La imputación inédita a Zapatero por el caso Plus Ultra abre una crisis que tensiona al Gobierno y reaviva las demandas de la oposición por elecciones y responsabilidades

El 19 de mayo de 2026 marcó un punto de inflexión en la política española: la Audiencia Nacional imputó al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por su supuesta participación en una estructura de tráfico de influencias vinculada al rescate de la aerolínea Plus Ultra.
Se trata, según el auto judicial, de una práctica organizada que alcanzaría presuntas comisiones millonarias, y por primera vez en la historia reciente de España un exjefe del Ejecutivo figura formalmente en una instrucción de tal calado. La noticia cayó como un mazazo en La Moncloa y en las filas del PSOE.
Qué dice el auto y qué se imputa
El auto del juez describe, con abundantes detalles, una red que los investigadores califican de estructura estable y jerarquizada. Entre los cargos que aparecen en las diligencias figuran la investigación por tráfico de influencias, organización criminal y, en comunicados posteriores, la mención a posibles irregularidades en la documentación. Según fuentes judiciales citadas en la prensa, la Investigación apunta a movimientos de dinero que podrían acercarse a los dos millones de euros y afectar a personas cercanas al expresidente, incluidas familiares. Zapatero negó inmediatamente cualquier vinculación en un vídeo público y anunció su disposición a aclarar lo ocurrido.
Detalles claves del caso
El foco principal del procedimiento es el rescate de Plus Ultra durante la pandemia, operación por la que el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó ayudas por 53 millones de euros. La investigación indaga si esos fondos y las decisiones relacionadas se utilizaron para articular un mecanismo de pago de comisiones. El auto, que ha sido difundido por los medios, aporta conversaciones, movimientos y anotaciones que han alimentado la alarma política y mediática.
Reacciones políticas y presión de la oposición
La respuesta de la derecha fue inmediata y dura: el Partido Popular exigió explicaciones y reivindicó la necesidad de convocar elecciones, mientras que Vox pidió una moción de censura contra el presidente. Alberto Núñez Feijóo y portavoces populares han señalado la imputación como motivo para reclamar la dimisión de Sánchez; sin embargo, desde el PP también se admite que una moción está abocada al fracaso si los socios del Ejecutivo mantienen su respaldo. En paralelo, dirigentes territoriales del PP y líderes de la ultraderecha situaron el caso como prueba de una supuesta cultura de corrupción en el PSOE.
La voz de la Moncloa y la defensa del expresidente
En contraste con la exigencia de la oposición, el presidente Pedro Sánchez ha decidido mantener su apoyo a Zapatero, apelando a la presunción de inocencia y a la necesidad de no precipitar sanciones políticas sin una condena. En el Ejecutivo también se registró una reacción inicial del PSOE que rozó la teoría del lawfare —esto es, la idea de una instrumentalización política de la justicia— pero que después se suavizó para evitar una escalada retórica que pudiera perjudicar más al Gobierno.
Impacto institucional y próximos hitos
La imputación altera el calendario político que el Gobierno esperaba transitar con relativa normalidad tras el revés electoral en Andalucía. A corto plazo la prueba más visible será la sesión de control en el Congreso, donde Sánchez afrontará preguntas duras de Feijóo y del PP en un ambiente tenso. El Ejecutivo, que tenía pendientes acuerdos parlamentarios con ERC para los presupuestos y gestos de diplomacia pública como un viaje planificado a Roma, ve ahora cómo esas iniciativas quedan ensombrecidas por la crisis judicial y mediática.
Riesgos internos y cálculo estratégico
En el PSOE hay doble sensación: indignación por la acumulación de investigaciones que afectan a cargos socialistas y preocupación por el daño electoral que puede causar un caso de alta exposición. Sánchez, que en episodios previos retiró el apoyo a ministros o cargos cuando la evidencia judicial parecía sólida, ha optado esta vez por esperar y distinguir el tratamiento de este expediente del de cargos como José Luis Ábalos o Santos Cerdán. La expectativa en La Moncloa es que Zapatero aclare su posición públicamente y que el proceso judicial siga su curso sin precipitar decisiones políticas extremas como un adelanto electoral.
Escenario abierto
Con la imputación a Zapatero, la política española entra en semanas de gran tensión. Entre la necesidad de defender a un activo electoral del partido y el riesgo de desgaste por la acumulación de escándalos, el Gobierno apuesta por ganar tiempo y por que el proceso judicial aporte certezas. Mientras tanto, la oposición seguirá presionando y la opinión pública vigilará cada movimiento: la resolución de este caso condicionará, sin duda, la estabilidad y la estrategia del Ejecutivo en los próximos meses.

