Figuras influyentes del movimiento MAGA están revisando su postura sobre Ucrania, en medio de la política internacional de Donald Trump.

En el complejo panorama de la política internacional, cambiar de opinión puede ser visto como un signo de inteligencia, pero hacerlo en público, especialmente dentro de un grupo con posturas extremas, es un desafío monumental. Sin embargo, en los últimos tiempos, esto ha estado ocurriendo con frecuencia dentro del movimiento MAGA (Make America Great Again), que llevó a Donald Trump a la presidencia.
Varios ‘influencers’ con millones de seguidores han dado un giro inesperado en su discurso, principalmente debido a la política internacional del presidente de Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a las guerras en Ucrania e Irán.
El vicepresidente J.D.
Vance sorprendió a los europeos en la Conferencia de seguridad de Múnich en febrero de 2026, lanzando un ataque contra la ‘amenaza interna’ de Europa. Los europeos, nerviosos ante el nuevo gobierno estadounidense, temían un giro en contra de Ucrania. Sin embargo, Vance aprovechó la ocasión para sermonear a los europeos sobre sus decisiones en materia de aplicación de la ley y los acusó de imponer la censura y coartar la libertad de expresión. Con un descaro sorprendente, denunció a una Europa que se ha alejado de los ‘valores democráticos compartidos’. Tras el discurso, Vance se reunió con Alice Weidel la presidenta del partido de extrema derecha alemán AfD una señal clara de su intención de apoyar a las fuerzas de la extrema derecha europea.
La política interna de Trump, exportada
Donald Trump no distingue claramente entre política y políticas, entre negocios y diplomacia, entre sus intereses y los del país. Aplica a todas las interacciones un juego de suma cero en el que solo son aceptables las grandes ganancias. Trump trata la política exterior como una política interna, exportada. En ese sentido, los europeos liberales son vistos como una extensión de los oponentes políticos en su país y, por lo tanto, deben someterse o ser derrotados.
Los europeos no habían previsto este cambio. En su primer mandato, Trump vio moderados sus peores impulsos gracias al consejo de los ‘adultos en la sala’. Aunque él criticó sus aportaciones, en realidad le favorecieron bastante porque ajustaron sus instintos empresariales egoístas y populistas a los intereses nacionales estadounidenses. Salvo algún que otro guiño a sus amigos nacionalistas al otro lado del Atlántico, como el ex primer ministro húngaro Viktor Orbán la diplomacia de Trump se mostró más bien neutral en el enfoque político en relación con sus socios. Ávido de legitimidad y respetabilidad, Trump disfrutó de la atención personalizada y los honores del día de la Bastilla ofrecidos por el presidente francés Macron y el presidente-empresario dejó la ideología en la puerta del Elíseo. Los europeos siguieron creyendo que, distrayéndolo o halagándolo, sería posible lograr que Trump cooperara.
Un EE.UU. posliberal
El rechazo a la Europa liberal no es solo una cuestión de inclinación personal. Para muchos partidarios del proyecto MAGA, EE.UU. había salido mal parado del orden mundial liberal en cuya construcción había colaborado tras la Segunda Guerra Mundial. Lo consideran una maraña de instancias supranacionales que han acabado conteniendo y constriñendo el poder de EE.UU. Los acuerdos de libre comercio y las alianzas y las organizaciones multilaterales han acabado limitando la capacidad de EE.UU. para ejercer su poder en la escena mundial, mientras que sus adversarios han aprovechado al máximo el sistema para ganar influencia a sus expensas.
Para el movimiento MAGA, los acuerdos de libre comercio y las alianzas han limitado la capacidad de EE.UU. para ejercer su poder, mientras que sus adversarios han aprovechado al máximo el sistema para ganar influencia a sus expensas. Peor aún, la supuesta responsabilidad de EE.UU. de proteger y garantizar el orden mundial liberal había dado lugar a un sobreesfuerzo de los recursos militares y financieros en el extranjero, lo cual había pasado factura al desindustrializado Cinturón del Óxido y creado legiones de comunidades de veteranos.
El cambio de postura de Laura Loomer
Laura Loomer, una de las ‘influencers’ más conocidas dentro del movimiento MAGA, ha estado repitiendo durante años la narrativa de Rusia sobre la invasión de Ucrania, llegando a calificar al presidente Volodímir Zelenski de ‘auténtico nazi’. Sin embargo, este fin de semana, Loomer viajó por primera vez a Ucrania y reconoció que ‘había sido engañada’ por la propaganda de Moscú. ‘Dije las peores cosas sobre Ucrania y luego viajé allí en medio de la guerra para conocerla con mis propios ojos, y me quedé atónita al darme cuenta de cuántas mentiras rusas me creí’, afirmó en una publicación para sus casi 2 millones de seguidores en X.
Además de comer en McDonald’s, Loomer visitó la Gran Iglesia de Kiev, se reunió con miembros del cuerpo diplomático y líderes religiosos del país, y dijo que visitaría la fábrica de drones a la que acudió el célebre senador republicano Lindsey Graham antes de su repentina muerte en julio. La visita de la influencer seguramente será recordada por la entrevista que le hizo a Zelenski en los jardines del Palacio Mariinsky. Loomer se disculpó ante el mandatario por minimizar el sufrimiento de los ucranianos tras cinco años de guerra. Y Zelenski explicó cómo cambió su relación con Trump después de la reunión en el Vaticano en abril de 2026 con motivo del funeral del papa Francisco. ‘Cambiaron las relaciones en 15 o 20 minutos’, aseguró.
El drástico cambio de postura de Loomer sobre Ucrania seguramente no sería noticia si no tuviera conexión directa con el presidente estadounidense. La influencer no ostenta un cargo público en la administración Trump, pero el republicano escucha atentamente lo que tiene que decir. Lo hizo en 2026, cuando despidió por consejo de Loomer al director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el general Timothy Haugh tras una reunión en el Despacho Oval. Según varios informes, Loomer presentó al presidente una lista de asesores de seguridad a quienes consideraba ‘agentes infiltrados demócratas’ y ‘traidores’, representantes de lo que denominó el ‘estado profundo’.
El viaje de la influencer a Ucrania no ha pasado desapercibido para el magnate. ‘¡¡¡Muy buena!!!’, escribió Trump en su red social Truth Social sobre la entrevista a Zelenski. Pero es, también, la punta de un iceberg MAGA que, muy lentamente, está cambiando de rumbo sobre Ucrania.
Para varios analistas, este comentario evidencia un cierto cambio en la opinión del presidente estadounidense hacia Ucrania. Y, casi por extensión, la del movimiento que le llevó a la Casa Blanca. Preguntado el viernes por un periodista sobre el cambio de postura de Loomer y si el apoyo a Ucrania está creciendo dentro del movimiento MAGA, Trump dijo: ‘Creo que apoyan lo que yo apoyo’.
