Un cirujano popular expone en colaboración con Plex el impacto físico del vapeo en adolescentes y reclama medidas de salud pública

La discusión sobre el vapeador ha saltado de las redes sociales a los quirófanos. El cirujano Diego González Rivas, reconocido por sus técnicas mínimamente invasivas, aprovechó una colaboración con el creador de contenido Plex para mostrar imágenes que han generado alarma pública.
En esos vídeos el equipo médico documenta hallazgos que contradicen la idea de que el vapeo es un hábito inocuo: estructuras pulmonares con lesiones que, según los especialistas, ya no pueden recuperarse. El fenómeno ha activado alertas en profesionales y en la opinión pública, que ahora discute la necesidad de medidas sanitarias y educativas.
Qué están viendo los cirujanos
El contexto en el que se han observado estas alteraciones es la cirugía de hiperhidrosis, un procedimiento que a menudo se realiza en pacientes jóvenes. Al acceder a la cavidad torácica, los equipos han encontrado pulmones con cambios típicos de fumadores crónicos: bullas y áreas de daño del tejido pulmonar. Estas bullas son espacios aéreos patológicos que no se esperan en personas de poca edad y que comprometen la función respiratoria. Los hallazgos han sido registrados visualmente y han servido para poner en evidencia el impacto real y tangible del consumo de vaporizadores.
Evidencia directa en quirófano
Las grabaciones muestran el diálogo entre el equipo médico y los pacientes, algunos de los cuales admiten vapear cuando se les pregunta por sus hábitos. Los cirujanos apuntan que, aunque el tabaco tradicional también daña, la distribución y la naturaleza de las lesiones observadas han coincidido con el consumo de e-líquidos con nicotina y otras sustancias. Los facultativos subrayan la gravedad porque muchos de esos cambios son irreversibles: una vez alterado cierto tejido pulmonar, la recuperación completa no existe, y las secuelas pueden acompañar al afectado durante décadas.
Estadísticas y origen del dispositivo
Las cifras corroboran la expansión del fenómeno: la encuesta EDADES 2026 refleja que alrededor del 19% de la población española entre 15 y 64 años ha probado en algún momento estos aparatos, con una edad media de inicio situada en 14,1 años. Aunque el porcentaje de consumo diario es menor, el alcance entre adolescentes y jóvenes preocupa a las autoridades sanitarias. El vapeador nació como una supuesta alternativa al tabaco, incluso con la intención original de reducir daños tras tragedias personales, pero la versión comercializada contiene mezclas como propilenglicol y otros compuestos que ahora suscitan dudas sobre su seguridad.
Composición y mitos
En el imaginario común sigue prevaleciendo la idea de que se trata de «solo vapor», sin consecuencias. Sin embargo, especialistas alertan que los e-líquidos suelen incluir nicotina, solventes y aromas que, al calentarse, generan productos capaces de irritar y lesionar las vías respiratorias. Clínicos consultados por distintos medios coinciden en que el perfil de daño puede ser tan grave —y en algunos casos más— que el del tabaco clásico, especialmente en órganos aún en desarrollo como los pulmones de adolescentes. Esa mezcla de compuestos y el uso frecuente explican por qué aparecen patologías inesperadas en pacientes jóvenes.
Repercusiones y respuesta sanitaria
Frente a estos hallazgos, los médicos no se limitan a informar a los pacientes: muchos centros han comenzado a notificar casos y a solicitar medidas regulatorias y campañas de prevención. La evidencia visual difundida por Plex ha elevado la preocupación pública y ha motivado llamamientos para que las autoridades tomen decisiones urgentes en materia de control de ventas, etiquetado y educación en centros escolares. El objetivo es frenar una ola de patologías respiratorias que, si continúa, tendrá implicaciones sostenidas en la salud colectiva y en los recursos sanitarios.
La llamada de los especialistas es clara: abandonar el consumo de estos dispositivos y atender las recomendaciones médicas. El mensaje subraya que se trata de un problema de salud pública, no solo de elección individual, porque las secuelas documentadas tienen carácter permanente en muchos casos. Mientras tanto, profesionales y organismos trabajan en protocolos para registrar, estudiar y comunicar estos daños con el fin de orientar políticas que protejan a las generaciones más jóvenes.
