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Terapias con gatos y perros que transforman la atención psicosocial en España

En Alsasua, gatos seleccionados trabajan en intervenciones educativas y psicosociales; en Bellvitge, perros entrenados se integran en la planta de Psiquiatría para apoyar la recuperación

En distintas localidades españolas se multiplican proyectos que incorporan a los animales de compañía en procesos terapéuticos. En Alsasua (Navarra) una asociación local confía en gatos para intervenciones psicosociales y educativas, mientras que en el Hospital de Bellvitge (L’Hospitalet de Llobregat) se han sumado perros adiestrados a la atención hospitalaria de Psiquiatría.

Ambos enfoques coinciden en un punto esencial: la presencia animal es un recurso complementario que favorece la motivación, la regulación emocional y la conexión social, pero nunca sustituye a los equipos sanitarios.

Los proyectos parten de protocolos diseñados para proteger tanto a las personas participantes como a los animales.

En cada caso se realiza una selección cuidadosa: los gatos de Alsasua se eligen por rasgos concretos de personalidad que los convierten en adecuados para determinadas metas terapéuticas, y los canes de Bellvitge siguen un entrenamiento específico para soportar el entorno hospitalario. La intervención se enmarca como terapia asistida con animales y se aplica siempre bajo la dirección de profesionales.

Gatos terapéuticos en Alsasua: un enfoque distinto

La asociación Biak Bat, situada en Alsasua, ha desarrollado un programa con varios felinos —entre ellos Ruper, Kanika, Txikilin y Oreo— que atienden cada año a centenares de personas. A diferencia de las experiencias más comunes con perros, el uso de gatos explota características propias del felino: su autonomía, los límites en el contacto físico y el ronroneo como elemento regulador. Estas cualidades permiten trabajar aspectos como la tolerancia a la frustración, el respeto de los límites personales, la mejora de la autoestima y la serenidad. Las actividades incluyen cuidados —baños, cepillados, visitas veterinarias— y ejercicios didácticos para reforzar la concentración y la motivación académica.

Perfiles atendidos y metodologías

En Alsasua se interveniene con menores, adolescentes víctimas de violencia, pacientes con trastornos del neurodesarrollo y personas con problemas de salud mental como ansiedad o fobias. El equipo adapta las sesiones a objetivos concretos: por ejemplo, con gatos menos afectuosos se trabaja el respeto al espacio personal; con gatos sociables se refuerza la confianza y la seguridad en la relación. Todas las intervenciones están planificadas y supervisadas para garantizar el bienestar del animal y del usuario, respetando pausas y espacios conocidos para los felinos.

Perros en Bellvitge: integración en un entorno hospitalario

En el Hospital de Bellvitge se ha implantado un programa de sesiones semanales con perros preparados para intervenir en la planta de Psiquiatría. Los animales seleccionados —con ejemplos como Mushu y Keisy entre los primeros coterapeutas— han recibido adiestramiento para tolerar situaciones estresantes y ofrecer un estímulo afectivo estable. El objetivo no es reemplazar terapias convencionales, sino aportar un recurso que facilite la socialización, reduzca la ansiedad durante la hospitalización y mejore la experiencia global del paciente.

Impacto clínico y consideraciones éticas

Desde la perspectiva clínica, la terapia con perros en el hospital busca optimizar el proceso terapéutico y abrir nuevas vías de intervención para el personal sanitario, especialmente en el manejo de la ansiedad, el aislamiento y el malestar emocional. Tanto en Bellvitge como en Alsasua se subraya la importancia de protocolos que salvaguarden la salud física y psicológica de los animales y de las personas. El apoyo institucional y la formación de los equipos son fundamentales para que estas prácticas sean sostenibles y seguras.

Investigación y futuro: más evidencia para consolidar prácticas

Los profesionales que lideran estas iniciativas reclaman mayor investigación que respalde las intervenciones, en particular las que utilizan gatos, un área con menos literatura científica que la canina. Instituciones académicas y cátedras específicas, como la Cátedra Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos, han impulsado estudios sobre el bienestar animal y el vínculo humano-animal, ofreciendo un marco para validar resultados. La continuidad y expansión de estos programas dependerá de datos sólidos que demuestren beneficios concretos y de recursos para replicarlos con criterios rigurosos.

Conclusión

Las experiencias recientes en Alsasua y Bellvitge muestran que la intervención asistida con animales puede convertirse en una herramienta valiosa para el acompañamiento terapéutico, siempre que se integre en un modelo profesional y ético. Gatos y perros aportan caminos distintos para fomentar la regulación emocional, la socialización y la motivación de los pacientes; su efectividad se multiplica cuando los equipos formados diseñan, supervisan y evalúan las sesiones, garantizando el respeto por los animales y la seguridad de las personas.


Contacto:
Lucia Ferretti

Reportera de investigacion, 14 anos cubriendo temas sociales y derechos civiles.