reconocimientos y vínculo con la ciudad
Además de las instalaciones, Navarro desarrolló una presencia notable en el espacio público. Entre sus intervenciones más populares en Valencia figuran la fuente de 23 metros conocida como La Pantera Rosa (inaugurada en 1984) y la escultura urbana El Parotet. Estas obras contribuyeron a que su lenguaje artístico fuera reconocible por la ciudadanía y no solo por el público especializado.
Su carrera recibió distinciones relevantes: en 1986 obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas y a lo largo de las décadas acumuló reconocimientos como el Premio Alfons Roig y la Distinción de la Generalitat Valenciana al Mérito Cultural. En 2008 fue elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 2011 fue nombrado Hijo Predilecto de Mislata, un testimonio de su lazo con la localidad.
Casa-taller, fundación y legado público
Durante medio siglo, Navarro trabajó en la antigua fábrica de productos de droguería en la calle Martí Gadea, un lugar que transformó en su taller y que soñó convertir en un museo vivo. Su objetivo fue siempre reunir su obra para ofrecer una lectura coherente de su trayectoria; ese proyecto encontró resistencias institucionales, según el propio artista, pero finalmente la sede de la fundación que lleva su nombre se estableció en ese espacio.
Más de 400 piezas procedentes de sus fondos personales ya forman parte del conjunto que permanecerá accesible al público. Navarro proyectaba, entre otras iniciativas, compartir salas con obras de figuras como Chillida, una idea que remite a su intención de dialogar con otras genealogías de la escultura contemporánea.
Últimos actos y enterramiento
La capilla ardiente se instalará en la casa-taller de la fundación en Mislata y el sepelio tendrá lugar en Siete Aguas, donde reposarán sus restos junto a los de su madre, Francisca Navarro. La pérdida se siente tanto en el círculo cercano del artista como en la comunidad cultural y urbana que ha integrado muchas de sus piezas.
El legado de Miquel Navarro perdura en los museos, en las plazas y en sus ciutats, piezas que condensan una geografía sentimental convertida en lenguaje escultórico. Su decisión de permanecer en el lugar que le vio nacer y de destinar su taller a la memoria colectiva garantiza que su obra siga siendo punto de estudio y contemplación para futuras generaciones.

