El colapso de un edificio en Gaza deja 21 muertos y muestra la cruda realidad de la ayuda humanitaria sin recursos.

En la madrugada del 16 de septiembre de 2026, un bloque de seis plantas situado en el barrio de Tal al Hawa, al norte de la Ciudad de Gaza, se vino abajo. Las primeras imágenes difundidas en redes sociales mostraban escombros humeantes y cuerpos entrelazados, mientras vecinos describían que alrededor de diez familias habían habitado el inmueble a pesar de las repetidas advertencias de inseguridad.
Según los testigos la mayoría de los residentes se encontraban dormidos cuando el techo colapsó, atrapando a cientos de personas bajo los restos de concreto y ladrillo.
Colapso del edificio en Tal al Hawa y la respuesta de rescate
Víctimas y condiciones del rescate
Las autoridades locales confirmaron que al menos 21 personas perdieron la vida, entre ellas ocho niños, y que decenas siguen desaparecidas. El director de Defensa Civil de Gaza, Raed al-Dahshan, anunció que se escuchaban voces entre los escombros, lo que alimenta la esperanza de encontrar sobrevivientes. Sin embargo, la labor de búsqueda se ha visto obstaculizada por la ausencia de maquinaria pesada. Los equipos de la agencia de Defensa Civil, controlada por Hamás, tuvieron que cavar con sus propias manos durante las primeras horas, una tarea que prolonga el sufrimiento de los familiares y disminuye las probabilidades de rescate exitoso.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó inicialmente que entre 70 y 100 personas estaban atrapadas bajo los escombros. Alessandro Mrakic, jefe de la oficina del PNUD en Gaza, describió la escena como «trágica» y subrayó la falta de combustible y repuestos para los equipos de extracción. Además, advirtió que unos 400 edificios en todo el enclave presentan riesgo inminente de derrumbe, una amenaza que se agrava con la llegada del invierno.
Impacto humanitario en Gaza tras el derrumbe
Campamentos, madres y niños sin recursos básicos
El colapso se inserta en una crisis humanitaria que ya afecta al 80 % de la infraestructura de Gaza. Según la ONU, más del 90 % de la población, alrededor de 1,9 millones de personas, ha sido desplazada y 1,2 millones viven en tiendas de campaña o refugios improvisados. En esos campamentos, madres como Aisha describen una cotidianidad marcada por la escasez de ropa, calzado y alimentos para sus hijos. «No tenemos bolsas de invierno ni zapatos», confesó una madre cuyo relato fue recogido por organizaciones humanitarias. La falta de servicios básicos y la saturación de los albergues hacen que la supervivencia diaria sea una lucha constante.
Organizaciones de ayuda, entre ellas una delegación egipcia, han asistido en la búsqueda, pero la carencia de recursos y la inseguridad en la zona limitan su efectividad. El coordinador de ayuda humanitaria de la ONU, Ramiz Alakbarov, solicitó a Israel la autorización para introducir maquinaria pesada, tiendas de campaña y lonas antes de que el frío invernal empeore la situación. Israel justifica las restricciones como medida para impedir que el equipo caiga en manos de grupos armados palestinos, una posición que ha sido criticada por observadores internacionales.
Educación en medio del caos
La crisis ha golpeado también al sector educativo. Aproximadamente el 97,5 % de los edificios escolares fueron dañados entre octubre de 2023 y noviembre de 2025, y los pocos que permanecen en pie se han convertido en refugios para familias desplazadas. La Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA) ha improvisado aulas en carpas y en los patios de los albergues, utilizando lonas como paredes y mesas de madera como pupitres. Yara Abu Qaoud, una estudiante de 14 años, describe su rutina: «Voy a una escuela de ocho metros cuadrados, compartida con 50 compañeros, sin uniformes y con material reciclado». La escasez de agua y de productos de higiene ha generado brotes de enfermedades en esas aulas hacinadas.
Aunque la ONU lanzó un programa de educación a distancia que alcanzó a 280 000 estudiantes, muchos niños y niñas siguen sin acceso a dispositivos móviles o a una conexión estable. La falta de recursos económicos impide que los padres compren útiles escolares, por lo que los estudiantes dependen de la distribución de materiales que la UNRWA entrega de forma esporádica. Según los datos de la agencia, más de 660 000 estudiantes han visto interrumpido su derecho a la educación durante la larga conflagración.
En conjunto, el derrumbe del edificio de Tal al Hawa no solo suma cifras de víctimas mortales, sino que también evidencia las grietas estructurales de un sistema de ayuda que carece de los medios necesarios para responder a emergencias de gran escala. La comunidad internacional sigue llamando a la apertura de corredores para el suministro de equipos de rescate y a la garantía de corredores seguros para la evacuación de civiles, mientras la población de Gaza aguarda una señal de alivio antes de que el invierno empeore la ya crítica situación humanitaria.

