Pacientes oncológicos luchan contra el cáncer y la guerra, mientras hospitales afrontan bombardeos, falta de insumos y datos inciertos.

En el territorio ucraniano, la batalla contra el cáncer se ha convertido en una Segunda guerra. Los centros oncológicos de Kiev, Járkov y otras capitales continúan atendiendo a miles de pacientes, pero cada sesión de quimioterapia o cirugía se ve amenazada por alarmas de ataque aéreo, apagones inesperados y la constante amenaza de bombardeos.
La combinación de una enfermedad grave con un conflicto armado genera una situación inédita donde el diagnóstico, el tratamiento y la supervivencia dependen tanto de la medicina como de la seguridad del entorno.
El panorama del cáncer en Ucrania bajo conflicto
Según el Registro Nacional del Cáncer se notificaron 138.509 casos en 2019, una cifra que descendió a 122.842 en 2023 y volvió a subir a 124.801 en 2024, mientras que los datos de 2025 siguen en revisión. Entre los tumores más frecuentes destacan el de mama (22,2 %), el de útero (10,1 %) en mujeres, y el de próstata (14,9 %) y los de vías respiratorias (13,3 %) en hombres. El director médico del Instituto Nacional del Cáncer, Arman Kacharian, señala que “la guerra impide que dispongamos de datos fiables de las tasas de cáncer”, porque gran parte de la población desplazada o ubicada en territorios ocupados no tiene acceso a los centros de diagnóstico.
Cómo la guerra obstaculiza el diagnóstico y tratamiento
El conflicto ha limitado la detección precoz, obligando a pacientes a llegar a los hospitales con la enfermedad ya en fase avanzada. Los constantes ataques a la red ferroviaria y a los convoyes de pacientes dificultan el traslado a los centros oncológicos regionales. Además, el Ministerio de Sanidad informó que, al 1 de septiembre de 2026, 2.687 instalaciones de 854 centros sanitarios estaban dañadas o destruidas, concentrándose los perjuicios en Járkov, Donetsk, Dnipropetrovsk, Jersón, Mykolaiv y Kiev. Los almacenes de suministros médicos también han sido blanco: el 3 de septiembre, un ataque ruso impactó el complejo logístico Biocon en el distrito de Boryspil, uno de los mayores depósitos farmacéuticos del país, y distribuidores como Optima-Pharm, Universal Logistic y BaDM han sufrido daños.
Cuando los depósitos de los proveedores se ven afectados, los hospitales pueden quedarse sin artículos esenciales como guantes o jeringuillas, según advierte Kacharian: “Si los almacenes de los proveedores sufren daños, los hospitales pueden quedarse sin artículos que parecen básicos, pero que son esenciales”. Por ello, se han implementado rutas alternativas, reservas estratégicas y planes de contingencia para mitigar la interrupción de la cadena de suministro.
Testimonio de Olena Chumliar
Olena Chumliar, diagnosticada con cáncer de mama hace dos años, relató cómo una sirena de ataque aéreo sonó mientras le administraban la quimioterapia. “A los pacientes nos trasladaron al pasillo, donde esperé, conectada al gotero, hasta que cesó la alerta. Físicamente me resultaba demasiado difícil bajar al refugio”, explicó. A pesar de la constante presión, Chumliar logró completar seis sesiones de quimioterapia sin interrupciones y recibió su última infusión de terapia dirigida en enero de 2026. Actualmente sigue un tratamiento hormonal y acude a revisiones periódicas, aunque cada visita sigue estando sujeta a la posibilidad de una alerta antiaérea.
Historia de Rina Zaichenko
Rina Zaichenko descubrió su enfermedad en el verano de 2023, pocos días después de contraer matrimonio. Un dolor renal persistente la llevó a una serie de pruebas inconclusas; finalmente, una masa en el riñón fue identificada como cáncer y, tras una ecografía de seguimiento, se confirmó la presencia de metástasis pulmonares. El Instituto Nacional del Cáncer le realizó una nefrectomía parcial y, seis meses después, dos cirugías para extirpar las metástasis pulmonares. Gran parte del tratamiento le fue gratuito, aunque tuvo que cubrir algunos fármacos. Durante las intervenciones, las sirenas de bombardeo dificultaban su movilidad y generaban un estrés considerable, sobre todo porque su marido, militar, no siempre podía acompañarla.
Zaichenko también describió la escasez de equipos de PET-TAC en Ucrania sólo existen tres centros que disponen de esta tecnología, todos en Kiev, lo que genera largas listas de espera. El costo de una prueba oscila entre 25.000 y 30.000 hryvnias, y la escasez de radiofármacos, cuya vida útil es de horas, impide su distribución a otras regiones. En 2025, el Ministerio de Sanidad anunció la construcción de dos nuevos centros de medicina nuclear, uno en Lviv y otro en Kiev, con una inversión de 445,05 millones de hryvnias; sin embargo, el ciclotrón necesario no se entregará antes de julio de 2027.
Iniciativas para mitigar la crisis oncológica
Frente a la situación, el Gobierno y donantes internacionales financiaron generadores, pozos y sistemas de calefacción independientes para que los hospitales funcionen aun durante cortes de energía. Además, se está trabajando en la creación de vías de suministro alternativas que permitan reabastecer los centros oncológicos sin depender exclusivamente de rutas vulnerables a ataques. Las organizaciones de pacientes, como Athena Women Against Cancer, abogan por la incorporación de voluntarios y especialistas en asistencia al paciente, para que personas como Zaichenko reciban apoyo logístico y emocional durante todo el proceso terapéutico.
En conjunto, la combinación de datos estadísticas limitados, infraestructura dañada y falta de suministros convierte la lucha contra el cáncer en Ucrania en una verdadera guerra de dos frentes. Mientras los profesionales sanitarios intentan mantener la continuidad de la atención, los pacientes continúan enfrentándose a la incertidumbre de una enfermedad grave bajo la sombra constante de la violencia.
