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Cómo el movimiento favorece la memoria y el estado de ánimo

El movimiento no solo tonifica músculos: promueve neurogénesis, modifica la plasticidad neuronal y ayuda a regular la ansiedad y la depresión, siempre que esté bien dosificado

Cómo el movimiento favorece la memoria y el estado de ánimo

El vínculo entre cuerpo y cerebro va más allá de la energía que gastamos al correr o nadar. Investigadoras como Nazareth Castellanos y expertos como José Luis Trejo, investigador del Instituto Cajal del CSIC, subrayan que el ejercicio físico tiene efectos directos sobre estructuras cerebrales implicadas en la memoria y las emociones.

La idea central es que el cerebro adulto conserva capacidad de cambio: la plasticidad neuronal permite adaptaciones en función de los hábitos diarios, y el movimiento es uno de los estímulos más potentes para activar ese mecanismo.

Una pieza clave en esta conversación es la neurogénesis, entendida aquí como la capacidad de generar neuronas nuevas en zonas concretas del cerebro.

El hipocampo es la región más estudiada por su papel en el aprendizaje y la regulación emocional. Aun cuando la producción de células nerviosas tiende a disminuir con la edad, la evidencia científica indica que actividades físicas regulares pueden potenciar esos procesos y, con ello, influir en la memoria y en el ánimo.

Cómo el movimiento reconfigura el cerebro

Al moverse, el organismo activa una red de señales químicas y metabólicas que llega hasta el tejido nervioso. Músculos, hígado y otros órganos liberan moléculas al torrente sanguíneo que pueden cruzar la barrera hematoencefálica y modificar el microambiente cerebral. Esas sustancias participan en rutas que favorecen la plasticidad neuronal, la formación de sinapsis y la supervivencia de nuevas neuronas en el hipocampo. Por eso se habla de movimiento como cuidado cerebral, y no solo como entrenamiento deportivo.

Señales del cuerpo al cerebro

Entre los mensajeros implicados están factores de crecimiento, metabolitos y hormonas que, en su equilibrio, promueven procesos beneficiosos. No es raro que la investigación mencione términos como factor neurotrófico o cambios en la composición de la sangre que influyen en la plasticidad. Además, la actividad física se asocia a modificaciones en la microbiota intestinal, y esa comunidad bacteriana establece comunicación bidireccional con el cerebro; pequeñas alteraciones en la diversidad microbiana se han observado entre personas sedentarias y activas, lo que abre otra vía por la que el ejercicio puede afectar al estado de ánimo y al funcionamiento cognitivo.

Límites: cuándo el ejercicio puede dejar de ser beneficio

No todo aumento de la carga física se traduce en más ventajas para el cerebro. A diferencia del músculo, que suele adaptarse a cargas progresivas durante largos periodos, el cerebro puede percibir el exceso como estrés. Cuando la exigencia supera la capacidad de recuperación aparecen elevaciones sostenidas de cortisol y otros marcadores que contrarrestan parte de los beneficios neuroprotectores del ejercicio. Es decir, más no siempre es mejor: hay un punto en que el esfuerzo prolongado o mal dosificado reduce el retorno positivo sobre la memoria, el sueño y el estado emocional.

Aplicaciones prácticas y recomendaciones

La estrategia más razonable es individualizar la pauta: adaptar intensidad, frecuencia y duración al estado físico, la edad y la situación vital. El consenso apunta hacia el ejercicio moderado como opción segura y eficaz, complementada por descansos adecuados y una alimentación equilibrada. Las llamadas «snacks de ejercicio» —breves pausas activas durante jornadas sedentarias— son una herramienta sencilla para romper largos periodos inmóviles y mantener la circulación de señales beneficiosas al cerebro. También conviene evitar el concepto de que una sesión intensa compensa un día entero de sedentarismo.

En salud mental, el movimiento funciona como un complemento valioso: mejora la ansiedad, alivia síntomas depresivos en muchos casos, ayuda a regular el sueño y refuerza la autoestima. No sustituye siempre a la terapia psicológica o a tratamientos médicos cuando éstos son necesarios, pero puede potenciar los efectos de esas intervenciones dentro de un enfoque integral que incluya descanso, nutrición y estimulación cognitiva. En definitiva, incorporar actividad física adaptada en la rutina cotidiana es una inversión directa en la salud cerebral y emocional.


Contacto:
Luca Bellini

Luca Bellini procede de las cocinas de Turín: tras una decisión tomada ante el mercado de Porta Palazzo dejó la brigada para dedicarse al periodismo gastronómico. En la redacción defiende recetas reinterpretadas en clave contemporánea, firma investigaciones sobre mercados de barrio y conserva la colección de recetarios de su abuela.