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Por qué el gobierno elige qué crisis gestionar

Un repaso mordaz a episodios como la pandemia, el apagón y el operativo ante un barco con virus

Por qué el gobierno elige qué crisis gestionar

Publicada 11/05/2026. Actualizado 12/05/2026 – 06:31h. En su intervención, el escritor y periodista Juan Soto Ivars ofrece una lectura que apunta a una práctica recurrente: el Ejecutivo selecciona las batallas públicas que conviene librar y las que es mejor dejar en la sombra.

Esa decisión, según el autor, no responde solo a criterios técnicos, sino a una mezcla calculada de intereses políticos, exposición mediática y percepción ciudadana.

Desde el inicio de su reflexión se plantea una máxima: saber cuándo dar la cara y cuándo desaparecer puede ser tan determinante como la propia resolución de la crisis.

Soto Ivars utiliza un tono irónico para señalar que esa capacidad de elegir escenario se ha convertido en una herramienta política, casi un arte estratégico que condiciona la visibilidad de hechos y actores.

Casos emblemáticos: pandemia, apagón y otras realidades

El autor recorre varios episodios recientes para sostener su tesis. En la pandemia critica la construcción mediática de un supuesto comité de expertos que, en su opinión, no tuvo la existencia ni la autoridad que se le atribuyó, y denuncia que se prestó más atención a quien quebrantaba normas de salida que a ciertos escándalos vinculados a altos cargos, siempre enmarcando esas afirmaciones como parte de su crítica y no como hechos judiciales. En el caso del apagón, la estrategia fue distinta: el Gobierno se situó en primera línea porque podía confrontar a las eléctricas y así acotar la responsabilidad pública hacia otro actor.

La gestión de la DANA sirve, según Soto Ivars, para ilustrar cómo el foco se puede desplazar: la atención mediática y política se centró en la administración valenciana durante meses, dejando traslucir que algunas responsabilidades quedaron ocultas entre la confusión informativa. Con referencias a lugares concretos como el Ventorro, el autor sugiere que la memoria electoral y la rapidez del olvido juegan a favor de la estrategia de quien gobierna.

Operativos y teatralidad: el caso del barco

Uno de los pasajes más gráficos de su reflexión alude al dispositivo desplegado ante un buque con un contagio de alcance limitado. Soto Ivars describe dicho despliegue como un operativo de película al estilo de Michael Bay, una puesta en escena espectacular que, en su visión, excede la amenaza real. Ese contraste entre proporción de la respuesta y magnitud del peligro se convierte en prueba de la voluntad política por mostrar capacidad de actuación más que en una medida estrictamente sanitaria.

Política del impacto mediático

La elección de hacer visible una actuación y ocultar otra obedece, según el texto, a reglas de comunicación: si existe un adversario público identificable —como una compañía—, la confrontación genera réditos; cuando el coste es propio, el silencio se impone. En este sentido, visibilidad y rechazo mediático se manipulan para proteger intereses estratégicos, y la ciudadanía percibe solo la cara más teatral del proceso.

Omisiones relevantes

Más allá de los ejemplos mencionados, Soto Ivars llama la atención sobre casos que reciben poca atención, como la muerte de agentes durante operaciones contra el narcotráfico. Esa ausencia en la agenda pública, dice, plantea preguntas sobre prioridades: ¿por qué ciertos sacrificios quedan en la sombra mientras otros episodios se convierten en espectáculo? La respuesta, según el autor, vuelve a remitirse a la selección deliberada de escenarios.

Conclusión: transparencia frente a cálculo

La reflexión culmina con una invitación a observar no solo la coreografía cuando todo va bien, sino las decisiones de refugio que toman los gestores cuando las señales no les benefician. En lugar de bailar siempre en la pista más luminosa, conviene fijarse en qué lugares eligen para resguardarse. Soto Ivars concluye que esa capacidad de elegir escenario define parte de la salud democrática: la gestión de crisis debería medirse por la continuidad de criterios y la honestidad informativa, no por el brillo del montaje.

El texto, con su tono crítico y cierto humor cínico, plantea una reflexión útil: valorar la política contemporánea exige mirar tanto las apariciones grandiosas como los silencios prolongados. Solo así se comprende por qué unos hechos escalan a primera plana y otros se pierden en el olvido deliberado.


Contacto:
Andrea Innocenti

Andrea Innocenti coordinó desde el extranjero el regreso de una cronista napolitana durante una crisis diplomática, gestionando contactos con consulados; es corresponsal de exteriores que define líneas editoriales sobre geopolítica. Nacido en Napoli, habla el dialecto local y mantiene relaciones con ONG napolitanas.