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Lula y la batalla por la democracia: del Planalto a la arena internacional

En una conversación desde el Palacio de Planalto, Lula combina su trayectoria política con críticas al unilateralismo y propuestas para reforzar el multilateralismo

Lula y la batalla por la democracia: del Planalto a la arena internacional

En el corazón de Brasilia, en la sede proyectada por Oscar Niemeyer, el ambiente remite a recuerdos recientes y a la tensión de un país que sigue recuperándose del asalto del 8 de enero de 2026 a los edificios del poder.

Desde ese escenario, el presidente Lula —con 80 años y la broma de «vivir 120 años»— recibe a la prensa con energía, relatando cómo la democracia brasileña resistió intentos de desestabilización y recordando que, pese a la condena y sentencia de casi tres décadas de quien impulsó aquellos ataques, el riesgo político persiste: su principal rival será un hijo de Bolsonaro en la campaña prevista para octubre.

La trayectoria personal de Lula —obrador metalúrgico, fundador del Partido de los Trabajadores, tres veces presidente, procesado y luego rehabilitado— aparece en la conversación como un telón de fondo que explica su combatividad y su énfasis en la inclusión social. Su discurso mezcla anécdotas, pasión por el fútbol y un compromiso explícito por no permitir que Brasil repita los errores de gobiernos anteriores: «no aceptaré que el país sea destruido otra vez», resume su propósito de cara a la carrera por un posible cuarto mandato.

Visión internacional y reclamo de responsabilidad

Ante fricciones recientes con estados unidos y decisiones de carácter económico y diplomático que considera equivocadas, Lula opta por la paciencia y por poner sobre la mesa la idea de un liderazgo que busque respeto en vez de temor. Critica la lógica de la fuerza que, según él, terminó encareciendo los combustibles y perjudicando a los pueblos cuando se actúa sin medir consecuencias. Desde esa óptica propone impulsar el multilateralismo y reclamar mayor responsabilidad a las potencias: dejó constancia de llamadas a líderes como Xi Jinping, Narendra Modi, Vladimir Putin y Emmanuel Macron para que se sienten a discutir alternativas que reduzcan la escalada armamentista y prioricen la cooperación.

Instituciones multilaterales en revisión

El presidente no duda en pedir una modernización de la ONU y un replanteo del papel del Consejo de Seguridad, porque considera que la arquitectura creada en 1945 no responde a los desafíos actuales: «la geopolítica de 1945 no vale para 2026», señala al defender la necesidad de incorporar países emergentes y de cuestionar el derecho de veto. Para ilustrar su argumento recuerda intervenciones que escaparon al control del órgano y subraya la paradoja de gastar 2,7 billones de dólares en guerras cuando con una fracción de eso se podrían erradicar el analfabetismo, resolver problemas energéticos y alimentar a 630 millones de personas.

Seguridad regional y prioridades internas

En materia regional, Lula se muestra firme: Brasil, afirma, tiene instituciones que funcionaron cuando hubo que enjuiciar a un expresidente y procesar altos mandos militares, lo que para él es una señal de fortaleza democrática. Sobre Venezuela, evita imponer soluciones externas y propone que las alternativas políticas nazcan de procesos pactados que permitan elecciones aceptadas por todas las fuerzas. Respecto a Cuba y al impacto de los bloqueos, reclama miradas humanitarias; y ante movimientos políticos en la región, como decisiones de gobiernos vecinos, mantiene una distancia crítica pero pragmática.

Comercio y cooperación

En su evaluación económica y comercial celebra el acuerdo entre la UE y el Mercosur, que entra en vigor el 1 de mayo, y lo define como una oportunidad significativa: casi 750 millones de habitantes y un PIB de 22 billones de dólares representan, en su lectura, un primer paso para fortalecer el intercambio y reducir la dependencia de políticas externas. Al mismo tiempo advierte contra la carrera global por el rearme y propone priorizar inversión en libros, empleo y alimentación frente a gastos militares crecientes, citando la reciente iniciativa europea de 800.000 millones de euros para defensa como ejemplo de una escalada preocupante.

Elecciones, desinformación y compromiso con la democracia

Con las presidenciales en el horizonte, Lula reconoce la polarización y el impacto de las redes, la desinformación y las nuevas herramientas tecnológicas que potencian mensajes falsos. Su estrategia es clara: no alimentar el miedo, sino garantizar que la ciudadanía reciba información veraz para decidir. Confirma su disposición a disputar un cuarto mandato, apela a la convicción de que la democracia debe ofrecer resultados tangibles —mejor educación, salud y oportunidades— y compara la campaña a un clásico futbolístico en el que, cuando el partido comienza, prevalece la competencia y no la presunción.

Como colofón se mantiene en la idea de que los grandes problemas globales requieren diálogo constructivo y reformas profundas de organismos internacionales. Rechaza el autoritarismo y llama a demostrar al mundo que la democracia puede responder mejor a las necesidades sociales que los discursos de la extrema derecha. En su agenda inmediata figura un viaje a Barcelona para la cumbre España-Brasil y su participación en el Foro Democracia Siempre, donde busca intercambiar experiencias sobre cómo reparar las fallas del Estado de bienestar y fortalecer la confianza pública.


Contacto:
Davide Ruggeri

Editor de noticias de ultima hora, 10 anos en agencias.