Edmund Phelps dejó una huella en la macroeconomía con su concepto de tasa natural de desempleo y una voz crítica frente a modelos populistas y políticas laborales fáciles.

Barcelona, 24/05/2026. La figura de Edmund Phelps se ha convertido en tema de reflexión tras su muerte, señalada en los comunicados como «falleció este sábado». Su trayectoria académica y sus intervenciones públicas mezclaron análisis técnico y un tono a menudo contundente.
En encuentros privados y entrevistas públicas, Phelps no vaciló en comparar corrientes políticas contemporáneas con episodios históricos, y advirtió sobre los riesgos de políticas que, a su juicio, privilegiaban a grupos concretos en detrimento del dinamismo económico. Estas posiciones, junto a sus teorías sobre desempleo y expectativas, consolidaron su reputación como uno de los macroeconomistas más influyentes del último siglo.
La personalidad intelectual de Phelps combinaba afición por la literatura clásica con defensa de la innovación y la competencia. Desde su premio Premio Nobel en 2006 hasta sus últimos pronunciamientos, mostró rechazo por soluciones que consideraba moral y económicamente dañinas. Entre sus críticas más conocidas destacan sus observaciones sobre líderes políticos y sus políticas comerciales, así como su clara oposición a la renta básica universal, opción que describió como una medida capaz de desincentivar la productividad y presionar a la baja los salarios reales. Phelps planteó además inquietudes sobre la pérdida de atractivo del trabajo ante la velocidad de la automatización.
Un economista de ideas fuerza: contribuciones teóricas
En el núcleo académico de su obra figura la noción de tasa natural de desempleo, un punto que cambió el análisis macroeconómico clásico. Para Phelps, la relación entre desempleo e inflación no es estable en el largo plazo debido a las expectativas de agentes sobre salarios y precios. En este sentido, introdujo elementos como la información imperfecta y la competencia no ideal en modelos que antes suponían mercados más pulcros. Su artículo de 1961 sobre la regla de oro de la acumulación de capital y los trabajos que reconfiguraron la curva de Phillips son lectura obligada para entender la transición teórica que propició.
Definiendo conceptos clave
Phelps insistió en que la tasa natural de desempleo no es un número fijo, sino el resultado de estructuras institucionales y de las expectativas de los agentes; dicho concepto sirve para interpretar por qué políticas inflacionarias no pueden sostener una reducción permanente del desempleo. Introdujo además el análisis de fricciones y conocimiento imperfecto como ingredientes esenciales de la macroeconomía moderna. Estas aportaciones ayudaron a que otros economistas, incluidos críticos y partidarios, ajustaran sus modelos para incorporar comportamiento realista de salarios y precios.
Política, proteccionismo y visiones públicas
En apariciones públicas y conversaciones privadas, Phelps mostró una postura dura frente a lo que entendía como tendencias proteccionistas y clientelistas. Llegó a comparar, en contextos concretos, comportamientos contemporáneos de líderes con prácticas corporativistas históricas, subrayando el peligro de que el Estado favorezca sectores a cambio de apoyos políticos. En esas críticas incluyó referencias al uso de aranceles y al cierre de mercados como recetas con efectos contraproducentes sobre la productividad y el crecimiento.
Opinión sobre populismos y tecnología
Además de la arena política, Phelps reflexionó sobre la tecnología y el futuro del trabajo. No apelaba al miedo a los robots como tal, sino a la posibilidad de que el empleo se volviera menos atractivo y que la organización del trabajo perdiera elementos creativos que lo hacen valioso. Su rechazo a la renta básica universal venía tanto de consideraciones económicas como éticas: sostenía que esa medida podría erosionar incentivos productivos y aplastar salarios reales, afectando la competencia y la innovación.
El legado de Phelps es complejo: por un lado, dejó herramientas conceptuales que transformaron la macroeconomía; por otro, defendió posiciones normativas que generaron polémica. Economistas como Paul Samuelson reconocieron su aporte al introducir la información imperfecta y las fricciones en los modelos. Para lectores y responsables de políticas, sus escritos siguen siendo una invitación a considerar cómo las instituciones, las expectativas y las decisiones públicas configuran el comportamiento económico y las oportunidades de mercado.

