Un cruce de palabras entre Tusk y Sánchez pone en jaque la estrategia migratoria de la UE.

Durante la sesión del Consejo Europeo celebrada en Bruselas a finales de la semana pasada, el primer ministro polaco Donald Tusk y el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez protagonizaron un intercambio que los observadores describen como uno de los más duros en la historia reciente del bloque.
La disputa giró en torno a la regularización masiva aprobada por España en la primavera, que según Tusk es un ejemplo de política migratoria «ineficaz» y «excesivamente abierta».
Contexto del encuentro en el Consejo Europeo
El encuentro se desarrolló en una reunión a puerta cerrada, prevista para definir los próximos pasos de la legislación migratoria de la Unión.
Según los indicios recogidos, la conversación entre los dos jefes de Estado escaló rápidamente, con un uso de un lenguaje que, según fuentes locales, salió del ámbito «parlamentario». La tensión no quedó contenida y tuvo que ser moderada por el presidente del Consejo, António Costa, quien intervino para evitar que la discusión degenerara en insultos directos.
Las posiciones de Polonia y sus aliados
Polonia, respaldada por Italia y Dinamarca, presentó una propuesta que exigía medidas mucho más estrictas: cierre total de las solicitudes de asilo consideradas «ficticias» y la implementación de controles fronterizos reforzados. En un video difundido en sus redes, Tusk afirmó que «Polonia se ha convertido en un modelo donde no admitimos a quienes intentan entrar por la fuerza» y que «todos los países, salvo España, citan nuestro ejemplo». Además, la primera ministra italiana Giorgia Meloni y la primera ministra danesa Mette Frederiksen participaron activamente en la redacción de un documento que criticaba la política española y pedía su exclusión de los criterios de la UE.
Respuesta de España y la intervención de António Costa
Pedro Sánchez defendió su enfoque con una presentación que, según el Gobierno español, estaba respaldada por datos que mostraban la efectividad de la regularización masiva. El mandatario señaló que la medida responde a una necesidad humanitaria y a la integración de personas que ya residen de facto en el país. En el momento crítico, Sánchez ejerció su veto sobre el borrador propuesto por Polonia, Italia y Dinamarca, lo que provocó el abandono momentáneo de Tusk de la sala. Testigos diplomáticos afirman que el presidente del Consejo, António Costa, tuvo que solicitar al líder polaco que regresara para que la sesión pudiera continuar.
Repercusiones en el bloque
El episodio ha revelado una fisura creciente dentro de la Unión Europea entre los estados que abogan por una política de fronteras cerradas y aquellos que favorecen una gestión más flexible. La postura de España, al ser la única que votó en contra del texto crítico, subraya la dificultad de lograr consensos cuando la «regularización masiva» se percibe como un posible «efecto llamada» para otros países. Por su parte, Polonia mantiene su firme posición de rechazar solicitudes de asilo que considere fraudulentas, una medida que ha generado críticas en varias capitales occidentales pero que, según Tusk, sigue siendo viable.

