Macron enfrenta la peor ola de violencia en años, con saqueos, incendios y una crisis política que amenaza su reelección.

El sábado pasado, una serie de manifestaciones se convirtió en la peor oleada de violencia en Francia desde los años de los chalecos amarillos. Estudiantes, agricultores, transportistas, sindicatos, activistas climáticos y los históricos «chalecos amarillos» se congregaron en más de noventa ciudades, y lo que comenzó como protestas pacíficas terminó en incendios, saqueos y enfrentamientos con la policía.
Causas y actores de la movilización
El detonante inicial fueron los paros escolares impulsados por alumnos que reclaman más docentes, becas más generosas y mejoras en las instalaciones de colegios y residencias. En parallel, el incremento del coste de la vida, la inflación y la subida de los precios del combustible reunieron a sindicatos y a los chalecos amarillos que retomaron su lema «Amarillos y Jóvenes» para unir sus reivindicaciones a las de la juventud.
Asimismo, agricultores y transportistas volvieron a protestar contra el acuerdo UE-Mercosur y la escalada de precios del diésel.
Participación de activistas climáticos
En algunos campus, la presencia de la activista Greta Thunberg y de colectivos ecologistas subrayó la conexión que hacen entre justicia climática y justicia social. Estos grupos exigen un plan público de inversión para la transición ecológica y ajustes en viviendas, escuelas y hospitales que ya sufren los efectos del cambio climático.
Escalada de la violencia y cifras
En la madrugada, grupos enmascarados prendieron fuego a tiendas, atacaron ayuntamientos de Lille, Marsella y Limoges, y saquearon aproximadamente 1.500 comercios. El número de detenciones superó los 2.000 de los cuales 855 se registraron en París. Más de 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos y según los servicios de emergencia, alrededor de 1.000 agentes sufrieron lesiones menores. Un ciudadano murió por un paro cardiorrespiratorio durante los enfrentamientos.
Las autoridades habían previsto la presencia de 100.000 manifestantes, pero la concurrencia real fue cerca de cinco veces ese número. El Ministerio del Interior declaró que el dispositivo policial contaba con apenas 10.000 efectivos una cifra muy inferior a los 60.000 desplegados durante la crisis de los chalecos amarillos.
Repercusiones políticas y respuestas de los líderes
Ante la magnitud del caos, el presidente Emmanuel Macron sostuvo un discurso televisado en el que afirmó que el gobierno sería «intratable» con los violentos y prometió ayudas rápidas a los comerciantes afectados. Anunció que el primer ministro Sébastien Lecornu convocará a estudiantes, sindicatos y representantes locales para buscar soluciones conjuntas.
La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen aprovechó la ocasión para acusar al Ejecutivo de haber perdido el control del país y aseguró que su partido «restablecería el orden». Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez atribuyó los incidentes a grupos infiltrados de la «ultraizquierda» y anunció la apertura de una investigación parlamentaria para determinar las fallas del aparato policial.
Con la popularidad de Macron cayendo al 15 % y la de Lecornu al 22 % según Ipsos, la crisis podría influir decisivamente en la campaña electoral que se avecina, en la que Le Pen lidera actualmente las encuestas.

